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«Palabra de librera». Una conversación con Patricia Martínez (Mujeres & Compañía. La librería)

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«No sé cómo te gustan mis artículos, que escribo sin ganas y a la fuerza, en el último minuto porque me hace falta el dinero…» [Carmen Laforet a Elena Fortún entre mayo y junio de 1951.]

Contar —bien, con cierto detalle— cómo es una librería, quién la regenta, qué tipo de libro puedes encontrar en sus estantes, etc., en menos de cuatro mil palabras, tiene una cierta complicación. Lo sé porque lo he intentado ya unas cuantas veces, sospecho que sin apenas éxito. Y si, como ocurre aquí debajo, no solo nos centramos en los libros y el sector, en lo mal o bien o regular que está todo; si, además, pretendemos contar el sentido de un proyecto tan ambicioso y necesario como lo es el de Mujeres y Compañía, la empresa, a buen seguro, está abocada al fracaso, por lo que se hace necesario empezar así, pidiendo disculpas. Aquí no van más de cuatro o cinco pinceladas, entonces, lo ideal es  acercarse a la librería para saber más y mejor.

Empecemos por el final, Patricia, ¿qué sentido tiene una librería en la que solo se pueden encontrar libros escritos por mujeres?

Qué sentido tiene… Para nosotras tiene sentido mientras la sociedad, el mundo, funcione como lo está haciendo ahora, basándose en una jerarquía. En muchas jerarquías, en realidad. Una que nos atraviesa principalmente es la de géneros, los hombres por encima de las mujeres y unos hombres sobre otros hombres. El principal sentido es este. Tú vas a cualquier librería y el porcentaje de las mujeres que hay en las estanterías es ínfimo. La mayoría son autores. Cuando íbamos al colegio, la inmensa mayoría de los escritores que estudiábamos eran hombres. Este es un sitio donde se puede descubrir a un montón de autoras que están escribiendo, y además que están escribiendo cosas muy buenas… Ese es el sentido: proporcionar un espacio donde encuentras mujeres que escriben narrativa y que están invisibilizadas, en su mayoría.

También tiene un sentido de militancia, de búsqueda de acabar con esa jerarquía, y también con otras: la de raza, la de clase, de orientación sexual. Tenemos mucho ensayo feminista. Aquí puedes encontrar todo lo que se escribe, desde antropología, psicología, derecho…

Otra sección que es importantísima es la sección de infantil. Empezar a educar desde el respeto. Cuentos infantiles no sexistas, cuentos por una diversidad de identidad de género, sexual.

El sentido, entonces, es amplio. Es un espacio donde queremos concentrar, además de literatura escrita por mujeres, narrativa, todo lo que se escribe sobre estas otras materias, ensayo, filosofía, etc., y libros para niños. Se trata de visibilizar un pensamiento que para nosotras puede cambiar el mundo, empezando por lo local.

Poner el acento en la diferencia (libros escritos por mujeres frente a libros escritos por hombres) para intentar llegar a una igualdad. Puede parecer contraproducente.

No establezco una diferencia.

Bueno, aquí no hay libros escritos por hombres; tampoco trabaja ningún hombre en la librería. Habrá quien os haya dicho que es discriminatorio.

En ensayo feminista sí hay algún libro escrito por hombres. En narrativa no.

Lo de establecer una diferencia para alcanzar una igualdad… Las diferencias están. El problema está en la desequivalencia, la desigual valoración que se hace: en base a una diferencia se construye una jerarquía. Lo que hacemos aquí es visibilizar aquello que, primero, está invisibilizado y, además, está en una posición subalterna, subordinada.

El sistema de género está muy bien implantado. Lo androcéntrico, el hombre, es la medida de todas las cosas. A nosotras se nos enseña desde pequeñas a identificarnos con lo masculino. Lo masculino es, además, y esto lo entrecomillo, la socialización del éxito. De hecho, las mujeres hemos dado un salto al saber androcéntrico porque es lo que se pauta como éxito. Pero seguimos sufriendo la discriminación de género asociada al género femenino: una mujer fontanera tiene que ser muy buena. Lo tiene que ser siempre que esté ocupando un ámbito que sea tradicionalmente considerado masculino. Ha de demostrar que puede estar ahí. Fontaneros que hacen mal su trabajo hay un montón, pero nadie les dice que lo hacen mal porque son hombres. A una mujer sí, se la cuestiona constantemente por su sexo: es mala fontanera porque es mujer.

Aquí lo que hacemos es visibilizar esto. Poner encima de la mesa esta realidad, tomar conciencia y, a partir de ahí, mover el mundo.

Quien quiera ver en eso una discriminación… No se puede discriminar a los blancos, no se puede discriminar a los hombres cis, no hay una discriminación hacia quien ocupa una posición de poder. En todo caso lo que hay son respuestas frente a esa discriminación.

Estadísticamente, no solo por esta librería, en España las mujeres son las que más leen. Como público lector, en general. Ahora bien, ¿quiénes compran más libros porque tienen un mayor poder adquisitivo? Los hombres. Aquí vienen sobre todo mujeres, también hombres, muchos de ellos jóvenes que vienen a informarse sobre feminismo, o para comprar regalos a sus novias, hermanas, madres.

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Antes de seguir con la librería, siguiendo con lo de poner el acento en las diferencias, me gustaría que me explicaras tu punto de vista sobre la utilidad del «señoras y señores», «alumnos y alumnas», «ciudadanos y ciudadanas», etc., siquiera brevemente…

¿Si se consigue algo así? Pues depende. No se consigue nada si es una moda. Lo que sí está claro es que se necesita crear referentes. Un imaginario colectivo en el cual las mujeres dejemos de ser ese otro que el hombre no es. Porque ese es el problema. Ya lo dijo Simone de Beauvoir en El otro sexo. Somos lo otro que un hombre no es. Entonces, decir «ciudadanos y ciudadanas» yo no sé si resuelve muchas cosas, pero al menos ya está visibilizando que «ciudadanos», el genérico masculino, forma parte de este problema que decíamos antes: te identificas con el masculino porque desde pequeña se te inculca. Quiero decir, haces un anuncio de televisión que tiene que entender, llegar a un montón de gente, y si va dirigido al público en general, normalmente, vas a utilizar un varón como protagonista, porque nosotras, las mujeres, también podemos identificarnos con él, siempre lo hemos tenido que hacer. Ahora bien, si pones ahí a una mujer, para contar lo mismo, la mayoría de los hombres no se van a identificar.

Por lo que me contáis los libreros, los hombres no compran libros escritos por mujeres.

Cierto. Y nosotras tampoco, hasta que no te pones a propósito a ello.

Lo que yo te quiero decir con lo del lenguaje es que ya no es una cuestión de os y as. Es que genera un tener que identificarte con el género masculino que en realidad lo que hace es invisibilizarte. Aquí lo vemos mucho con los cuentos infantiles. Aunque viene gente concienciada que lo que quiere es un cambio de roles, salir de esa dicotomía que nos tiene encasilladas, encasillados (encasillades, sería… [se ríe]), es muy difícil. Hay aún a quien le cuesta comprar un libro protagonizado por una niña si se ocupa de la crianza de un niño, con o; si la protagonista es una niña, no lo compra. Por el tema de identidad.

Y resulta que la mujer ha asumido roles y responsabilidades tradicionalmente masculinas y que no ha pasado al contrario.

Los hombres no asumen esos roles porque es una pérdida de privilegios. Por mucho que tú le quieras a alguien hablar de lo que gana cuidando de alguien, etc. Cuidar de una familia, de niños, limpiar… no te da derechos en esta sociedad.

Se trata de cambiar el sistema de valores que subyace. Hay feminismos que abogan por tener la mitad del pastel. Lo que yo preferiría es que no hubiera pastel, o que nos organizáramos de otra forma.

Y volviendo al uso del lenguaje, la lengua es algo vivo: no recoge la realidad, la crea. Hay teorías de lingüistas sobre esto; la lengua no es un mero receptáculo. Es una acción, construye realidad. Si desde pequeña estás escuchando todo el tiempo el genérico masculino, cuando creces para ti eso es lo normal, pero no tiene por qué.

En inglés no pasa…

El problema es que haya un genérico masculino. Cuando yo hablo en un grupo, y hay mayoría de mujeres, al usar el femenino para dirigirme a ellas, no es raro que salte alguien para hacerme notar que hay un hombre. «Ya, pero yo estoy hablando de personas». Es una palabra.

El lenguaje no es inocente. Construye la realidad. Implica cambios.

Te dirán feminazi.

Cuando una mujer es feminista se le acusa de feminazi. Cuando lo es un hombre, se le aplaude, reciben apoyo.

Recuerdo un curso en el que estuve; apareció un hombre que nos dijo que él había elegido ser ama de casa. Y la cuestión es que las amas de casa no van dando ponencias sobre que son amas de casa, les ha tocado. Para él es una opción, lo va contando, y además le pagan por contarlo.

Es un sistema de organización social. Hay toda una estructura social en torno a esto. Qué se reconoce. El empleo. El empleo te da derecho a una jubilación. Si estás casada con un señor, y habéis tenido división sexual del trabajo, tú te encargabas de la casa, él de trabajar fuera, se jubila, tiene su pensión. Y cuando se muere lo que te queda es la pensión de viudedad. La sociedad no reconoce el trabajo que has estado haciendo. Y esta pensión es muy inferior.

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Es también una cuestión práctica, presenta cierta dificultad técnica, entiendo.

Cristina Carrasco tiene una propuesta de encuesta de población activa no androcéntrica. Hay propuestas, hay mujeres economistas haciendo propuestas. Economistas y no economistas que se han ocupado de estos temas. Está el grupo de mujeres y trabajo de la Universidad de Barcelona, también Amaia Pérez Orozco. También María Pazos, con otro tipo de enfoque. Hay muchas personas haciendo propuestas interesantes. Y en esta librería tenemos todos sus libros… [se ríe]

Esta librería, insisto, es una respuesta organizada contra una discriminación. Generamos un espacio donde se encuentra concentrado pensamiento feminista y una visibilización de escritoras. ¿Por qué? Porque de forma naturalizada esta sociedad discrimina a las mujeres y a todas las personas que se salgan de de la norma hombre blanco cis heterosexual capaz…

¿Y cómo acabáis aquí? ¿Quiénes sois?

Estamos Ana, Sonia, Miren y yo. Veníamos de otro proyecto que llevaba años funcionando, en la misma línea que este… Tuvimos que empezar de nuevo, y decidimos empezar con esto, montar esta librería para seguir luchando por lo que creíamos: un espacio feminista en torno a los libros.

Somos cuatro, te decía. Ana es librera desde hace más de 30 años. Sonia es la que se ocupa de la maquetación, luego te cuento sobre la agenda que editamos, llevaba ya unos añitos también trabajando como librera, con Ana. Miren era amiga, trabajó también en varias librerías. Y yo no, yo no venía de este mundo. Aterricé en el 2010. Soy educadora social y antropóloga. Venía de trabajar en perspectiva de género y drogodependencias. Surgió la oportunidad y empecé en esto. Y aquí sigo.

Somos una librería asociativa, una asociación. Creemos en las organizaciones horizontales, donde además tomamos las decisiones entre todas. Existe la posibilidad de asociarse a la librería. Hacemos otras actividades, aparte de la librería. Evidentemente hay una voluntad de autoempleo, pero el tema es crear un espacio de encuentro en torno a libros feministas y de difusión del pensamiento feminista.

Para estar al tanto de todo lo que hacemos tenemos un blog, donde te puedes suscribir dejando tu mail, y así te llega todo lo que hacemos. También tenemos twitter, facebook. Pinterest… Aquí lo que ofrecemos es un espacio físico donde poder estar. Aparte de la librería, donde puedes venir y sentarte a leer, sin comprar, no todo tiene que pasar por el consumo.

Compagináis vuestros trabajos con la librería.

Sí, no nos quedó otra. Abrimos en plena crisis.

¿Y qué tal la feria este año? ¿Cómo la habéis vivido? ¿Es rentable, por cierto? Algún librero me ha dicho que estar en el gremio es para la feria para lo único para lo que vale, que aparte de lo que vale la caseta hay que sumar este importe al total de lo que supone estar en la Feria cada año.

No voy a entrar en cuestiones económicas… A nosotras la feria nos gusta un montón. Es un momento de contacto, estás con los libros y con la gente. Ya has visto el despacho, cómo lo tenemos siempre. En la librería siempre hay cosas que hacer, llegan las cajas, libros, gestiones que no se ven. Y en la Feria estás con los libros y la gente, nada más. Es muy bonito, muy gratificante.

Y es también para nosotras importante porque es un momento donde te ve mucha gente, te permite darte a conocer. Y se nota también en las ventas. Tal vez salga lo comido por lo servido, contando con la cuota que hay que pagar al gremio, pero hay que estar, merece la pena. A nosotras, además, nos sirve porque había quien nos había perdido la pista, nos han vuelto a localizar, sobre todo a Ana, que lleva tanto tiempo como librera, más de 30 años, muchas mujeres la tienen como referencia, tener una caseta permite seguir en contacto. Es precioso ver cómo vienen año tras año, cada vez más, buscando recomendaciones, charlar con nosotras, dejarse guiar, aconsejar lecturas…

¿Y respecto al año anterior?

Mejor este, sin duda. En nuestro caso, de todas formas, es también cierto que es que partíamos de una situación muy mala, abrimos en plena crisis.

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Solo podíais mejorar…

Sí. Abrimos en unas condiciones muy precarias, estábamos sin nada. Fue posible también gracias al apoyo de mucha gente. Si no esta librería no estaría abierta. Nos apoyaron económicamente muchas personas del sector: distribuidores, lectoras, feministas. Estamos muy agradecidas. También hemos tenido mucha suerte con nuestro casero, que es majísimo. Partíamos de una situación muy mala, y cada vez vamos a mejor. Va saliendo. Todo gracias a la gente. Y a nuestro trabajo

Una forma de apoyar la librería es abrirse una cuenta, de 10, 15, 20 euros; la cantidad que tú veas al mes. Te pasamos un recibo y lo vas consumiendo como te venga mejor. Puedes dejar a deber hasta tres veces tu cuota. O estar unos meses sin comprar y luego gastarte todo en Navidad. Hacemos un 5% de descuento todo el año a quienes tengan cuenta. Y es una forma de apoyar el proyecto, para nosotras es un dinero que entra cada mes, algo cierto.

Otro de los pilares sobre los que se asienta esta librería es que editamos una agenda, dedicada a un tema. La elaboración de la agenda es algo muy importante para nosotras. Es una agenda temática, diferente cada año, lleva detrás toda una labor de investigación, de búsqueda de textos, etc. Es otra de las patitas de la librería en cuanto a sostenimiento económico. Aunque ya muchos usamos la agenda del teléfono, esta nuestra se sigue comprando porque es muy bonita, está muy cuidada, contamos muchos datos.

El primer año, 2013, el tema fueron los pequeños gestos que pueden generar grandes cambios. Como cuando Rosa Parks se negó a cambiarse de asiento en el autobús en Alabama. El segundo fue una agenda sobre mujeres en la música. Y este último es sobre cartas entre mujeres. Fue una labor muy potente de investigación, en internet y en los libros. Es algo que disfrutamos mucho, la verdad. Es un trabajo muy especial.

«A ninguno de los hombres que te observan tampoco les importas una mierda. No te dejes engañar. Muchas mujeres confunden deseo con amor. Que ellos te deseen sexualmente no quiere decir que les importes. Mucho más si tú misma das a entender que no te quieres ni un poquito. Nadie a quien realmente le importes puede apoyar que te prostituyan. Y eso te incluye a ti misma». [Sidney O’Connor a Miley Cirus, octubre de 2013]

Con Cartas entre mujeres lo que nos ha pasado es que hemos visto que entre las anglosajonas había mucha cultura de escribir cartas. En otras culturas es más oral. Y cuando hay otras discriminaciones que tienen que ver con lo occidental, blanco… te encuentras con muchas en posiciones subalternas que, claro, es muy difícil encontrar cartas. Nos ha costado.

También hacéis talleres.

La librería hace presentaciones de libros, de revistas feministas… Ese es el cotidiano. Se presentan libros, proyectos, y se crean tertulias. Y también montamos grupos de lectura con las autoras.

Y hasta ahora hemos estado también organizando talleres porque teníamos un local a propósito para esto. Lo que pasa es que el dueño lo consiguió vender, y con el nuevo propietario no es lo mismo; teníamos un alquiler muy baratito, y quería hacer otras cosas. Esto es ópera, es un local muy jugoso. En fin, ya lo retomaremos. En la librería es más complicado hacer talleres, entra, sale gente… No es lo mismo. Y la verdad es que hemos hecho cosas muy interesantes, y también muy divertidas, como el taller de Memes Feministas.

Tenemos un grupo de lectura de textos feministas que se reúnen una vez al mes. Un martes al mes. Eligen un texto y debaten sobre él. Y esto sí, lo hacemos en la librería: si alguien pasa, se puede unir.

Pues acabamos con libros, si te parece. A ver qué nos recomendáis.

Lo que más me va a costar es recomendarte uno infantil. Solo uno, digo.

Pasa Miren con libros, y apunta: Rula busca su lugar, que es muy de esta librería.

—continúa Patricia—, es un libro que habla de cómo las mujeres tenemos que encontrar nuestro espacio. Es una niña que está sometida a todos los roles de género, a lo que se espera de ella: que limpie, que cuide, que cocine, que pase siempre por encima de ella. Hay un montón de ellos, no sabría con cuál quedarme. Este es verdad que lo recomendamos mucho, es muy nuestro. Pero yo también recomiendo mucho Pájaro amarillo o Monstruo rosa, que tratan sobre la diversidad. Porque es eso, tú puedes ser como tú quieras ser. Te dicen lo mismo, desde otro sitio. Coco y pío también me gusta mucho: un cocodrilo y un pájaro que nacen juntos y crecen que son hermanos…

Hace poco estuvimos en la feria del libro de Rivas Vacia-Madrid y dimos una charla en torno al libro infantil. Para nosotras es importante. Esto debería ser lo normal. Estaríamos educando a niñas y niños en un respeto a la diversidad. Así sí que cambiarían las cosas.

¿Y narrativa para adultos?

Oso (Impedimenta, 2015), de Marian Engel. Nosotras, y lo saben los compañeros de Impedimenta, le quitamos la guarda para que no se lea la contratapa. Porque te destripa el libro. Hay que leérselo sin saber.

Comienza la historia con una bibliotecaria que tiene una vida bastante aburrida. El Centro donde trabaja —así arranca la historia— recibe en herencia de un Coronel una isla al norte de Canadá, donde hay una casa y una enorme biblioteca. La condición es que los libros no salgan de la casa. Ese viaje a esas tierras, apenas pobladas, le permite a ella iniciar otro viaje, uno de encuentro consigo misma, muy interesante. Suceden cosas que yo no voy a contar… Sí lo ha hecho un suplemento cultural bastante conocido, y es una pena, porque destripa la historia. Este libro hay que leerlo, coincidimos las cuatro en esto, sin saber mucho más, es así como más se disfruta de esa primera lectura. Te digo más, lo que hacemos es enrollar la guarda del revés, le ponemos una gomita… y así es como se lo llevan. Y nos hacen caso; no leen la contra, que da demasiados detalles, hasta después de habérselo leído.

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Ya de narrativa para adultos recomendamos también mucho estos días Del color de la leche, de Nell Leyshon (Sexto Piso, 2014). Lo presentamos nosotras al premio del gremio de libreros. Y se lo dieron. Es la historia de una chica de 1930. En primera persona. Cuenta cómo aprendió a leer y a escribir. Trabaja en una granja de sol a sol, con su familia; la envían a trabajar a la casa del vicario, a cuidar de la esposa de este, enferma, y a limpiar. Es una persona que es luz en mitad de la miseria humana. Un libro que no te deja impasible ni indiferente. Con un final que golpea. Llevamos recomendándolo desde que salió. Tuvimos aquí a la autora, y fue muy emocionante.

Otro que recomendamos es Ladydi, de Jennifer Clement, mejicana. Es sobre una chica que crece en un pueblo en mitad de la nada, un pueblo habitado solo por mujeres: los hombres se van a EEUU a buscarse la vida, se supone que van a volver, pero no lo hacen nunca. Y en este lugar las niñas tienen que crecer aprendiendo a afearse para no ser raptadas ni violadas por los carteles de la droga. Tiene también un final que te recoge.

Y ya de ensayo, si viene alguien preguntándome por dónde empezar, le recomendaría Feminismo para principiantes de Nuria Varela. Es muy divulgativo, está escrito de una manera muy sencilla, muy clara. Consigue contarte de forma rigurosa un montón de cosas, sobre la historia de los feminismos, de una manera asequible y muy amena. Es un libro que sirve como introducción. Este para empezar…

Y podría seguir y seguir recomendando libros. Le encanta hacerlo, y se le nota. Como nos tenemos que ir, pues nos vamos… pensando en volver, esto es.

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