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Marie Curie, una lección de humanidad. Leyendo Principia.

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Aún me estremezco al recordar las imágenes. Niños, mujeres, padres. Todos corriendo sin rumbo, huyendo de la muerte. El horror estaba dibujado en sus rostros. Sus ojos suplicaban piedad. Dormían ajenos a la dura realidad de una guerra que casi cumple siete años. Una guerra que se ha cobrado la vida de más de 312.000 personas (un tercio de ellas civiles) y ha truncado el futuro de la mitad de los 23 millones de sirios que se han visto obligados a huir. El ataque químico parece ser solo un capítulo más de esta cruenta contienda cuyo fin aún se antoja lejano.

Algo en estas duras imágenes me sobrecogió especialmente. Fue el único atisbo de humanidad que desprendía tan desalmado episodio. Los profesionales sanitarios trataban de ganar la batalla a la muerte. Entonces recordé un artículo sobre madame Curie, la primera mujer que ganó un Nobel. Fue una física brillante, qué duda cabe, pero dejó un legado aún mayor: su generosidad inmensa.

Al servicio de la humanidad

Septiembre de 1914. París respira humedad y pólvora. Las tropas alemanas fueron sorprendidas por el ejército francés cuando intentaban tomar la capital gala. La victoria aliada en la conocida batalla del Marne dejaba cerca de medio millón de heridos y de muertes. Entonces, esta física polaca y francesa de adopción, decide tomar cartas en el asunto. Decide ayudar a los cirujanos y médicos en el campo de batalla. Pone a su servicio los rayos X para revelar las lesioens de los heridos. Crea nuevas estaciones de radiología por todo París. Lo hace con la colaboración de voluntarios que ellas misma forma.

Marie Curie en su laboratorio. Royal Society of Chemistry (RSC).
Marie Curie en su laboratorio. Royal Society of Chemistry (RSC).

Durante los cuatro años que duró la Primera Guerra Mundial, Maria Skłodowska-Curie, con la ayuda de su joven hija Irène, dirigió la instalación de veinte vehículos radiológicos, doscientas unidades radiológicas en hospitales y formó a ciento cincuenta técnicos para tratar a más de un millón de heridos en sus unidades de rayos X. Gracias a estas unidades, los cirujanos lograron extraer la metralla de los cuerpos heridos de decenas de soldados.

Simplemente excepcional

Para muchos, Marie Curie es esa física que descubrió la radiactividad, los rayos X. Es esa mujer que jamás renunció a sus raíce. No olviden que el polonio, el primer elemento químico que descubrió, es un homenaje a su tierra. Pero tras ese hito científico se esconde una mujer excepcional: Marie Curie trató de vender sus medallas de oro y de comprar bonos de guerra con el dinero de sus dos premios Nobel. Ella es la misma científica que se vio obligada a custodiar temporalmente las existencias de radio de su laboratorio en Burdeos mientras el país resistía.

Marie Curie murió a los 66 años. Su muerte fue consecuencia de una anemia aplásica causada por la exposición a la radiación. Guardaba tubos de ensayo con radio en los bolsillos durante la investigación. Esa fue su munición.

La ciencia no se reduce únicamente a un conjunto de leyes capaces de explicar un fenómeno. Su poder es infinito si se pone al servicio de la humanidad. Vean a Marie Curie. Su invento fue llevado al campo de batalla para salvar vidas. Su humildad salió del laboratorio para vencer  la versión más irracional y salvaje del ser humano. Díganme, ¿no es también una heroína?


Recomendamos al lector ocasional de esta web/catálogo la revista de divulgación científica más molona de todos los tiempos, donde se ha publicado el artículo de Manuel Souto con toda la información sobre esta faceta desconocida de Marie Curie: Principia. Puede conseguirla en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ve en el mapa una que le quede a mano, pregúntenos, que para eso estamos: librerantes@librerantes.com

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