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antolojía

Weiß/Colonia, 5.5. Este domingo (son ya casi las 11 pm) puede pasar a mi biografía como el día de la batalla por el Gmail. Es como la del Alamein, donde yo soy Rommel y Arzola es Montgomery. Todo empieza porque Arzola, el manitas más manitas del mundo mundial –no hay entuerto electrónico virtual que no desfaga–, casi tira la toalla con el problema de mi servidor T-Online; el cual, para el envío de prácticamente casi cada email me estaba pidiendo,

Arthur Koestler se suicidó en marzo de 1983 en su casa londinense tras ingerir una dosis mortal de barbitúricos junto a su tercera mujer, Cynthia Jefferies. El escritor tenía setenta y siete años y sufría la enfermedad de Parkinson que se había visto agravada por una leucemia linfática crónica en fase terminal. La decisión no sorprendió a nadie, ya que había pasado los últimos años de vida defendiendo la eutanasia a través de Exit, una organización que afirmaba el derecho

¡Mi abuela de corcho! es una expresión popular muy utilizada por mi abuela. Aunque desconoce su origen y significado exacto con ella muestra sorpresa o enfado. Este proyecto supone un acercamiento a la vida de mi abuela Araceli. A través del espacio pretendo mostrar la paradójica complejidad de una vida tremendamente sencilla pero intensa. Su casa, el 32 de la calle San Francisco, es el manantial de los orígenes de mi familia y su paisaje un territorio cargado de evocaciones. Aquí creció mi padre.

He leído con pasión a Albert Camus durante el último año. He llegado tarde, lo sé, quizá víctima inconsciente de la campaña de difamación que lo arrinconó, narrada profusamente por un también apasionado Michel Onfray en su reciente libro L’ordre libertaire. La vie philosophique d’Albert Camus (ed. Flammarion, 2012). Como cuenta Onfray, lo que puso a Camus en el punto de mira de los intelectuales franceses, capitaneados por Sartre y De Beauvoir, fue su temprana crítica (1951) del comunismo, su

Jerry P. King, en The art of mathematics, siguiendo la estela especulativa de lord Snow, referencia tópica a la hora de tender puentes entre las ciencias y las artes, alega contra la división del conocimiento en parcelas incompatibles, llamando la atención acerca de que una vida intelectual, y una preocupación por la estética, no pueden ser completas si no incluyen la apreciación de la belleza de las matemáticas; la iluminación, en el sentido de Poincaré, después de darle vueltas y

En 2010 el invierno se alejaba y, con el verde de estreno y los primeros olores de las flores en el aire, mi ánimo se caldeaba a la espera del verano y los 15 días de descanso en la playa a finales de junio. Sin embargo, hacía unos dos meses que venía sintiendo que, en contra de mi voluntad, mis palabras se ralentizaban en la boca al ir a pronunciarlas. Siempre corriendo, mi discurso iba también veloz. Hablar ha sido

Ha representado mucho en la mía, ese gusanillo que suele apoderarse de los niños desde su más tierna infancia. Decía Albert Einstein que el ser humano adquiere el 50% de los conocimientos que llegará a tener a lo largo de su vida, antes de haber alcanzado los 6 años. Parece una boutade pero el padre de la teoría de la relatividad subrayaba la importancia de los aprendizajes del  tacto, la vista, el oído, el olfato. Tesituras, tonalidades, fragancias, etcétera. Cuando

No empecé a pensar en la posibilidad de convertirme en fotógrafa hasta que fui veinteañera. Entonces estaba en medio de otro proyecto de vida, estudiando relaciones internacionales, soñando con trabajar en una organización no gubernamental. Pero en mi segundo año en la facultad, asistí a un curso básico de fotografía en blanco y negro, y a una clase de teatro. Al poco tiempo fotografiaba las obras de la compañía teatral de la universidad. Me entró tal pasión por la fotografía,

El arte es una mentira que nos hace ver la verdad Pablo Picasso ¿Qué fue lo que inspiró a Picasso para pintar el Guernica?[1] Sabemos que pocos días después del bombardeo de la villa vasca de Gernika por la Legión Cóndor el 26 de abril de 1937, Picasso se volcó plenamente en su gran cuadro. Y así nació el Guernica, una de las obras de arte más emblemáticas del siglo XX y la representación arquetípica de la capacidad de destrucción

Las reglas naturales Patricia Almeida Quintana había dicho que en su pueblo, cuando un bebé nace, las madres lloran. Con esa memoria de la infancia que pocas veces falla, ella camina ahora las mismas calles de tierra en las que jugó de niña y recorre casa por casa para ver quién queda. La escena se repite: primero ella dice que sí, que sí está viva, y luego de los abrazos resume en un par de frases su larga década lejos