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Una conversación con Tamara Crespo, librera de Primera página

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«No estoy acostumbrada, llevo fatal lo de estar a este otro lado», me dice Tamara Crespo cuando ve que enciendo la grabadora. Es la librera de Primera Página, una de las ¿12? 1 librerías de Urueña, el pueblo de la provincia de Valladolid donde hay más librerías que bares, tan sólo 182 habitantes, censados el año pasado, según el INE, una muralla casi que en perfecto estado de conservación y unos 1.000 instrumentos musicales diferentes a la vista del público, tal cual lo oyen, y esto nada más para abrir boca, que quiero que sigan aún un ratito frente a su pantalla.

Le pregunto a la librera, según nos sentamos, por cómo acaba –o empieza– aquí, un sitio que se nos antoja a los recién llegados improbable, tan apartado de la civilización, del ruido. No en vano para llegar a esta Villa del libro hay que salirse de la autovía, no es lugar de paso; hasta hace no tanto ni siquiera estaba indicada como ahora la salida —la  211— en la A-6, a unos 214 km de Madrid, 55 de Valladolid.

Porque tú eres periodista, claro. ¿Y qué más? ¿Quién eres, Tamara?

Buena pregunta. Ahí estamos todos, intentando averiguar quiénes somos… Soy periodista, sí. Cuando me tengo que definir, en redes sociales, etc., y mira que me gusta cuando leo las grandes ocurrencias que escribe la gente; a mí no se me ocurre nada más: «Soy periodista». Y ya está.

Soy de Bilbao, de Santurce. Trabajando en esto puedes acabar en cualquier sitio. Es lo suyo, de hecho. Pensar que vas a acabar donde has nacido no tiene sentido. Y de entre todas las vueltas que he acabado dando, hubo una que me trajo aquí; llegamos a finales del año 2000 para trabajar en el Día de Valladolid. En El País Vasco estuve cinco años, en El Mundo, entre otras cosas más que hacía. Conocí a Fidel 2 cuando él estaba en Diario 16, ya en el año 96. Trabajábamos en el anuario los dos, esto que se hacía antes, de todo el año. Se editaba en Bilbao. Aunque lo conocí en la Universidad, en realidad, antes de esto. Yo hacía información universitaria para El Mundo, y estando en la hemeroteca un día un amigo nos presentó… El caso es que nos llamó otro amigo, Ricardo Arqués, para que viniéramos para acá; yo lo conocía del diario El Mundo, fue redactor jefe en el País Vasco, el periodista del caso GAL, te acordarás.

[Se levanta para enseñarnos una foto: «en plan Los hombres del presidente, además de Fidel, Ricardo Arqués, José María Irujo, el caso GAL, el caso Roldán…]

Ricardo nos llamó para venir a trabajar al Día de Valladolid, que lo había comprado el grupo PRISA. Fue, después de El país, el primer periódico que creó el grupo. Tenían en ese momento en marcha una campaña de expansión regional. Y fue cuando un amigo, sabiendo lo que me interesa el patrimonio, me encanta la arquitectura románica, me dijo que tenía que ir a visitar Wamba, que es un pueblo con una iglesia visigótica alucinante. Así empezamos un día de libranza «La ruta de los castillos». Y llegamos hasta Urueña. Fue un flechazo.

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¿Y hasta ahora?

Pues prácticamente, porque yo quería una casa desde la que se viera el campo. Necesito espacio, el sol, el contacto con la naturaleza, los espacios amplios, los amaneceres, los pájaros; los he echado mucho de menos cuando he vivido por ahí en ciudades, también el sonido del silencio. Fue, por todo eso, un flechazo. Vinimos a comienzos del 2001 la primera vez. Nos asomamos al adarve de la muralla y vi todos los tejados de teja árabe, casi en un estado inmaculado. Era más pueblo que ahora, porque luego se han arreglado muchas calles. En Junio ya teníamos las llaves de nuestra casita. Muy chiquitina. Luego ya fuimos comprando más cosas, pero vivimos ahí, tan agusto.

Duró como tres años, porque PRISA vendió su parte a Méndez Pozo, y tuvimos que volver a hacer las maletas. Fuimos a trabajar al Faro de Ceuta. Estuvimos luego un año en Melilla. Ahí fue cuando hubo algún momento en el que pensamos que tendríamos que vender, pasamos un año entero sin venir. Era complicadísimo. Procurábamos venir dos veces todos los años; si desde Ceuta ya era difícil, desde Melilla era imposible. Tenemos a la familia en Bilbao, había que hacer también algún viaje para allá… En fin, muy complicado. Nuestra profesión siempre es difícil, ahora es aún peor. Ahora es prácticamente imposible. Estábamos resistiendo. Alguien ha de seguir al pie del cañón, haciendo las cosas como uno cree que han de hacerse, a pesar de. Y aguantamos bastante.

Yo llevo 20 años en la profesión, Fidel más de treinta, no sé los que llevará. Llega un momento en que te dices «No voy a cambiar el mundo yo sola, no voy a aguantar más porque necesito paz, vivir…». Y nos volvemos.

Tampoco sé exactamente qué lo propició, siempre lo teníamos en mente. Y un día dijimos «hasta aquí». Fidel está en esa edad en que, bueno, nunca ha pensado jubilarse, pero sí que se dice «ya me puedo relajar». Dice que lo único que necesita es una piedra en la que sentarse.

[Luego, cuando salimos a darnos una vuelta por el pueblo con nuestros anfitriones, cicerones de lujo, enamorados de una tierra que han hecho suya, llegaremos al anexo de la casa donde viven, espacio que ilustra este comentario. Allí Fidel ha ido colocando piedras con las que se ha ido encontrando en sus viajes, una de ellas, de cierto tamaño, con la cruz de la orden del temple cincelada. «Vino entusiasmado, casi sin resuello, como un niño chico. La traía en la carretilla: “Tamara, mira, mira qué he encontrado”, emocianadísimo».]

Aquí tenemos todo lo que necesitamos.

Urueña tiene un patrimonio asombroso. Es lo que a nosotros nos gustó: la muralla, el castillo, el emplazamiento, está en la estribación de Los montes Torozos. Desde aquí se ve El Teleno, La sierra de la culebra, en días claros puedes ver Los picos de Europa, en línea recta ciento y pico kilómetros. Los atardeceres son espectaculares desde la muralla, de desmayarte.

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Justo ahora acabo de leer un reportaje en El Mundo que le han hecho a Cruz Novillo, y citan a Alfonso Armada: «Ciudad amurallada, vuelta sobre sí misma. Son piedras y gentes que desdeñan el culto contemporáneo a la apariencia. Urueña tiene más librerías que bares, más palabras que silencios». Es la belleza de la austeridad. Hace poco nos lo decía uno de los hijos de Delibes, Adolfo Delibes, citando a su padre: «Urueña es bella porque es austera». Es la tierra castella, que aparentemente no tiene nada, es arquitectura de tierra, adobe, está muy integrada en el paisaje. A mí me parece un paisaje sobrecogedor.

¿Cuántos habitantes tiene Urueña?

Ahora censados habrá unos 190. Cuando nos censamos nosotros éramos 210. Viviendo en invierno hay aún menos.

Cuéntanos sobre La villa del libro.

Se considera pionero de todo lo que es ahora Urueña, en relación a la cultura, a Joaquín Díaz. Antes que él también hubo, en los años cincuenta, pintores… siempre ha habido gente que se ha interesado por el lugar. En los setenta el cubo estaba derruido, incluso en los noventa, cuando se emprendió ya otra gran fase de restauración. Y siempre ha atraído a artistas. Fue Joaquín el que en los noventa instaló aquí la Fundación, un centro etnográfico. Es músico, dejó de actuar en los 70 y se dedicó al estudio de la tradición, sobre todo de la música. Tiene una fundación que lleva su nombre. La Diputación restauró una de las casonas del pueblo y ahí se estableció la sede.

Luego llegaría un librero, Jesús Martínez, al que todo el mundo conoce como Jesús Alcaraván, como su librería. Vino desde Madrid, trabajaba en el mundo del libro. Por la misma época vinieron Rosa y Fernando, son encuadernadores. Instalaron su taller y aquí siguen, desde hace ya veinte años. Son los más antiguos de los forasteros. Luego está Allison, medio británica medio gallega, restauró una tienda de ultramarinos que había en la casa que ella compró. Es una tienda de artesanía. Luego llegamos nosotros… Hicimos un periódico.

El Cisco.

Sí. Es el periódico más pequeño del mundo. El ámbito a que va dirigido es muy pequeño… Aunque ahora con las redes no hay ámbito pequeño, estamos todos conectados.

Cuando llegamos al pueblo, en el tiempo libre que teníamos, nos juntábamos con toda esta gente de la que te he hablado, el marido de Allison es diseñador gráfico, trabajaba en TF, tenían aquí una sucursal aquí, TF Media y Diseño. Así, nos juntamos: dos periodistas, uno de ellos fotógrafo; un diseñador gráfico y Joaquín, que se implicó también mucho al principio, hacía las editoriales, el cucigrama, que tuvo que complicarlo, porque al principio la gente del pueblo se lo decía, que era muy fácil, y tuvo que darles más caña. Luego ya se fue a montar el museo etnográfico de Zamora y empezó a pasar menos tiempo aquí. Lo hacíamos en el tiempo libro que teníamos, por amor al arte. Es un periódico gratuito. Fue todo un experimento: en el corazón de Castilla, dar información, los de aquí lo acogieron muy bien, hay quienes no leen otra cosa. Lo coleccionaban. Por eso lo hemos recuperado. También es muy complicado, claro. Es el sitio donde vives, entonces, cualquier equivocación, una cosa que no guste, es difícil. Lo bueno que tiene también es esto, como periodista cuántas veces puedes ver tan de cerca el impacto que tiene algo que haces. Muy pocas. Puedes trabajar en un periódico local y tener ese feedback de los lectores, pero nunca es tan directo como esto.

Cuando volvimos lo recuperamos. Al principio en plan: «Venga, un especial sobre los pueblos más bonitos». El Ayuntamiento metió al pueblo en una asociación que se llama así: «Los pueblos más bonitos de España». Eran 24, ahora ya son 35, creo. Luego vino la Vicepresidenta del gobierno visitar Urueña, a inaugurar el patio del Centro e-LEA, y también lo cubrimos, otro especial. Lo hacemos todos los meses. Es un trabajo, imagínate. Seguimos teniendo un diseñador gráfico. La mancheta, el diseño de la cabecera, es de Juan Antonio Moreno, de T.F., ya te contaba. Y ahora una persona que trabajaba con él, que ha trabajado durante 15 años como diseñador gráfico, Francisco Rodríguez, ahora alcalde del pueblo, es el que nos hace el diseño web, la maqueta. Ahora estamos pensando en hacer una campaña de micro-mecenazgo o micro-financiación, que esto siempre lo hemos hecho de manera altruista.

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Y dentro de todo esto, surge la idea de la librería Primera página, periodismo, fotografía y viajes…

Sí. Lo facilitó el que se pusiera en marcha La villa del libro. Fue en el año 2007. Podía haber sido La Villa de la música. Antes no te he hablado de Luis Delgado, también muy importante para Urueña, músico. Tiene el Museo de la música. También hay un museo de campanas, otro del gramófono… Este de la colección de Luis Delgado también. En Urueña hay como mil instrumentos entre los de la Fundación, que son instrumentos tradicionales, y los de Luis, que tendrá en torno a seiscientos de todo el mundo. Su Museo es muy sorprendente. Te lo recomiendo. Su colección rondará los mil cuatrocientos, y expuestos tiene eso, unos seiscientos. Si tienes la suerte de que esté él te lo explica estupendamente.

Al final fue Villa del libro. Se le ocurrió a la administración que podía estar bien para promocionar el pueblo, y se hizo. Y yo le había dado vueltas, de siempre, a volver y montar algo, tal vez una casa rural, o una tienda de artesanía del mundo. Aquí ya nos animó la gente, por qué no una librería. Los locales son en parte son cedidos por el Ayuntamiento, están implicadas las dos administraciones. Tienes que presentar un proyecto, y en base a este proyecto se adjudican los locales. El alquiler está muy bien, es asequible.

Tenemos libros nuevos y libros viejos. Y Revistas punteras, que para mí son muy importantes, traerlas al pueblo. Como Negratinta, por ejemplo. Ya me he hecho mecenas; me gustó mucho.

La inauguración de la librería fue todo un éxito, ¿no?

Sí, sí. La hicimos coincidir con la presentación de Sarajevo, de Alfonso Armada (Malpaso, 2015). Lo hicimos en el patio de la casa rural Pozolico 3, y como esto es tan pequeño. Hubo lleno.

Seguiremos organizando actividades en torno a la librería. Apartando las mesas podemos reunir a un grupo majo de gente aquí mismo. [Hace una pausa, me mira, cae en la cuenta de algo, y me lo dice] Lo cierto es que me está gustando. Es verdad que el periodismo es una vocación muy fuerte, no lo dejas nunca. Te diría que ahora incluso lo disfruto más, no tengo las restricciones de un periódico. Y me apetece mucho escribir. Quiero decir que es una pasión difícil de sustituir. Pero me gustan mucho los libros, y esto lo estoy disfrutando, sí, con la gente que viene, charlar sobre libros, como me gustan tanto.

Acabamos aquí porque nos gustaba el pueblo. Estando ya en Ceuta recuerdo a mi hermana, alguna vez que fue a vernos, como ya estaba en marcha toda la Villa del libro y demás: «Huy, ya verás, he estado en tu casa y al salir casi nos arrolla la gente que pasaba por la calle…». Jesús, el librero, suele decir que el General Invierno es el que pone a todo el mundo en su sitio. Y así es. Al final nos quedamos los que de verdad queremos estar aquí, a los que de verdad nos gusta vivir aquí. Todo ese boom pasó. Y sí que hay algunos prejuicios en torno a los domingueros y tal. Pero qué va, mi experiencia con la gente que se pasa por aquí es muy buena. Quien se pasa, por ejemplo, con niños, eso ya dice mucho, es muy positivo. Es muy enriquecedor, gente a la que le gusta escuchar historias y que tiene a su vez historias que contar.

Para los librerantes, Tamara, cuéntanos cómo es tu librería

Dentro de las limitaciones de espacio que tenemos… Queremos que sea un sitio, y por los comentarios que nos llegan creo que lo hemos conseguido, como otros muchos que ya hay, que no fuera solo un lugar para comprar libros, que fuera un espacio donde poder estar, quedarse un rato, tomarse un café. Hay libros, de hecho, que no están a la venta, que forman parte de nuestra historia personal 4, que ha traído Fidel de medio mundo y que están ahí para que la gente pueda verlos, disfrutarlos como lo hemos hecho nosotros.

En esa pared, por ejemplo. [según entras desde la calle la pared que queda a mano derecha], igual la convierto en una mini-galería. Así podemos invitar a pintores, fotógrafos. Las fotos que ves ahora son todas de Fidel…

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[África, Siria, el País Vasco… Son fotografías impresionantes. Acercarse solo para que los libreros te cuenten cómo fueron tomadas, el contexto, ya merece el viaje hasta Urueña. «La del padre que está amenazando con tirar al niño es en Siria. Están protestando porque llevaban meses que querían salir de allí. El padre se pone nervioso. Es el hueco de un aparcamiento, estaban acampados en una plaza en frente de la Delegación de Gobierno. Las condiciones en que se encontraban, después de tanto tiempo, eran lamentables… Servicios sociales quería llevarse a los niños, y esa fue la reacción, no se le ocurrió otra cosa al padre. El policía ahí estuvo rápido».

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En otra pared, la que está según vas a subir a la planta de arriba, donde está la cafetera, un sofá, etc., hay más fotos. Una de ellas premiada en el año 2011 por el Consejo General de la Abogacía, la habrán visto: un inmigrante de los que se escondían en los camiones de la basura para pasar la frontera tira de sí, forcejeando con el Guardia Civil que quiere evitar que se precipite hacia el acantilado. Es una gran fotografía. «Fue la única vez que dejó la cámara en el suelo. Porque se caía». La tienen en la primera de las notas al pie de este artículo junto a otras que se pueden ver también estos días en la librería.]

Lo cierto es que el periodismo interesa mucho a la gente [continúa Tamara], más allá de la profesión. Y está muy bien que sea así. La profesión, aunque ahora está pasándolas canutas, yo creo que sacará la cabeza. En algún momento. Yo digo que no lo veré… pero seguro que sí, que acaba por sacar la cabeza. Porque sigue siendo necesaria. Y hay gente aún que está dispuesta a pagar por la información, aunque los grandes medios digan que no porque no venden un colín, y le echan así la culpa al lector.

Y además del periodismo, libros de fotografía y viajes. Hay cosas de narrativa de viajes que a mí me encantan. He viajado poco, es la verdad, más con la lectura.

Toca aquí una recomendación de librera, Tamara.

Pues éste, mira. Me lo recomendó mi amigo el librero Jesús, «éste te va a gustar»: La memorias de Kamante. El autor fue el cocinero de Karen Blixen. Ella le dio la oportunidad de ir a la Universidad, de formarse… Y luego escribió todo esto. La edición es preciosa.

Y es así como vamos a cerrar. Luego llegará Fidel, fotógrafo lúcido, gran conversador. Allí siguen ambos, en su librería, en un lugar que ya no se nos antoja tan improbable. Ahora tiene sentido. 

[Pueden seguir a la librería en twitter, les dejo aquí el enlace. De vez en cuando Fidel se descuelga con alguna foto. Y seguir la actualidad de Urueña desde la cuenta de El Cisco, tal vez el periódico más pequeño del mundo. Imprescindibles. You are wellcome]

***

[Salvo la fotografía de la puesta de sol, que es de es de la redactora, el resto de las fotos que ilustran este artículo son de Antonio Cruz Barrilero]


Notas al pie:

  1. Lo cierto y verdad es que no conseguí averiguar cuántas son. Sabemos que no son 14, como publicó El Mundo en su día, y que son más de 10 (en esto coinciden tanto Tamara como Pedro, de quien hablamos un par de notas más abajo)
  2. Fidel Raso es su compañero. Les dejo aquí un artículo con fotografías suyas para que las disfruten y se hagan una idea del nivel. La librería es un proyecto de los dos.
  3. Es una de las casas rurales de Urueña. Como esta redactora ha tenido la suerte de alojarse allí, puedo recomendársela y lo hago, con conocimiento de causa: el mesonero (estamos en Castilla) nos puso para desayunar un par de tomates que acababa casi que de recoger él mismo de la mata: «sin pesticidas, ya veréis qué ricos». Y qué felicidad de tomates.
  4. Carlos García Santa Cecilia, editor de Los libros de fronterad, librerante donde los haya, me contaría unos días más tarde, ilustrando justo lo que nos cuenta Tamara sobre los ejemplares que pueblan los estantes de Primera Página, que intentó comprar un libro «¡Y no estaba a la venta!».

1 Comentario

  1. […] Tamara Crespo, periodista y librera. Una conversación de Raquel Blanco sobre la librería Primera Página, en Urueña. […]

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