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Recalcitrantes: cómo crear un nicho de mercado inexistente

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Y en cuanto a mí, he decidido tomar cartas en el asunto por el bien de la justicia literaria. Admito que a veces fabulo un poco, pero qué le voy a hacer si mi oficio es el de fabular.

Dubravka Ugresic en Gracias por no leer (La fábrica, 2004)

Recuerdo cuando Enrique García Ballesteros, coeditor de Recalcitrantes, librero, escritor, mejor lector, camarero, historiador, pesimista implacable, y qué sé yo,, lo tienen todo aquí, me contó que Noelia Adánez y él iban a empezar a publicar libros. Le brillaron los ojos de un modo, según me lo estaba contando, «Vamos a publicar sólo a mujeres», como para empezar a sospechar… He de decir aquí que le tengo un miedo cerval a los optimistas que campan por este sector, «Otra editorial, cristobendito, son como setas; como setas saltarinas, felices. Paren, paren, que yo me bajo», pienso, cuando me los encuentro. Y me los encuentro, en fin, tan a menudo. Es desalentador. Ahora bien, se trataba de Enrique, capaz de aferrarse al descontento con una fuerza, con unos argumentos tales, que —lo he pensado a veces— sería capaz de deprimir a un país entero si saliera por televisión en la Primera, como aquel ilusionista que paró los relojes de toda España en los años 70, no sé si lo recuerdan, el efecto Geller. Y allí estaba, con esa ilusión que le saben poner a sus cosas los críos, los inconscientes, los enamorados. Cómo no dejarse contagiar. Imposible.

«Iniciar una empresa editorial, mantenerla viva, pretender que se mantenga en el tiempo, es algo muy complicado», decía Noelia en su intervención del otro día en Sin Tarima,  «y yo creo que sólo lo vamos a conseguir si confluyen tres elementos. Es una tesis que vamos elaborando sobre la marcha. El primero sería que tengamos músculo financiero, fijaos qué hallazgo».

Invertir dinero en publicar libros escritos sólo por mujeres. No me digan que no es en absoluto descabellado ponerle este título a un manual sobre cómo perder dinero de forma rápida y limpia y para siempre jamás. No es retórica. Les pregunto sobre todo a los libreros, a los que saben, a los que conocen qué libros venden finalmente a los lectores que se los compran.

«Y esto tiene que poderse combinar con otro esfuerzo», continúa Noelia, «que es el esfuerzo psicológico que implica arrancar y pretender que sea viable económicamente un proyecto independiente en un contexto que es hostil. Porque la venta de libros es prácticamente una utopía a día de hoy, dada la coyuntura económica de este país, del mundo occidental. Y más difícil todavía es vender libros escritos por mujeres que no son libros actuales, porque nosotros no vamos a publicar inéditos, vamos a publicar libros que ya han sido editados en algún momento en el pasado, que tuvieron éxito y que se han perdido, por diversas razones, ya comentaremos cuáles. Hay, no obstante, una que se repite: son libros escritos por mujeres. Ése es un componente fundamental para entender las razones por las que dejaron de estar vivos en algún momento».

Noelia-recalcitrantes

Literatura escrita por mujeres, entonces. De eso se trata. De qué pasa con toda esta producción literaria al cabo del tiempo, cómo desaparecen. «Prefiero usar este término, literatura escrita por mujeres, que el de literatura femenina, bastante cargado», dirá Enrique, que considera la literatura femenina como una realidad innegable. Lo es. Y como no habló de la «literatura para mujeres», Zafones, Greys, etc., que es lo que a una servidora le hace hervir de verdad la sangre, el que se nos niegue así al resto —somos legión, oiga—, de un plumazo, al no mentarnos, nuestro merecido rincón de lectoras serias, apasionadas, críticas, pues seguimos, no nos detenemos más.

«El tercer factor es conseguir darle sentido a este proyecto», continúa Noelia. Y esto, me parece a mí, es lo fundamental cuando hablamos de una editorial que empieza. Qué vais a publicar, por qué, si tiene sentido, ¿no se habrá hecho ya esto mismo? «Cuando concebimos la idea de fundar la editorial pensábamos no que había un nicho de mercado para las novelas que queríamos editar, sino que podíamos estar en condiciones de generar el interés por nuestras novelas. Que no es lo mismo. Nos parecía que podíamos ir generando, a través de nuestro discurso, el del relato que vamos construyendo sobre esta empresa, ese interés, hacernos un hueco en las librerías, hacer llegar nuestros libros a la gente».

Cuando empezaron no sabían qué iban a publicar. Suena regular nada más. Ya. Pero tenían un plan: «Teníamos la intuición de que había obras escritas por mujeres que se habían perdido, del mismo modo que se han perdidos las historias de muchas mujeres. Y ése fue el punto de partida. Las mujeres, en el ámbito de la literatura, como en otros ámbitos de la cultura, o en el mundo profesional, han sido tradicionalmente preteridas, soslayadas, dejadas de lado. Y es verdad también que algunas han pasado a ocupar un espacio en el canon literario. Ahí está, por ejemplo, Virginia Woolf, que escribe sus libros con una tesis; son libros comprometidos con la idea de hacer llegar determinadas nociones acerca de lo que es la emancipación femenina a través de la literatura».

No obstante, hay, sin embargo, otras mujeres, las que Recalcitrantes se ha propuesto recuperar, cuyas obras son inencontrables: «No están en el canon literario y no están ni siquiera en el mercado, que sería el primer peldaño que hay que subir para ingresar en el canon, con suerte, si eres una buena escritora, como es el caso de Concha Alós, que consiguió no sólo vender muchos libros, fue además premiada en varias ocasiones. En aquel entonces (1964) el premio Planeta tenía un prestigio, no es el premio de ahora».

Son mujeres que han desaparecido, han sido olvidadas por completo, pese al éxito comercial que tuvieron en su momento. «Empiezo a ver», sigue Noelia, «en los tres libros que tenemos ya —el primero,  Las hogueras, de Concha Alós, el próximo llega la semana que viene, la autora es Mireya Robles, y el siguiente llegará también pronto, de Elisabeth Mulder— que son autoras muy diferentes, que lo que vamos buscando son escritoras muy osadas, por ejemplo, en las que encontramos esos temas típicos de mujeres pero que te producen, creo que es lo que nuestros libros pueden suscitar en el lector en un primer momento, una gran sorpresa. Vas a pensar “cómo esta mujer puede estar pensando en esto”, o “cómo no conocía a esta mujer”. Es un valor innegable que tienen nuestros libros».

Crear un nicho, llegar a un mercado, a unos lectores, que obvian casi que de forma sistemática la literatura escrita por mujeres. Qué locura. Es genial. No me digan que no… «Creo que cada vez nos van a interesar más este tipo de autoras, nos van a traer todo ese universo de la mujer que debería ayudarnos a comprender que no existe una esencia femenina porque lo femenino es profundamente ideológico, pero las esencias no existen, nuestro devenir es una existencia en lo histórico. Así, nos interesa Elisabeth Mulder, una mujer, aristócrata, de derechas, que tiene relaciones homosexuales en la España de los años 30, porque nos habla de la España de los años 30 desde esa perspectiva. En el caso de Concha nos gusta que sea una mujer la que explique el desarrollismo. E igual con Mireya; nos interesa el recuerdo que una cubana, que no ha pisado Cuba desde los años 50, guarda de la Cuba prerrevolucionaria como niña; entiendes Cuba a través de sus novelas».

Dice Enrique, y vamos a acabar así, a modo de reflexión, hilándolo con el discurso de Noelia: «El feminismo de la igualdad no cree que exista una literatura femenina; no cree que exista una diferencia entre hombres y mujeres que provoque que las mujeres escriban como mujeres y los hombres como hombres, y consideran con buen tino que es perfectamente posible el travestismo. Para ello ponen el foco no en el género, sino en la lengua, que es compartida».

NoeliayEnrique

1 Comentario

  1. […] Hasta ahora. Su llegada a España tiene que ver con el empeño de la editorial Recalcitrantes, experta en la ardua tarea de editar textos no inéditos, «libros que han estado un tiempo en el mercado editorial para desaparecer después en la bruma […]

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