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Una charla con Emma para ponerle cara a La Vorágine

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El próximo 24 de abril cumple cuatro años,  pero es un proyecto sólido que peina canas. Tiene solera. El espacio físico que lo alberga, que le da cobijo, está ubicado en la Calle Cardenal Cisneros de la capital cántabra. ¡Qué casualidad! Ellos buscan «un espacio de reflexión, de encuentro, de debate y desaprendizaje» como aquel cardenal que fundó una de las instituciones más relevantes de la Historia de nuestro país: la Universidad de Alcalá de Henares. En aquel entonces, también era necesaria esa mirada crítica a la realidad. Otro mirada.

Emma es una de las personas que mejor conoce La Vorágine. Forma parte de ella y La Vorágine es, al mismo tiempo, una parte de ella. He aquí el resultado de este encuentro.

​ ¿Qué es exactamente La Vorágine: una librería, un centro cultural…?​

La Vorágine es un espacio autogestionado con apariencia de librería pero en la que constantemente se están desarrollando actividades, provocando iniciativas, coordinado proyectos, generando redes. Es un lugar y un proceso dedicado a promover  la cultura Crítica en Santander y en Cantabria desde una perspectiva antirracista, feminista, anticapitalista y decolonial. Por eso los libros que habitan La Vorágine soportan esa esencia y promueven temas y formas de hacer otro mundo posible

Precisamente una de las patas de La Vorágine es el colectivo. ¿Quiénes forman parte de él y qué tienen en común?

En este momento son 6 las personas socias, pero se apoyan en un grupo de 8 voluntarios/as, más de 80 aliados/as (que aportan económicamente al sostenimiento del espacio) y un gran número de colectivos y personas particulares y que apoyan puntualmente en la programción de actividades o en el desarrollo de determinados proyectos.

El espacio es una suerte de librería dinámica con charlas, exposiciones… ¿Cuál es su papel?

Su papel es poner a la vista y al alcance del público que se acerca una serie de títulos que son difíciles de encontrar o están escondidos en otras librerías. Tienen un papel muy importante temáticas como feminismos, ecologismos, alternativas al capitalismo, migraciones, memoria colectiva, historia, pensamiento político o urbanismo, todo ellos desde una perspectiva crítica. También cuidamos mucho la literatura infantil, con volúmenes que despierten la imagianción y que contengan valores que supongan una alternativa. Y otro punto fuerte es la poesía, destacando aquella que se escribe desde una conciencia crítica. Todas esas temáticas son los ejes principales de trabajo en nuestra programación. Desde la Surada Poética hasta cualquier presentación de libro, encuentro o exposición giran en torno a esas cuestiones que nos inquietan y transforman.

También hay un espacio para sembrar y recolectar esa cultura crítica. Se trata de los procesos. ¿Cómo contribuyen a fomentar esa cultura crítica que persigue La Vorágine?

Los procesos son el motor de La Vorágine porque no suponen una acción puntual sino un continuo sembrar y recoger. Y es lo que nos alimenta. Desde el trabajo que se hace en memoria colectiva de Cantabria junto a Desmemoriados, en materia de refugio y migración junto a Pasaje Seguro Cantabria, en feminismos como en proyectos recién iniciados como Femlab Cantábrico. Una labor que logra mantener informada a la población porque siempre se intenta hacer una labor muy intensa de comunicación.

La Vorágine es una asociación sin ánimo de lucro. ¿De qué se alimenta para sobrevivir?

Un porcentaje proviene por supuesto de la venta de libros, pero la mayor parte es el aporte de una figura a la que llamamos «Aliadas». Son personas que aportan económicamente anual o mensualmente como una apuesta por cuidar lo nuestro, lo que es de todas y de todos. Otros ingresos puntuales pueden ser los que aporta la Fundación Santander Creativa para financiar las diferentes ediciones de la «surada poética» (ya vamos a por la cuarta) o la convocatoria que nos aprobarón de Santander-Bilbao Tan cerca para el proyecto «Nosotras/Gu geu».

Este 24 de abril celebráis vuestro 4º cumpleaños. Lo hacéis con un proyecto al que habéis llamado «La Vorágine de frente». ¿Qué es exactamente? ¿Cómo se está gestando?

Nos planteamos que sería precioso poder ver las caras de todas esas personas que nos están apoyando. Y un fotógrafo amigo del espacio se prestó para echar a andar esta idea; hacer sesiones fotográficas a las que acudieran aliadas o cualquiera  de esas patas en forma de persona que sostienen La Vorágine. Están acudiendo poco a poco y nuestra intención es hacer una campaña pública que visibilice este proceso colectivo en redes y también en la Feria del Libro de Santander (a la que vamos acudir este año por primera vez). Queremos ser una comunidad que crezca y se multiplique y las personas atraen a personas.

Cuatro años más tarde, ¿qué asignaturas pendientes tiene esta comunidad?

Seguir creciendo, para que el alcance de los libros sea mayor, para que más personas tengan la oportunidad de encontrar aquí un espacio de participación. Tenemos pendiente seguir trabajando por la consolidación de una red de librerías alternativas del estado que sirva para ofrecer más programación. Y nos gustaría ser una comunidad de referencia para todas aquellas personas que imaginan otros mundos posibles.

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