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‘Las hogueras’, aquel premio Planeta de récord: Concha Alós

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Concha Alós sonríe desde otra época. Mira a la cámara sosteniendo en la mano izquierda una copa de champán achatada, con los dedos índice y meñique estirados en un gesto demodé. La cabeza tocada por un moño esculpido con laca y el cuello del vestido con un corte sesentero. Semejante estampa solo puede completarse con unas gafas de pasta oscura que enmarcan una cara ovalada en la que renegrean dos cejas llamativamente separadas.

La viva imagen del glamour para lo que parece la portada de Blanco y Negro del día 1 de diciembre de 1962. Había ganado un Planeta que no pudo recoger. Los derechos de la novela premiada, Los Enanos, fueron reclamados por Plaza & Janés, sello con el que la autora había comprometido su edición. ¿Por qué luce entonces contenta y engalanada en Blanco y Negro? Seguramente porque la novela, acompañada del escándalo del premio invalidado, preludia una carrera literaria fulgurante, que no por breve dejó de estar plagada de éxitos.

Éxitos de ventas y de crítica. Dos años después del escándalo de Los Enanos, Concha Alós volvió a ganar un premio Planeta. Suceso único en la historia del galardón. En esta ocasión correspondió a Las Hogueras, la novela que Recalcitrantes recupera ahora para los lectores.

En la imagen que publica Blanco y Negro en 1964 para acompañar la noticia del premio, Concha tiene una apariencia muy similar a la que exhibe dos años antes. Como novedad, un collar de grandes perlas blancas. Realmente no hay nada en la escritora que desentone con el título de la sección que acompaña la primera fotografía. «Cuarto de estar. El rincón de la mujer». Si no fuera por su vida y por sus libros, cualquiera pensaría que Concha es un «ángel del hogar».

Nada más lejos de la realidad. Concha Alós escribió «inconveniencias», según los registros de censura de la época. Las Hogueras es una de ellas.

Concha 01
La escritora Concha Alós (imagen cortesía del diario Última Hora)

En esta novela presenta un fresco de personajes atrapados en un espacio geográfica y existencialmente insular en un tiempo de autarquía mucho más moral y política que económica. Un espacio-tiempo de cambio entre el mundo de la posguerra, ligado al recuerdo del conflicto y de la represión, y un nuevo mundo que nace de un salto al vacío desde la memoria. Las Hogueras, escrita cuando la dictadura franquista inicia la andadura del desarrollismo —de esa etapa pretendidamente modernizadora en la que quizá cabe cifrar el origen de nuestra democracia— es un relato honesto y desgarrado en el que destacan dos personajes femeninos; dos mujeres atrapadas en sendas existencias a la deriva. Una exmodelo y una maestra a las que la vida ha desposeído de ternura, que asumen sus destinos conduciéndose como si no pudieran más que ahondar en sus heridas. Como si en su mano solo estuviera galopar el curso del destino sin mostrar más resistencia que la apatía o el escapismo. «Podía hacer muchas cosas, podía hacerlas, pero su temperamento, su carácter, la falta de costumbre, su condición de mujer se lo impedían». Como si no hubiera salida posible de esa Palma soleada, tan distinta de una lejana y sofisticada Europa —sublimada por la exmodelo— tan rural y tradicional como imposible de doblegar —en la imaginación de la maestra—. Un mundo en el que «Las palabras, algunas veces, no hacen falta. Y no existen».

Junto a la noticia del Planeta de 1964, en la misma página de Blanco y Negro, puede leerse otra que dice «El Generalísimo Franco y el Almirante Thomas inauguran el salto de Aldeadavila». Terminan así las obras del «tramo internacional» del río Duero. Acaba la autarquía; comienza la apertura. La novela de Alós parece incidir en la grieta que se abre justo cuando empieza a desaparecer lo viejo y lo nuevo no acaba de nacer. En esa circunstancia la individualización de la experiencia y una cruenta soledad se apoderan del relato. Si algo refleja la novela con precisión es la incomunicación de los personajes y la consiguiente vulnerabilidad de unas mujeres condenadas a hablar, únicamente, consigo mismas. No hay amor ni inteligencia que las libere de una soledad a la que las condena un país en el que no se puede vivir si no es con la conciencia adormecida.

Si Las Hogueras escandalizó en su época fue porque ni el realismo social ni el existencialismo que destila eran convenientes en una mujer. Más que los temas tratados, inquietó el hecho de que fuera una mujer quien los abordara. Posiblemente, esta misma razón —junto con otras que tienen que ver con las peculiaridades del mercado editorial español— está tras la desaparición de las novelas de Concha de las librerías. Ya es tiempo de que vuelvan.


Las hogueras fue galardonado con el premio Planeta en 1964. La editorial Recalcitrantes, que basa su trabajo en la literatura escrita por mujeres, acaba de recuperar este título.

1 Comentario

  1. […] obligatorio, cuando se publica un libro, presentarlo al público», explicaba Noelia Adánez, escritora y editora de Recalcitrantes, «Y aquí estamos». A sus ochenta y tres años y residiendo […]

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