Inicio»Portada»«Tú tampoco eres Julio Cortázar. Vamos a llevarnos bien»

«Tú tampoco eres Julio Cortázar. Vamos a llevarnos bien»

4
Compartidos
Pinterest Google+

Guía del buen rollo entre editor y redactor para solucionar conflictos mucho menos importantes que los que hay en Siria, por ejemplo, pero que debemos tener en cuenta porque estamos condenados a entendernos.

Hace más o menos un mes coincidí en un evento familiar con una pareja a la que hacía tiempo que no veía. Mientras disolvíamos el azúcar en el café comenzamos a charlar, asuntos banales principalmente. Llegaron los pacharanes y allí seguíamos, hablando ya de temas serios: nos poníamos al día respecto a nuestros trabajos. Para mi sorpresa, él también era editor (en un medio de comunicación estadounidense), así que pedimos otra ronda para celebrarlo. Intercambiamos opiniones sobre las diferencias de los medios de comunicación aquí y allí y no tardamos mucho en llegar a la parte ingrata del trabajo de editor: las quejas de los redactores.

editor
Viñeta de John Deering

Si bien es cierto, he de romper una lanza en favor de los redactores de Principia, ya que las quejas en estos dos años (y en los cinco anteriores de mi etapa como editor de JoF) han sido meramente anecdóticas y, sin embargo, no por eso deja de ser un interesante tema a tratar ya que muestran el lado oscuro de la relación editor-redactor.

Al final de la velada, tras varios pacharanes más y algún que otro ron con cola, decidí que estaría bien dejar por escrito algunas de las experiencias que habíamos compartido para ver si nos hacían reflexionar. De esta manera he querido plasmar algunas de las ideas que los editores pensamos que pasan por las cabezas de algunos redactores sobre la función reservada al editor y que creemos no se corresponden con la realidad. Voy a tratar de resumirlas en lo que he pasado a llamar Guía del buen rollo entre editor y redactor para solucionar conflictos mucho menos importantes que los que hay en Siria, por ejemplo, pero que debemos tener en cuenta porque estamos condenados a entendernos.

1. No somos el enemigo. Nos imaginamos a algunos redactores a punto de enviar el texto pensando: «A ver este cabronazo la que me lía». Sin embargo, cuando llega un texto, nosotros solo pensamos: «Por Darwin, que al menos esta vez haya puesto el formato correcto de las referencias». En serio. Estamos en el mismo equipo y nuestra única intención es que el texto cumpla los requisitos de la línea editorial y que esté impecable. Nada más.

2. No hacemos cambios por joder. Léase el punto 1. Solo hacemos los cambios necesarios y siguiendo la línea editorial establecida. Aunque tú pienses: «Me ha cambiado esa coma por joder», a nosotros nada nos haría más feliz que un texto al que no hay que tocarle eso, ni una coma. Además, a los que nos gusta escribir somos conscientes de que hay que ser sensible con los textos y que no se pueden hacer cambios a la ligera. Tenlo siempre en cuenta: también pensamos en ti.

3. No nos interesar dejar nuestra impronta en vuestro texto. Pues eso, ¿por qué íbamos a querer dejar nuestra impronta en vuestros textos, más allá de la línea editorial, si podemos escribir y publicar lo que nos dé la gana? Ya sabes, tenemos una web para hacerlo, así qué el gato es mío y me lo…

4. Seis ojetes ven más que dos. El «a mí es que me gustaba más como yo lo he escrito, pero bueno» cuando no te gustan los cambios pero tampoco puedes refutarlos es una especie de y tú más que no nos convence. Si no valoras nuestro estilo, experiencia y criterio igual no deberías publicar en este medio. Además, ten en cuenta que, al menos en Principia, la versión que se publica es el consenso entre tres personas, así que, si alguien se equivoca, igual eres tú (solo piénsalo, ahí lo dejo…).

5. Déjate el ego y la vehemencia/sarcasmo en casa. Si llamas o escribes como si se estuviera prendiendo fuego a tu casa o te acabáramos de frustrar tus opciones al premio Pulitzer de novela, ten en cuenta que con esa actitud solo puedes empeorar las cosas. Salvo que seas un psicópata o —simplemente— tengas falta de empatía, intenta ponerte en nuestro lugar, e imagina que yo te llamo y te digo: «Pero hijo-de-puta-cateto, cómo me mandas un texto donde pones “havía un árbol” o “iva camino de casa cuando…”» (casos reales). ¿Ves? ¿A qué es mejor hablar las cosas con tranquilidad? No obstante, aunque tengas razón y nos hayamos equivocado, también déjate el ego/vehemencia/sarcasmo/(añade aquí tu palabra favorita) en casa.

6. Si vas a quejarte, revisa antes la guía de publicación. Si únicamente vas a ponerte en contacto para quejarte porque hemos quitado la preciosa tilde a solo o a los pronombres demostrativos, antes léete las normas de publicación para no llevarte una sorpresa.

7. Sí, te dejo que lo veas antes de publicar. Claro, no hay problema. Pero no nos hagas reeditarlo salvo cuestión de vida o muerte: «es que queda más molón si ahora cambio los tiempos verbales de todo el texto…». Lo único que puedes conseguir como respuesta por nuestra parte será un «y un huevo». ¡Ah! y no nos obligues a que te expliquemos por qué te hemos quitado esa preciosa coma entre sujeto y verbo porque entonces te pasaremos la factura del oftalmólogo.

8. No, efectivamente: no soy el editor de ciencia del New York Times. Pero tú tampoco eres Julio Cortázar. Vamos a llevarnos bien.

9. No tienes que dar las gracias. Pero es todo un detalle. Si después de tu enfado resulta que recibes una excelente crítica a tu artículo y sabes que la edición ha sido fundamental, sería un detalle que nos lo agradecieses (algunos lo hacen, ¡que conste!). No es necesario porque editar es nuestro trabajo, pero seríamos un poquito más felices.

10. «Esos cambios no respetan mi trabajo». Si vas a afirmar eso con tanta rotundidad asegúrate que es cierto y de que tu texto nos respeta a nosotros y no es un bodrio infumable al más puro estilo Crespústulo.

11. Word ya tiene un corrector. Úsalo. Aunque también nosotros hagamos correcciones de ortografía, esa no es nuestra única labor. No reduzcas mi trabajo al del asistente con forma de clip al que haces desaparecer cuando te has cansado de verle mover las cejas.

12. No necesito que me lo edites ni que lo corrijas, gracias. AJAJAJAJA-AJAJ-A-JA-J-A… ¿Ah, que lo dices en serio? Sí, claro. Toma las claves del editor de la web y ya lo vas subiendo tú mismo cuando te apetezca… Y cierra al salir.

13. Somos humanos. Sí, también nos equivocamos. ¡Toma exclusiva! De hecho, aunque no lo creáis, agradecemos los comentarios, buenos y malos, pero siempre que no se encuentren en uno de los puntos anteriores y, por supuesto, con respeto. Por suerte estás antes un equipo editorial comprensivo y benévolo que no dudará en solucionar los errores. Sabéis que os tratamos como a reyes y reinas, solo nos falta daros de mamar.

Pero al final… en caso de conflicto, si todo lo anterior falla, lo sentimos, gana la banca. Si ninguno de los puntos anteriores funciona y tras darte las explicaciones oportunas sigues erre que erre, has de saber que nosotros hemos desarrollado la línea editorial, la conocemos mejor que tú (por muy identificado que estés con la guía de estilo) y queremos que siga los criterios establecidos. Revisa el punto 3 y aplica aquí también el tema del gato es mío y me lo…


Este artículo está basado en experiencias personales y ajenas, algo de dramatización y exageración andaluza de algún antepasado que seguro que tengo por ahí, junto con los vapores pacharaniles, aderezados con cáscara de humor, que es la mejor forma solucionar esos pequeños conflictillos que a veces surgen entre las parejas.

Aprovecho para dar las gracias tanto a redactores como ilustradores así como al resto del magnífico equipo editorial que hacen un grandísimo esfuerzo para que los textos de Principia queden impecables: Rafael Medina y Silvia Mielgo; Cristina Escandón y Javier Díaz-Romeral.

Sin comentarios

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *