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Los principios de Principia. Una charla con su editor: Enrique Royuela.

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Continuar trabajando para demostrar que las artes y las ciencias son humanas a partes iguales, beber de eso que viene a llamarse cultura.

Cuando regresar se hace costumbre, solo puede ser por una razón: sentirse tan bien que uno añora volver y compartir una vez más. Es, sin duda, la clave de la Librería Muga. Repites. Por eso Principia ha vuelto a ese rincón de la Avenida Pablo Neruda, a Vallecas, porque se siente como en casa. Se ha servido de una excusa que es, además, un motivo de celebración: sigue viva su esencia.

Enrique Royuela, editor de Principia al que todos llaman Quique, defiende con uñas y dientes que la ciencia es cultura. Es más, confiesa que es algo que le saca de quicio. Su argmento se sostiene en una reflexión que hace trizas la vieja costumbre de catalogar a la humanidad en dos grupos: los de letras por un lado, y los de ciencias por otro. «El foco de la ciencia siempre ha estado puesto en el ser humano. Desde la física hasta la biología, todo nuestro empeño ha consistido en tratar de explicar qué somos, qué hacemos aquí y porque todo lo que nos rodea es cómo es. Además, me fastidia mucho que la gente piense que la ciencia no es cultura, que cualquier otra disciplina de estudio lo es (historia, literatura, arte, etc.), pero no la ciencia. La cultura es conocimiento, y como tal no se pueden separar ciertos tipos de conocimientos porque ahora hayamos decidido que la gente tiene que elegir entre un tipo de conocimiento u otro. No tiene sentido».

Enrique Royuela, «Una única cultura»

Pura emoción

Principia es una revista que entra por los ojos. Resulta imposible ojear sus páginas sin dejarte seducir por los temas que alberga en su interior. Despierta tu curiosidad, te atrapa entre sus líneas. No abusa de esos tecnicismos endiablados que tanto aborrece el lector que desiste ante tanta palabrería y tan poco concepto. O como dice Quique, «si te quedas en la superficie de las historias y no llegas a tu interlocutor, si no desatas cualquier tipo de emoción, no llegas, no lo percibe, no empatiza, y dejará de interesarse». Menos mal que en Principia las historias se cuentan «desde una perspectiva más humana, que es lo que nos une a todos», asegura su editor.

Claro que, en este juego de sedución tiene un papel muy relevante la ilustración. Principia pinta la ciencia, colorea conceptos. Las ilustraciones son una suerte de traductor instantáneo que agiliza la comprensión de eso que lees, pero que no logras visualizar. «La ilustración te permite alcanzar niveles de abstracción complejos que solo con explicaciones científicas serían muy difíciles de alcanzar. Es una tarea muy muy complicada que los ilustradores hacen que parezca sencilla». Pero no lo es, obviamente.

Principia Kids, a.k.a. «La niña bonita»

Especialmente complicado es conquistar al público infantil. Son inagotables. Desprenden creatividad a raudales que hay que canalizar. No puedes jugarles sucio. No les vale cualquier historia. Quique, ambicioso, se ríe y asegura que sería estupendo conseguir que «cuando los niños terminen de leer se queden con los ojos y la boca abierta y digan a sus padres: “Quiero dibujar la gravedad”». Por ahora, en Principia Kids no limitan su creatividad y les ofrecen una amplía gama de temas sobre los que dejar volar su imaginación. «Hablamos sobre todas las disciplinas posibles, incluso publicamos poesía. Creemos que en el equilibrio está el secreto».

Seguir trabajando

Repasando el lema de Principia, nos hallamos ante una dura realidad con la que convive todo el equipo: la necesidad de consolidarse. Más allá de que se lo merezcan, pues han invertido no sólo sus ahorros, también su tiempo y mucho esfuerzo, hay un motivo más. Principia es necesaria y única. «Nosotros hemos apostado por comunicar ciencia de una manera distinta, algo que no se estaba haciendo hasta ahora, utilizando recursos narrativos más allá de los clásicos artículos académicos llenos de tecnicismos que a la gente le importan un pimiento. Parece que hay quien no se quiere dar cuenta que para que exista comunicación tiene que haber un interlocutor y un receptor, pero si el receptor no recibe el mensaje de la manera adecuada esa comunicación se pierde. Y en ese punto está la ciencia respecto a ala ciudadanía. Nosotros nos hemos puesto llegar hasta ellos pero con el máximo rigor. Y estamos viendo que sí se puede. Así que te podría decir que este proyecto se debería consolidar porque es un beneficio mutuo».

Cada día es un reto. No es tarea fácil esta de vender revistas. «Tienes que sacar tu lado creativo cada día y pensar en qué puedes hacer para llegar a más gente. Y no es solo una cuestión económica. Muchos han sido los que han intentado sobrevivir en este mundo editorial y no lo han conseguido, así que algo estaremos haciendo bien». Pero Quique no tira la toalla. Insiste: «el principal obstáculo al que nos enfrentamos es el de tener que explicar a mucha gente que LA CIENCIA ES CULTURA». Así, en mayúsculas.

Eso sí, este intrépido editor advierte: «Apenas estamos despegando». Claro que también reconoce que aún tienen muchas asignaturas pendientes. Y se lanza a la conquista del espacio con un paralelismo cósmico: «ahora viene cuando llegas a un planeta nuevo y tienes que ver cómo funciona y si puedes encontrar vida inteligente en él». Se ríe. Y regresa a la Tierra. Vuelve a poner los pies en el suelo. «En este momento estamos trabajando mucho el tema de unir el mundo analógico del papel con el mundo digital, pero esto ya os lo contaremos en otro momento, porque lo que estamos preparando tiene tela».

El vino de después de la charla en Muga

Principia está a la venta —o disponible en un par de días o tres como mucho, somos más rápidas y limpias que Amazon, oiga— en toda la generosa red de librerías con la que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano o tienes algún problema para conseguirla, pregúntanos, librerantes@librerantes.comque te lo solucionamos en un momento.

 

1 Comentario

  1. […] fue un día bastante triste (salvo la tardenoche, como luego estuvimos de librerías). Muy triste; me lo pasé discutiendo con una librera a la que un tipo más listo que donde los […]

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