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La máquina se para: vaticinios sobre el funcionamiento de internet en…1909

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El escritor E.M. Foster

Para el lector español, o el no lector, E.M. Foster es un nombre que está detrás de películas que gozaron de un notable éxito en su momento, como Pasaje a la India y Regreso a Howard’s End. Más allá de estas adaptaciones nos encontramos con un escritor variadísimo que se dedicó a las novelas, ensayo o incluso relatos de ciencia-ficción como el que nos ocupa, La máquina se para. Extraordinariamente considerado en el mundo anglosajón, esta novela corta o cuento largo (no sabemos dónde encuadrarla) no comparte tal prestigio en el mundo hispano. De hecho es una obra casi desconocida. Ediciones El Salmón se ha propuesto que deje de serlo. ¿Distopía? ¿Novela de anticipación? Hablamos sobre todo ello con uno de los responsables de la editorial, Juanma Agulles. Por supuesto sin hacer spoilers, considerado hoy día crimen de lesa humanidad. Los aficionados a la ciencia-ficción están de enhorabuena.

¿Por qué decidisteis la edición de La máquina se para?

En El Salmón llevamos una línea de crítica al desarrollo tecnológico. También editamos la revista Cul de Sac. Su segundo número fue monográfico sobre este asunto, con el interrogante La desposesión culminada. Cuando editamos precisamente este número de la revista, gente que nos recomienda textos nos habló de este relato de Foster. Resulta sorprendente, porque ya en 1909 perfila ideas que parecen hablar sobre el desarrollo de internet. Lo leímos y nos maravilló. Estuvimos con la idea de reeditarlo mucho tiempo hasta que nos llegó una traducción que nos convencía mucho.

¿Cómo es el proceso de editar un texto así?

En este caso, la persona que hizo la traducción, Javier Rodríguez, que además es el autor del prólogo, fue quien se informó sobre toda la cuestión de derechos e investigó para ver si existían otras traducciones. No había ninguna editada, aunque sí se podía encontrar algunas aisladas por internet, a modo de prueba. El propio Javier se ofreció entonces a traducirla.

Hablamos por tanto de la única traducción en español de esta obra.

Sí, en castellano es la primera vez que se traduce dentro de un proyecto editorial, impresa en libro.

¿Qué puede encontrar el lector en La máquina se para?

Es un relato que plantea no sólo un cambio técnico del entorno, como hacen tantas distopías, sino que plantea además un cambio antropológico aparejado al anterior. Este relato aporta esa perspectiva mediante el reflejo de una relación entre madre e hijo, en lugar de, por ejemplo, la de un ciudadano frente a un Estado totalitario como puede ser 1984. La máquina se para se centra en una relación cotidiana e íntima y a través de ella expones ese cambio antropológico que supone una pérdida de sensibilidad con respecto al mundo exterior y cómo afecta eso justo a las relaciones. Nos pareció que esto era un valor añadido.

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Curiosamente este relato es muy reconocido y valorado en el mundo anglosajón, pero hasta ahora casi desconocido en España.

Aquí se conoce a Foster por las novelas y las adaptaciones cinematográficas, como Howard’s End o Pasaje a la India. Y esta distopía tiene una cierta continuidad con respecto a otras de sus obras. En ellas, por ejemplo analizaba a una burguesía decimonónica que ve que su mundo se ha transformado y busca paisajes exóticos para encontrar una humanidad que se ha ido perdiendo. Pero ahora cambia a una novela de anticipación, un género nada característico de este autor. Habla sobre la modernidad, con cierto sentido de la precaución sobre los cambios que se pueden producir. El mérito de Foster es anticiparse de esta forma a ciertas consecuencias que acarrea el cambio tecnológico sobre las relaciones sociales.

Comentabas que El Salmón tiene una línea de crítica al desarrollo tecnológico, y que en Cul de Sac igualmente tratáis en tema con números especiales. ¿Habéis tenido una mala experiencia con las redes sociales? Supongo que tendréis twitter…

[Ríe] Nos acusan a veces de luditas… pero no, no, no. Nuestra línea editorial es una crítica muy cercana al ámbito libertario y a la ecología radical. De la fusión de estas dos formas de pensamiento o de entender la realidad surge esta crítica a la tecnología. Entendemos que no hemos aportado nada especialmente novedoso, pero nos dedicamos a enfocar esta crítica a las consecuencias sociales del desarrollo tecnológico. De hecho publicamos hace poco un libro que se llamaba Un futuro sin porvenir, por qué no hay que salvar la investigación científica, del grupo Oblomoff, fue muy polémico en Francia, y son científicos que hacen crítica de la ciencia. Es interesante y en esa línea estamos.

¿Qué próximo proyecto puedes adelantarnos?

Está en imprenta un libro que nos parece fundamental, El jardín de Babilonia, de Bernard Charbonneau, buen amigo y colaborador de Jacques Ellul, que también fue un crítico de la técnica y del Estado. En el caso de Charbonneau, habla sobre cómo el desarrollo industrial produce una sociedad novedosa.

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