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«Los gatos están en el mundo para enseñarnos a ser felices». Una conversación con Katy Parra

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La autora, Katy Parra con el gato Hamar, que significa “Diez” en euskera

Según un estudio del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, existen en España casi millón y medio de hogares con gato, y más de dos millones de felinos en ellos. A estos hay que sumar los llamados gatos callejeros. Digamos que son una población considerable. Si en la antigüedad fueron dioses, hoy día son lo reyes del Youtube y las redes sociales. Un considerable peso de internet está dedicado al gato, tal cual. Esto demuestra que ya sean deidades o sencillos animales de compañía, cazadores de ratas en el campo o motivo de inspiración artística, los destinos del ser humano y los gatos están estrechamente unidos desde hace siglos y siglos. Dos especies condenadas no ya a entenderse, sino a ser algo más que colaboradores donde, sin embargo, y como suele ser habitual, el gato se sigue llevando la peor parte en forma de maltratos o abandonos. Muchas personas ponen su granito de arena para luchar por los derechos de esta especie en particular y de los animales en general. Y una de ellas es Katy Parra, que para la ocasión ha publicado en la editorial Newcastle Memorias de un gato de buena familia, libro que se refleja en su sinopsis como literatura animalista.

Un gato de buena familia se define como «literatura animalista». ¿En qué consiste?

Se denomina literatura animalista porque se enfoca hacia la defensa de la naturaleza y los animales y a transmitir respeto por ellos. En esta ocasión son relatos, otras veces he escrito poesía. Y esta filosofía es la que está tras los textos.

Todavía en el 2016 parece que España está un paso por detrás en cuanto a la defensa de los animales. Pero tanto en el sentido general como en el respeto a la propia relación que tienen los demás en el ámbito cotidiano con sus animales. Por un lado están los excesos que todos conocemos de forma general, pero en el día a día mucha gente sigue viendo mal que alguien considere a su mascota un compañero o un amigo, o sea, algo más que una mascota.

España, a nivel evolutivo se ha diferenciado muchísimo de otros países europeos. Hace 20 años en Francia ya había un movimiento animalista notable, mientras aquí en España ni siquiera estaba mal visto que alguien abandonase a su perro o a su gato, o incluso que lo matara porque ya no lo quería. Ahora está empezando a haber un movimiento de concienciación. Vamos muy despacio. Pero creo que estamos en el camino correcto.

Nunca ha estado más de moda el gato, casi se podría hablar, exagerando, de burbuja de los gatos, onmipresentes en las redes sociales. Se produce una verdadera locura por ellos ¿Escogió a este animal debido a estas tendencias?

No, no tiene nada que ver con la moda. Yo nací y me crié con gatos. Dentro de mi cuna, en vez de peluches, tenía gatos. Siempre he convivido con ellos. Ha sido una convivencia muy estrecha, de hermanos, de iguales… y con muchos más animales también: cabras, pájaros, perros… pero con los gatos tengo un vínculo muy familiar, muy estrecho, de ahí que yo me sienta gata en muchos aspectos por cierta psicología felina.

¿En qué se basa esa psicología felina?

Yo creo que los gatos están en el mundo no sólo para considerarlos dioses como hicieron los egipcios sino para enseñarnos a ser felices. Los gatos son los amos de la felicidad, los que mejor saben gestionar el tiempo que tienen, ya lo dediquen a cazar o relajarse.

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La gata Sorgintxu, también de buena familia

Siempre ha habido ciertas personas, y entre ellas muchos amantes de los animales o las mascotas, que sin embargo le tienen cierta ojeriza a los gatos, a los que se llega a calificar de ariscos o incluso traicioneros.

Creo que esa mala prensa es simple desconocimiento. Los gatos no son más ariscos que los perros, son más desconfiados. El perro es más fácil de convencer, más noble, más dócil, más sumiso. El gato no. A la hora de defenderse de ciertas situaciones o de enfocarlas es mucho más astuto. Leonardo Da Vinci dijo «hasta el más pequeño gato es una obra maestra». A algunos humanos les asusta lo que los gatos representan, esa belleza y esa libertad que a la mayoría de nosotros nos resulta inalcanzable e incomprensible. Hay demasiada ignorancia respecto a ellos. Son criaturas mágicas, los que convivimos con ellos lo sabemos.

Comentaba anteriormente que vivió de pequeña en un lugar con muchos animales. ¿Dónde fue?

En la típica casa de pueblo con patio enorme. Mi padre era cabrero y yo vivía con 45 cabras, dos burros, una mula, 13 gatos… y me crié con ellos.

¿Cómo se adaptó más tarde a la vida en las ciudades partiendo de semejante infancia?

Se hace raro. Da la sensación de echar constantemente en falta a tu manada. Pero te adaptas porque no te queda más remedio si quieres estudiar y evolucionar.

Antes comentaba ciertas diferencias entre el carácter de los perros y el de los gatos. ¿Se puede diferenciar también en su caso el de las cabras, mulas o burros?

De entrada los perfiles de una especie a otra, claro, son diferentes. Pero es que cada ejemplar tiene a su vez su personalidad. Por ejemplo, si hablamos de gatos, Hamar [el que aparece en la primera de las fotografías] es muy tranquilo, atiende por su nombre y viene, al igual que los perros. Sin embargo Sorgintxu [la gata que aparece en la segunda] es más inquieta, independiente y viene cuando le da la gana. Tengo además, entre otros, a un gato persa. Este directamente es altivo y considera plebe a los demás gatos, no se relaciona salvo con humanos. Tiene complejo de superioridad [risas].

Siguiendo con estas personalidades, o gatonalidades, no sé si tiene gatos romanos. En Andalucía, supongo que también en el resto de España, está el dicho «tienes más mala leche que un gato romano». 

Pues mira, es muy curioso. Tengo dos. Los recogí cuando los tiraron a un contenedor. Son hermanos. Uno es dócil, noble y cariñoso. El otro introvertido, tímido y debido a ello algo arisco. Tienen su personalidad diferenciada aunque son hermanos. Y desde luego no responden al dicho.

El título del libro hace referencia a un gato, pero además de buena familia.

Digo de buena familia porque cuando un gato cuenta con la suerte de tener un hogar y una familia que lo cuide tiene muchas más posibilidades de llegar a viejo, mientras que hay un enorme porcentaje de gatos que son abandonados al nacer o poco después. Esos no es que no sean de buena familia. Sencillamente no la tienen. Así que ese «de buena familia» es una ironía. Significa en el fondo tener la suerte de tener una familia.

¿Y qué más se puede encontrar el lector en este libro?

En el libro yo hablo la mayoría del tiempo como gato, aunque a veces hable como humano. Es el libro de un gato que escribe. Es una obra autobiográfica. Voy contando anécdotas que he vivido desde el plano de un gato, viendo cómo actúan mis hermanos humanos. Aprovecho la ocasión para hacer un poco de crítica social e invitar a la reflexión.

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