Entradas Etiquetadas

Virginia Woolf

La filósofa Maite Larrauri comenzó a hablar de Mrs. Dalloway. De su caminar arriba y abajo por las calles de Londres, de ese deseo suyo de comprar flores y de la percepción tan intensa de que aquella mañana era clara y que el aire era muy fresco a esa primera hora. Y estuvo pues, esa expresión de Clarissa Dalloway , «¡Qué fiesta! ¡Qué aventura!», ya que la entrevistadora, al escuchar a Larrauri hablar de uno de los personajes más potentes de Virginia Woolf, se adentraba en una conversación que le iba a proporcionar jugosas enseñanzas.

Y en cuanto a mí, he decidido tomar cartas en el asunto por el bien de la justicia literaria. Admito que a veces fabulo un poco, pero qué le voy a hacer si mi oficio es el de fabular. Dubravka Ugresic en Gracias por no leer (La fábrica, 2004) Recuerdo cuando Enrique García Ballesteros, coeditor de Recalcitrantes, librero, escritor, mejor lector, camarero, historiador, pesimista implacable, y qué sé yo,, lo tienen todo aquí, me contó que Noelia Adánez y él

La señora Dalloway Mi primer encuentro con Virginia Woolf fue en la adolescencia; me encontré con un ejemplar de Las olas, o de Al faro, no lo recuerdo, que corría por casa, y salí huyendo. Tal vez fue un encuentro prematuro. Desde entonces siempre me había producido mucho respeto, procuraba no acercarme demasiado a ella. Por otro lado, también estaba el hecho de que supiera que había saltado al Támesis con los bolsillos llenos de piedras un día de 1941. Ahogarme o

La primera vez que me acerqué a un libro de Virginia Woolf, no recuerdo ahora si Las olas o Al faro, tenía unos 16 años y salí huyendo. Tardé más de 20 años en volver a acercarme a Virginia Woolf; leí La señora Dalloway y después su famoso Una habitación propia y después El lector común, con sus reseñas y artículos literarios. Como los años vuelan y los libros pendientes se acumulan he tardado más de lo previsto en volver

Decía Andy Warhol que nada daba tan buen resultado como el objeto inadecuado en el lugar apropiado. Jean Rhys pertenecía tanto a este mundo como un meteorito: nacida en Dominica, en las Antillas, de padre galés y madre criolla, quiso marcharse a Inglaterra, en la adolescencia, seducida por todos los libros que había leído, sin caer en la cuenta de que en Inglaterra hacía frío, ya que ninguno de esos libros lo mencionaba. El choque con un país gris, de calles grises y