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La gran mentira que se le escapa al polígrafo. Leyendo Principia

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No pensé jamás que algún día me despertase curiosidad algo de ese programa. Sin embargo, tengo que admitir que me hizo gracia el juicio a una joven que habría sido infiel a su chico. Lo cierto es que el jurado mediático otorgó plena fiabilidad al resultado aportado por dicha máquina: la máquina de la verdad o, mejor dicho, de la mentira. No ha lugar más pruebas. Muy dramático todo, para qué les voy a mentir, si me van a pillar.

Admito que no tenía ni la menor idea de cómo funcionaba este aparato. Ni siquiera me había dado por investigar si realmente tendría alguna aplicación práctica en otros ámbitos como, por ejemplo, el judicial. Parece ser que sí. O, al menos, lo tuvo.

El culpable de esta realidad

Corría febrero de 1935, cuando el detective Leonarde Keeler presentó el primer detector de mentiras. Fue utilizado en un juicio y los datos obtenidos fueron considerados como prueba acusatoria. ¡Quién me lo iba a decir! Hasta solera tiene el dichoso aparato.

Keeler trabajaba como agente en la policía de Berkeley cuando se puso manos a la obra y desarrolló su gran invento. Se basó en el dispositivo creado por su compañero, el estudiante de medicina, John Larson. Con este aparato, su amigo medía la presión arterial y la respiración y era capaz de registrar los resultados en papel durante la medición. Keeler lo mejoró. Logró registrar también la conductividad galvánica de la piel y el pulso, además de añadir un registro mejorado en papel continuo. Nacía lo que hoy conocemos como polígrafo.

Pero, ¿cómo se detectan las mentiras a través de estas mediciones? El detector de mentiras se basa en la idea de que estas respuestas del cuerpo varían según el sujeto examinado diga la verdad o diga puras mentiras. Es tan sencillo como controlar el pulso, la presión arterial o la respiración. El nivel de ansiedad varía si el sujeto miente. Si dice la verdad, ¿por qué iba a alterarse?

Para demostrar que alguien miente, el sujeto es sometido a una serie de preguntas previas en una sesión donde el entrevistador muestra que el detector es infalible. Conviene pues contestar con la verdad más verdadera. Esta entrevista puede durar varias horas. Es más, les llegan a hacer mentir deliberadamente para medir los valores fisiológicos del entrevistado ante la mentira. Superada esta primera fase, comienza la hora de la verdad. El entrevistado responde a las preguntas del cuestionario real sin más.

Esquema del polígrafo. U.S. Patent 4,333,084 (Principia)
Esquema del polígrafo. U.S. Patent 4,333,084 (Principia)

Científicamente no demostrado

Ahora bien, ¿pueden las alteraciones de los valores fisiológicos estar causadas por otros factores que no tengan nada que ver con la sinceridad de las respuestas dadas por el entrevistado? Según la Academia Nacional de Ciencias estadounidense, existe una falta de evidencia científica que determine que la variación de las reacciones fisiológicas esté relacionada únicamente con mentir. Muchos resultados están determinados por la implicación emocional del propio examinador, no siempre imparcial.

Es más, si el entrevistado es tan hábil en el arte del engaño, ¿no podría burlarse también de la máquina? Claro. Sólo tendría que alterar las respuestas a las preguntas de control en la sesión previa o alterar deliberadamente las funciones fisiológicas ante cada respuesta y que todas parezcan similares.

Es tal la nula fiabilidad de este dispositivo que en Estados Unidos, varios órganos judiciales donde esta prueba se admitió como válida, determinaron que tiene la misma validez que elegir cara o cruz al tirar una moneda al aire para determinar si un sospechoso miente o no.

En definitiva, quizás esta chica sea una fiel y abnegada novia, que simplemente se puso nerviosa por la presión mediática, lo imponente de los focos de la televisión… qué se yo. Igual el gran mentiroso es el dispositivo, cuyas variaciones fisiológicas tengan más que ver con las cifras de audiencia que ponen de los nervios a los directivos de la tele. Vaya usted a saber. Hasta yo puedo estar mintiendo y ustedes ni lo saben.


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