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Las mujeres parecen fantasmas que atraviesan, invisibles, las calles

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El Libro: Escuchar Irán, de Patricia Almarcegui.
Lugar: Librería Rafael Alberti. Calle Tutor, 57. Madrid
Hora: 19:00 h. La redactora, que va a hacer también unas fotos, llega una media hora tarde por un error fatal de cálculo. Piensa, según escribe estas líneas, que tal vez no sea buena idea hablar de sí misma en tercera persona. Lo deja estar.
Intevienen: Javier Castro, editor de Newcastle; Jesús Marchamalo, escritor y periodista; la propia autora.

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«Este libro es un relato pasado. Parte de un viaje hecho ya hace tiempo. Siete semanas sola en Irán en el año 2005. Después he vuelto en dos ocasiones y he residido en Shirza. En cada viaje, los iraníes me han mostrado y me han hablado de un país diferente»

Así comienza Escuchar Irán. «Mi primer libro de viajes».

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Ya finalizando el encuentro, que dicen en la Alberti, el periodista pedirá a Patricia que escoja un fragmento para leerlo en voz alta. Iba a transcribir justo esos párrafos aquí, las preguntas de Maniré —«Su voz es dulce y habla muy despacio mientras mueve las manos al compás de sus pasos y preguntas»— porque no había aún podido leer el libro. Ahora, ya leído, voy a escoger otros.

«Me gusta que compartamos el espacio público juntas. En ciertos países musulmanes, las mujeres parecen fantasmas que atraviesan, invisibles, las calles. Flotan con delicadeza como si quisieran integrarse en las pareces y desaparecer. Ser un muro. El artista francés Robert Cahen tiene un vídeo cuyas imágenes no se olvidan jamás. Filma a las mujeres en la capital del Yemen, Saná, un sitio nada neutral donde parecen no existir y deambulan por las callejuelas de adobe. Cahen elige como fondo musical La pasión según San Mateo de Bach. Una elección valiente y lo que más me atrajo de su trabajo cuando vi el vídeo por primera vez en Barcelona. Al resto del público no le ocurrió lo mismo. “Cómo se atreve a ponerla”, le increpó alguien. La música de Bach, símbolo de la más alta cultura europea, acompañando a una imagen de una mujer musulmana velada de negro. Sin embargo, ese era su mayor acierto. Para la representación más tópica de la mujer oriental, la música que recoge los tópicos de la cultura occidental. Una al lado de la otra ponen en evidencia los estereotipos con los que se ha representado a Oriente y Occidente».

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«Durante siglos, el espacio público ha estado vetado a la mujer. Se redujo a la iglesia, la mezquita y al camino entre la casa y los lugares religiosos. Las mujeres de la clase social más baja también iban a la fuente, al lavadero y al huerto. Espacios considerados como “peligrosos” pues al ser “abiertos” podían encontrarse con hombres. De allí que la lírica tradicional esté llena de versos que avisan de ellos y que se han materializado en fórmulas como “no me lleves al huerto” o “tanto va el cántaro a la fuente…”».

Y lo vamos a dejar así. Los libros son para leerlos, acaso comentarlos con los amigos. Éste más. «A pesar de los que nos contaron, la mujer que viaja no es peligrosa».

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