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Una conversación con José Durán Rodríguez, coordinardor de El Salto

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«Periodismo independiente». Suena casi a quimera. Es uno de los conceptos que más escucha un estudiante de periodismo en la facultad. Le sigue el concepto de «periodismo de calidad», pues existe el periodismo low cost, que es el mejor ejemplo de lo que no hay que hacer. Lo complicado es unir ambos conceptos y plasmarlo en un proyecto. Eso es lo que se han propuesto en El Salto, una revista mensual que le ha declarado la guerra a lo convencional: no les financia únicamente la publicidad, no pertenecen a ningún gran grupo editorial viciado por insaciables intereses económicos y se niegan a obedecer órdenes de mandamases que jamás pisan su terreno y, por tanto, no comprenden los entresijos de esta profesión.

Charlamos con José Durán Rodríguez, coordinardor de la sección magazine de El Salto.

¿Por qué dar el salto desde la revista Diagonal y emprender esta aventura?

Hay varios motivos, que se resumen en un cierto agotamiento del modelo que Diagonal llevó a cabo durante más de diez años; ganas de demostrar que podemos ofrecer algo diferente; voluntad de llegar a un público más amplio y heterogéneo; mejorar las condiciones de quienes trabajamos en este proyecto; y también la idea de intentar obtener mayor incidencia sobre la realidad con los contenidos que publicamos en distintos formatos.

¿Qué distingue El Salto de otros medios de comunicación?

Fundamentalmente, su radical independencia de la publicidad como fuente de financiación principal, junto a las entidades financieras, de las empresas de comunicación editoras de medios. En El Salto hay publicidad, claro que sí, pero es el colectivo de este proyecto quien marca las condiciones y límites a los anuncios. La base imprescindible, lo que sustenta El Salto, se encuentra en el apoyo y la participación de las personas suscritas.

Más de 20 medios en busca de un periodismo independiente, horizontal y de calidad. ¿Cómo se consigue?

Ésa es la gran pregunta, sin duda. De momento, lo que podemos responder es que tratando de funcionar con unas lógicas algo distintas a las de una empresa. Por ejemplo, con una estructura cooperativa, en la que las personas suscritas, las trabajadoras y quienes así lo deseen puedan participar en la toma de decisiones.

¿Por qué optáis por ediciones territoriales, más localizadas?

Es una apuesta clara que responde a la necesidad de descentralizar contenidos y maneras de funcionar. Quien mejor conoce las distintas realidades que queremos enfocar es quien se encuentra más cerca de ellas, por eso es importante que existan nodos locales que quieran contar, que desentrañen los entresijos del poder en sus ciudades y que detecten los movimientos que laten en ellas.

¿Qué tipo de artículos encontrarán los lectores en vuestras páginas?

Por un lado, reportajes y entrevistas con una cierta extensión, que permitan una lectura reposada. Quizá no sean temas de rabiosa actualidad, pero hay que tener en cuenta la periodicidad: la edición impresa es una publicación mensual de 72 páginas, por lo que es necesario encontrar el equilibrio para publicar artículos que aguanten un mes en el quiosco. De las seis ediciones que actualmente publicamos hay cinco territoriales, con unas 16 páginas propias, y una general que llega a los territorios donde no la hay.

Una característica que queremos destacar es el compromiso con más voces femeninas y feministas, por ello priorizamos las columnas de opinión escritas por mujeres.

Otra de las temáticas a las que queremos dar cancha es la cultura, ampliando la línea de trabajo de los últimos tiempos en Diagonal: indagar en esas manifestaciones artísticas y creativas poco visibles pero que en un plazo breve serán de dominio público; rescatar memorias históricas; y rastrear en las condiciones materiales en las que se crea cultura.

También hay que añadir que estamos trabajando en el desarrollo de una nueva página web, que responderá también a los mismos principios que la edición impresa. Y en distintos grados de desarrollo se encuentran, además, un grupo de radio y otro de contenidos audiovisuales.

¿Cómo definirías al público de El Salto?

No lo definamos, no rompamos la magia. Fuera de bromas, creemos que hay un público amplio al que apelar y que puede estar interesado en un proyecto comunicativo como el de El Salto, nuestro reto es precisamente ofrecer contenidos atractivos para ese público. Que es amplio, pero no indefinido: quienes no encuentran en el quiosco ni en su ordenador o su móvil algunas claves para tratar de entender lo que sucede en sus vida; quienes se han cansado de gritar a la tele cada vez que ven un telediario; y quienes pueden sacar un rato al mes para leer algunos contenidos que no se encuentran en otras publicaciones.

¿Qué esperáis del proyecto a largo plazo?

¡Estamos dando los primeros pasos! De momento, esperamos que el número 0 y el 1 tengan una buena acogida, que guste la propuesta o que, si no lo hace, sepamos ver dónde falla para afinarla, con la participación de trabajadoras, socias y colaboradoras. Lo básico es eso, la respuesta. Y conseguir el número de suscripciones que permitan hacer sostenible el proyecto. A medio plazo, lanzar la nueva web es otro de los momentos importantes de El Salto.

Ojalá con cada salto se consolide este proyecto que acaba de despegar. Sería una buena señal, un trampolín al que asomarse para quienes anhelan ese ansiado periodismo independiente y riguroso, alternativo, cocinado a fuego lento.


La revista El Salto está a la venta o disponible en toda la generosa red de librerías con la que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano o tienes algún problema para conseguirla pregúntanos: librerantes@librerantes.com.

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