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Una conversación con las editoras de Continta me tienes

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«No tiene un nombre glamouroso, una etiqueta que se pueda poner de moda. No tiene el atractivo de la novedad, son cosas que hemos oído una y otra vez. Conocerse, actuar con honestidad… Pero lo complicado no es oírlo, ni entenderlo, cosas así se escuchan constantemente. Lo complicado es aplicarlo en tu propia vida y hacerse consciente de que la clave está en la responsabilidad personal». 1

Llegar a la sede de Continta me tienes tuvo una cierta complicación. Anoté las señas que me dieron por teléfono, «Del Monte del Tajo, está más o menos por», y corté, que había prisa: «Sí, lo tengo, nada, no te preocupes, que lo pongo en el gps del móvil y llego, seguro». Les animaría a que lo intentaran (llegar con esas señas), en fin, si fuera peor persona. La calle resultó ser Belmonte del Tajo. No hay tampoco carteles de neón que indiquen nada. Es uno de los barrios más feos de Madrid. Tal cual. Se lo dice quien se ha paseado la Villa de arriba a abajo qué sé yo la de veces caminando. En estos lugares lo importante es el rico mundo interior de sus gentes, lo mismo, sobre todo de las que no llevan navajas ni beben el vino directamente del cartón sentados en un parque. «Menos mal que mi coche tiene atractivo cero», me consolé, según lo aparcaba justo en la acera en la que dos mozos de regular humor y peor aspecto andaban tomándose un par de carajillos sentados en el umbral del bar La Juana (o algo así). A las once de la mañana. No pasan más cosas porque Dios no lo quiere, y acabo así este párrafo.

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En un tercer piso, ático, enormes ventanales que le devuelven a una la inmensidad de Madrid, la bonita, la que nos tiene a todas y todos encandilados, trabajan Sandra Cendal y Marina Beloki, editoras de Continta me tienes, editorial a la que desde ya le damos el premio al mejor nombre de editorial del mundo. Somos así de magnánimas en esta casa; el título que se han puesto se lo merece todo.

Les pido, cuando enciendo la grabadora, tras echar un rápido vistazo al desorden, los papeles, los libros aquí y allá, los ferros, el ímprobo trabajo que se palpa que allí se hace, todas esas horas, el tabaco, la pasión que le ponen, esa cierta inseguridad, algún temor y aún más determinación por seguir adelante, hacer que el proyecto crezca, que vaya a más, que me cuenten el cómo y el porqué de una empresa como la suya, una editorial que comienza publicando textos sobre artes escénicas, nada menos. Acabamos hablando de eso, de aquello, y de todo lo demás.

¿Cómo os conocéis vosotras?

Marina: En la Universidad. Estudiamos Humanidades. Que está muy bien para ganar en el Trivial, ya sabes.

Y para tener una cierta base para montar una editorial, ¿no?

Marina: Sí…

Yo empecé a trabajar para editoriales, de hecho. Y Sandra empezó a trabajar en temas de teatro. En un determinado momento un coordinador

Sandra: No, un segundo. Previo a esto, la primer experiencia real fue por el Master que estaba haciendo. A la hora de hacer la tesina, como era una tesina sobre artes escénicas

Marina: Sí, hicimos un librito

[Se interrumpen la una a la otra continuamente, y así lo vamos a dejar; esta redactora se va a tomar ciertas libertades a la hora de puntuar el texto.]

Nos propuso Óscar Cornago, que no estaba muy contento con su editor, hacer este libro a nosotras. Hablamos con El matadero, que nos ayudó con una compra anticipada de ejemplares, y ya nos metimos en toda la vorágine que supone el tener una editorial: comenzamos a pensar nuevos títulos, y sobre todo empezamos, sí, con escénicas, en un primer momento. Ahora ya vamos a sacar el décimo título de esa colección.

Es muy específico.

Sandra: Sí, todo esto viene porque Óscar era mi director de tesina, y él es investigador en Artes Escénicas. El primer libro que nos ofreció, A veces me pregunto por qué sigo bailando, es un libro colaborativo, con 27 autores y autoras que hablan sobre la relación entre intimidad y artes escénicas. Entonces, yo estaba especializada, y Marina tenía experiencia

Marina: Sí, ya había trabajado en Planeta, Alfaguara. Y nos metimos en el lío. La cosa fue cogiendo fuerza y al final dejamos todos los trabajos y nos centramos en esto y en alguna otra cosilla.

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¿Habéis conseguido vivir de la editorial?

Marina: No, no. Algo ganamos ya a estas alturas, después de cuatro años…

Cuatro años ¿y cuántos títulos?

Marina: 20

Sandra: Llegamos a 20 este trimestre; sacamos tres novedades.

¿Tres libros a la vez?

Sandra: Sí. Se trata de amortizar todo el tema de comunicación y distribución, que es la pata que tenemos más floja, como toda editorial pequeña, por otra parte. Nos dimos cuenta de que sacar varios títulos a la vez era una forma de poder amortizar todo ese esfuerzo de manera conjunta. Mucho más que si de repente espaciábamos los títulos.

Este sábado, por ejemplo, y esta tarde 2 es la presentación de un libro de María Folguera, La guerra según Santa Teresa. Hacemos además la puesta en escena, porque es un texto dramático. Es un libro sencillo

[Marina se levanta a por el ferro; lo vemos. Esto de andar entre libros y comentarlos con gente de libros es como en esas escenas de adolescentes americanas gilipuertas en sus dormitorios con roperos enormes y un montón de complementos, y jajajás. Muy parecido]

María Folguera fue la segunda autora que publicamos, después de la experiencia del A veces, y nos apetece continuar

Marina: publicando su teatro, si, hacer política de autora.

Sandra: El libro es la obra de teatro. Hemos incorporado materiales nuevos. Conseguimos que María Fernanda Moscoso, que es una investigadora de la obra de Santa Teresa hiciera el prólogo, y hemos conseguido algún material más para que la cosa tenga más empaque.

Y el día 30 de octubre presentamos, ya de otra colección, la de Mary Read, dedicada a feminismos, LGTB y sexualidades

Marina: [Se ha levantado a por otro libro: (h)amor¹] Con esta colección nos ha fallado un poco la prensa, pero sí está muy bien colocado, está funcionando muy bien.

Sandra: Hicimos la presentación en Traficantes de sueños, que son maravillosos. Tienes un proyecto muy completo: librería, distribución, editorial. Y el espacio de la nueva librería es fabuloso. (h)amor² lo presentaremos en la librería de mujeres el 30 de octubre, te decía. Es el segundo volumen. La misma idea: diferentes formas de aproximarse a las relaciones sexo-afectivas

Marina: Más allá del amor tradicional.

Sandra: Este segundo libro tiene un carácter más artístico. Nombres como Dora García, o Gabriela Weiner

La tercera novedad de este trimestre, que nos vamos a la feria de Guadalajara [la de Méjico] es Via Lucis, de Angelica Liddell. Empezó siendo un fotolibro, pero ya se ha convertido en otra cosa. Es una coedición con Les Solitaires Intempestifs, editorial de referencia sobre teatro en Francia.

[También traen el ferro a la mesa: 22×24]

Tiene ese carácter como de libro de artista, pero va mucho más allá: una primera parte de textos inéditos de ella, que combinan además ciertas partes de obras de teatro con escritos un poco más personales, luego está la traducción al francés, que sería la última parte, y en medio todo el fotolibro. Creemos que va a quedar muy bonito.

Marina: Nos ha costado mucho. Sobre todo llegar a un acuerdo con los franceses. Ha sido… Sandra ha sudado ahí.

Sandra: Un año llevamos con esto. Empecé en noviembre del año pasado. Justo habíamos sacado El Sacrificio como acto poético y escribí a Angélica en plan: «Soy súper fan tuya, he visto las fotos, ¿podríamos hacer algo con ellas?». Y ella, es la verdad, no ha podido ser más generosa. Éste lo presentaremos en La Central, porque además de estas fotografías hay un montaje audiovisual que hizo ella misma. Queremos hacer la proyección, etc.

Aunque en prensa es verdad que no somos nada buenas, en lo que son las presentaciones sí que vamos muy bien, le damos mucha importancia, que sea siempre algo novedoso, que aporte algo más allá de la presentación.

Marina: El sacrificio lo hemos enviado hoy para reimprimir, porque también se nos ha agotado. El diseño quedó muy bien. Va troquelado.

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Sandra: En un momento dado tomamos la decisión de darle más importancia a la tercera colección, El mono azul eléctrico, colección que coordina Anneke Raskin. Está más enfocado a formación, disciplinas artísticas, deportivas…

Marina: Está en la periferia de los libros de texto. Tienen un carácter formativo: Cartas a jóvenes artistas, Cartas a jóvenes filósofos, Cartas a jóvenes futbolistas…

¿Futbolistas?

Marina: Fue una surrealidad que ha funcionado muy bien. Están Del Bosque, Fernando Torres…

Sandra: El prólogo de Ángel Gabilondo es maravilloso. De repente te encuentras con una conciencia y toda una filosofía en torno al juego que va más allá de lo que es el fútbol como lo entendemos. Lo sacamos a la vez que Cartas a jóvenes artistas. Solemos sacarlos así, a pares.

La colección está funcinando muy bien. Es algo más fresco.

Marina: Esta colección es un trabajo muy distinto. Como editoras es algo que hacemos de una manera completamente diferente. Las otras dos coleciones, la de escénicas y la de Mary Read es un trabajo más de fondo, cuesta que arranque, que el público te conozca, y luego ya sí, ya coge otra velocidad. Esta colección, sin embargo, desde el principio funciona, te la piden más. ¿Por qué? Tal vez porque entra más por los ojos

Sandra: Porque alude a un público más amplio.

Marina: Lleva menos trabajo de investigación que el de las otras colecciones. A mí me gusta mucho pensar los libros de manera indifidual. La idea de los runners de ciudad salió un poco de la editorial, vimos que no había libros de deporte estéticos, bonitos. Todos los que conocíamos eran un horror. Y quisimos colocarnos en ese hueco. Es un resultado ágil. Fue nuestra segunda colección.

Sandra: Es un equilibrio. Estar con un libro que cuesta un año y poder también hacer libros más rápidos en todos los sentidos. Siempre sin perder de vista una exigencia en cuanto a la calidad, la estética, que es para nosotros muy importante, fundamental

Marina: Es curioso cómo el público de escénicas te va conociendo y, sin embargo, el que ha comprado el de los runners no conoce ni compraría nunca los otros.

La pregunta del millón va aquí: ¿qué tiene que tener un libro para que se venda?

Marina: Según nuestra experiencia se han de dar varias cosas. Una de ellas es el autor: un autor importante. Hay autores que venden. Por muy mal que lo hagas, venden. También creo que tiene mucho que ver el componente estético. Que al librero le guste, le cuadre. Y ese equilibrio es complicado en el sentido de que no puedes hacer algo que no reúna una serie de requisitos mínimos intelectuales porque el librero te va a parar los pies…

¿Creéis que los libreros conocen tanto, llegan a tanto? Porque podría pasar, no lo sé, pregunto, qué os parece, que libros que están muy bien no lleguen a las librerías, y estamos viendo libros que son una chapuza que sí que están.

Sandra: Nosotras con el tema de la distribución tenemos una experiencia muy particular. Hacemos mucho trabajo de calle. Nuestros primeros libros, los de escénicas, igual que tenían un público muy determinado tenían puntos naturales de venta, librerías muy concretas: La Central, Yorick, Caixaforum… Son librerías que, además, creo que si se diferencian en algo es en que el librero está informado.

Marina: Y que nosotras lo cuidamos. Nos curramos mucho las presentaciones, hacemos que vaya mucha gente. Intentamos crear una sinergia: ellos te ayudan, te van a colocar los libros bien, pero tú también tienes que ayudarles a ellos, darle algo. Esto es algo que siempre lo tenemos en cuenta. Salvo en presentaciones como la de este fin de semana, que tienen que ser en un teatro, claro. Pero no se nos ocurre presentar en otro sitio que no sea una librería. Sin el librero tradicional, el que sabe, no el de El corte inglés, no podemos sobrevivir.

Eso es fundamental. Y es una pena, porque mucha gente que empieza, y que hace cosas que están muy bien, esto lo hacen mal. Y luego se lamentan: ¿por qué no llegamos a más librerías? Porque cuando haces algo donde se van a vender muchos libros no cuentas con los libreros, cuentas con ellos cuando no sabes cómo venderlos tú, cuando tú no puedes hacerlo. Y eso es trampa.

Sandra: Y es también fundamental presentar bien el libro al librero, trasladarle lo que le estás presentando. Es verdad que si el librero es Jesús de La Central, por ejemplo, es mucho más sencillo, el lenguaje es común. Pero incluso en librerías que en principio no son tan afines, o no están especializadas, se puede llegar. Es un tema de comunicación. Más allá de que hagas o no distribución, lo hagas tú directamente o no, es importante la visita a la librería, siempre que se pueda.

¿Y la venta por web? Hay incluso quien publica reclamos: compradnos a nosotros directamente, que así nos ayudáis.

Marina: Es algo residual. En nuestro caso es más para cuando no hay librería. Vigo, por ejemplo. Es que no estamos en librerías en Vigo. Entonces sí, para eso está la web. Llegamos a gente que de otro modo no llegaríamos.

Sandra: La mayoría de los pedidos que nosotras recibimos no son de Madrid, Barcelona o el norte, que es donde tenemos más presencia, donde tenemos una mejor distribución.

Marina: Ahora voy mucho a Pamplona. Es una ciudad con una salud librera envidable: katakrak, Walden, Auzolan… Da gusto. La gente pone mucho interés. Nosotras donde estamos mejor posicionadas ahora es en estos sitios.

Sandra: Y en Zaragoza.

En Zaragoza hay librerías muy activas. Y librerías de fondo, además.

Marina: Y hay librerías también donde si no tienes libros más comerciales no entras. Es así. En este sentido nos ha venido muy bien la colección El mono azul eléctrico. Esos libros son como un caballo de Troya; nos han permitido estar en sitios que con la colección de escénicas no habríamos podido entrar.

El librero vende libros, es su negocio.

Sandra: Es un equilibrio difícil, pero creo que nosotras desde hace ya un tiempo lo estamos manteniendo.

Tenemos también que hablar de El Tema: la cantidad de libros que se publican en este país.

Sandra: Hay mucho ruido. Y tampoco hay filtros. El tema de la autoedición está haciendo mucho daño.

¿Qué es lo que hace que un libro sea publicable?

Sandra: Para nosotras el primer requisito es que encaje en la línea editorial. Nos han llegado textos muy buenos que no hemos podido publicar porque no se justificaban.

Marina: Creo que cuando te planteas abrir una nueva colección, o cuando empiezas a hacer una colección, porque al final es algo que se hace haciendo, vas creando un discurso, un imaginario, un algo de qué hablar, a través de voces que siempre van a ser más importantes que el discurso que tú quieras armar. Porque no estoy diciendo que el discurso de un editor o editora sea más importante o interesante que lo que las autoras o autores quieran contar. Pero contribuir, en este caso por ejemplo a la teoría de las artes escénicas, que lo que estés publicando aporte algo interesante, que tú participes, como puedan participar otras editoriales, y que tus libros formen parte de todo esto. Y en el caso de la colección de feminismos nosotras creemos que en España está habiendo una cierta apertura a temas como cuestionar el amor tradicional, de lo que hablábamos, y es muy bonito pensar que tú puedes poner un granito de arena para abrir la mente de las personas a las que tú crees que puedes llegar. O ayudar a que pasen cosas que están pasando ya y que quieres que pasen más, o a que no pasen. Se trata de hacer un aporte.

Sandra: También es verdad que nosotras publicamos una línea muy contemporánea. Que tal vez pueda cambiar en un futuro, pero ahora mismo es así. Publicamos a autores y autoras que están vivos. Tratamos de recoger todo eso, algo vigente que pueda perdurar. En el caso de artes escénicas es muy claro, porque son libros de fondo. Son libros que dentro de 10 años se pueden seguir leyendo. Y en el caso de Mary Read, el libro de (h)amor² recoge ponencias de hace nada, un par de semanas. No sabemos qué vigencia va a tener dentro de un tiempo, pero sí tenemos claro que estamos recogiendo un discurso actual sobre este tipo de reflexiones. Eso para nosotras es importante.

Y también es cierto que hay una cuestión con el tema de las redes. Ya no es solo que se publique mucho, es que se escribe muchísimo. Más que se lee. Gran parte del trabajo de edición que hacemos tiene que ver con ordenar todo eso. No llegar a ser prescriptores, porque no lo somos, pero sí, de alguna manera, ofrecer una labor de intermediación. Ser mediadores, darle forma a todo eso. Ya no sólo la pura labor de corrección ortotipográfica, que a mí personalmente es algo que me preocupa bastante. Me duele leer según qué textos porque me parece que se consigue justo lo contrario, se hace así flaco favor a la lectura.

Marina: Estamos especializadas, de hecho, en los libros coordinados. De los 20 títulos que hemos sacado creo que la mitad, fácilmente, son coordinados.

Llevan mucho más trabajo

Marina: Mucho más, sí. De hecho, en el 2015 nos habíamos propuesto coordinar nada más uno cada una, porque es un desgaste importante. Al final Sandra va a coordinar dos.

Sandra: Es que es muy bonito. La experiencia de los libros colaborativos, aunque sea mucho más laborioso todo el proceso, es también muy gratificante. Es complicado, sí, imagínate, en vez de un autor, diez, veinte. Lo que ocurre es que la riqueza también se multiplica. Las voces son tan distintas, los materiales. En este libro [señala la pizarra de trabajo, con los nombres de todos y algún garrapato], (h)amor², va a haber un hipertexto, poesía, ilustraciones… Esa mezcla de texturas es muy interesante, muy rica.

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(h)amor¹, Sandra, cuéntanos qué es este libro exactamente [lo tomo de la mesa. A estas alturas estoy prácticamente sepultada por libros, ferros, unas galletas con trocitos de chocolate…]. La práctica de la teoría «Por qué publicar un libro».

Sandra: Este libro es el resultado de una inquietud. Lo publicamos porque nos ponemos a pensar en abrir una colección sobre feminismos, sexualidad, LGTB. Pensamos cuál sería el campo, porque en España hay varias editoriales con temáticas cercanas a todo esto. El origen de este libro era en realidad otro: queríamos hacer algo sobre los cuidados. Un libro colectivo

Marina: Que haremos.

Sandra: Empecé a leer, a investigar, y me di cuenta de que era un libro que iba a necesitar más tiempo del que yo tenía en ese momento. Me ha interesando mucho siempre el feminismo, pero no soy especialista. Y me di cuenta, según iba documentándome, de que los cuidados me llevaban al amor. Claro. Necesariamente. Y fue cuando me dije, al darme cuenta de esto, que podríamos empezar por ahí, por hacer una reflexión en torno al amor, se entienda éste como se entienda. A ver a dónde nos llevaba. Me di cuenta, entonces, a raís de esas lecturas sobre el amor, de que el amor se estaba pensando, practicando también, pero sobre todo pensando, teorizando sobre él, desde puntos de vista muy diferentes. Aproximaciones que seguramente llevan haciéndose hace muchos años pero que solamente ahora están empezando a tener una teoría detrás, una argumentación. Y así, me dije, para empezar: el amor que estoy abordando es un amor con hache, puede ser mil cosas, por qué el paréntesis, porque puede ser mil cosas, llevar esa hache o no llevarla, el amor puede entenderse de una manera romántica, o no, puede ser poliamor, mil cosas. Y el ¹ es porque ya sabía que no iba a quedarse ahí

Marina: y porque pueden inventarse, surgir, formas distintas de amor, de relacionarse

Sandra: Y parece una fórmula matemática. Entender el amor como una fórmula donde los elementos los puedes ir cambiando. Como algo abierto.

La selección de las autoras y autores fue bastante natural, porque de repente había nombres que se repetían.

Sí me he dado cuenta, en esto me fijo mucho, que os sale de forma natural publicar a mujeres. Además, no les ponéis portadas rosas ni en azul pastel (Libros del Asteroide), ni collares de perlas (Minúscula) ni nada remotamente parecido. Como lectora que no compra libros en centros comerciales ni en Amazon lo agradezco muchísimo, e imagino que habrá mucha gente a la que le pase esto mismo.

Sandra: En el caso de este libro es que son sobre todo mujeres. Es algo natural. Son las voces que suenan. Hay hombres también.

Marina: El texto de Miguel Vagalume, por ejemplo, es que es magnífico.

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Es importante visibilizar a las mujeres de una manera digna, ¿no?

Marina: Nuestra primera novela de ficción, la única, es mujer: Carol Bensimon. Por ejemplo. Está en la colección La pasión de Mary Read. Tenemos una amiga que está trabajando en Brasil y nos dijo que había leído una novela maravillosa. Y nosotras: «Ya, bueno, es que no publicamos novelas…». Nos tradujo un capítulo, nos lo envió, «Leedlo». Y le pedimos más. Es una road trip de dos mujeres que han tenido una relación afectiva por Brasil, un Brasil poco turístico, mucho más gaucho. Es una maravilla. Una chica muy joven, Bensimon tiene 22 años. Hemos comprado, de hecho, los derechos de otra novela anterior.

¿Antes de cumplir los 22 ya escribía así?

Marina: Sí, sí. Es muy buena, ya lo verás. Vamos a apostar por ella. Nos ha fascinado.

Sandra: El que sea dos chicas nos permitía publicarlo en esta colección. Ya te decía que para mí es importante, creo que lo es, el que los libros estén contextualizados.

Marina: Sandra es que es muy purista. Yo le doy, la verdad, menos importancia. En principio, por ejemplo, los futbolistas se salían de la idea original, luego ha encajado perfectamente. Ahora publicamos a Carol, primera novela, quién sabe si mañana no nos llega algo que igual, queramos publicar. En España de temática homosexual apenas hay nada, o nada que nos guste mucho.

Menos aún sobre mujeres homosexuales.

Marina y Sandra: Eso es.

Marina: Abre un campo este libro que puede hacernos llegar otras cosas luego que sí que encajen. Esta novela lo hace.

[Y es que no nos dio tiempo a más. ¿Se les ha hecho a ustedes también corta?]

«Eso fue al principio de nuestro viaje.

Mi coche había estado parado bastante tiempo en el garaje de casa de mi madre, rodeado de un montón de trastos, bajo una funda plateada impermeable, como un gran secreto que no puedes esconder, o como un niño que intenta desaparecer poniéndose las manos frente a los ojos. Al principio mi madre se moría por deshacerse de él. “Es mal negocio tener un coche pareado todo ese tiempo” decía, aunque no entendiese ni mucho ni poco de negocios, y menos todavía de librarse de las cosas. Vivía en un acasa que ya me parecía grande cuando éramos tres. Si abrías determinados armarios de esa casa, podías presenciar la evolución de la indumentarioa femenina desde mediados de los años 60. En cuanto al coche, fui directa, le dije: “Tal vez vuelva”. Podía sentir su respiración atravesando el océano y casi naufragando antes de encontrar de nuevo tierra firme. Tal vez fuera un error darle esperanzas a una madre solitaria, sobre todo teniendo en cuenta que, en aquel momento, yo ni siquiera consideraba la posibilidad de un retorno. Nunca más hablamos sobre el coche»

  1.  Miguel Vagalume en (h)amor¹.
  2. Es una licencia. La entrevista la hicimos hace un par de días; las dos presentaciones son el sábado y el domingo que publicamos esta conversación. Pueden consultar los detalles en este enlace

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