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La Escuela Errante: un aprendizaje sin esquemas fijos

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El correo electrónico y los mensajes de texto primero, los tuits y whatsapps más tarde, además de todo tipo de páginas con escritos breves, poco hacían pensar que las entrevistas, crónicas y reportajes más extensos que jamás ha conocido el periodismo podrían tener un hueco entre los lectores en una pantalla de ordenador. Y, sin embargo, ese público existía, también los profesionales dispuestos a llevar a cabo ese trabajo. Unos y otros se encuentran en diversas webs, siendo fronterad una de las más conocidas y longevas en el desarrollo de labores de periodismo clásico combinadas con las oportunidades que ofrece Internet.

«fronterad surgió a partir de la necesidad de escribir textos de largo aliento, de periodismo narrativo. Digamos que la página se quedó corta ante la multitud de personas jóvenes que querían aprender esas técnicas del periodismo narrativo. Y a partir de ahí nace la idea de la Escuela Errante, que no pretende repetir el esquema de las universidades y que desde el principio se abrió al periodismo pero también a cualquier disciplina»

Las palabras de la responsable de promoción y difusión de la Escuela Errante, Gloria Serrano, resumen el espíritu de un proyecto que el próximo octubre retoma una serie de cursos basados en un modo distinto de aprendizaje, donde la creatividad y la interacción con los profesores —siempre expertos en cada materia, con una trayectoria reconocida— trata de fomentar enseñanzas difíciles de obtener en los cursos de formación reglada.

Un buen ejemplo fue el primero de estos talleres de la Escuela Errante, dedicado en aquella ocasión al teatro y a cargo del dramaturgo Miguel del Arco. Consistió en la asistencia a los ensayos de su versión de Hamlet y, más tarde, a la propia obra representada, comparando dicha versión con el original shakesperiano, un modo original de saber cómo funcionan no sólo todas las parcelas del teatro (desde la interpretación a la iluminación), sino la propia inventiva humana.

«Es un aprendizaje más rico, más creativo, donde los participantes se sienten con la libertad que ofrece no seguir un esquema fijo ni presentar determinados trabajos. Algo muy importante es que es un aprendizaje sobre la marcha, resultado de la experimentación y muy relacionado con la serendipia, en el sentido de que se pueden adquirir conocimientos que no se tenían pensados adquirir», añade Serrano. «Y junto a eso por supuesto el compromiso de impartir todo aquello que señala el programa».

La responsable de la Escuela Errante nos explica además algunos proyectos en marcha que sirven perfectamente para reflejar el espíritu de esta particular «universidad» sin sede ni profesorado fijo. Por ejemplo, un recorrido a modo turístico por diversos puntos de Madrid que han sido importantes dentro del trabajo periodístico de diversos corresponsales. Ese recorrido sería la base para enarbolar enseñanzas en la materia desde una perspectiva diferente. Otro ejemplo interesante será el curso que partirá de una exposición del Museo Reina Sofía para a partir de ahí tratar del comportamiento de los seres humanos y los primates.

Esta docencia al margen de lo tradicional se enfoca fundamentalmente en disciplinas creativas; la duración de los cursos va de unas pocas jornadas a tres meses. A su vez, los profesores tienen una libertad total para plantear los cursos y su funcionamiento. El único esquema, como indica su promotora, «es que no hay un esquema fijo».

En principio, esta escuela errante ha impartido cursos en diferentes lugares, pero siempre de Madrid. Los proyectos para ciudades de España están ya en marcha en incluso cabe la posibilidad de que comience también en Méjico, de donde es precisamente originaria Gloria Serrano.

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La escuela errante en fronterad

Abrimos ahora esta escuela errante, que quiere ser otra forma de cultivar el arte de escuchar. Es una escuela que, como su nombre indica, no tiene sede. Y se propone impartir enseñanzas inútiles, las más necesarias.

Cuando crecemos perdemos la capacidad de dibujar sin miedo, de actuar sin miedo, de pensar sin miedo. De hacer preguntas sin miedo. De hablar sin miedo. Esta escuela no pretende forjar un nuevo curriculum académico. No desdeña la academia, pero sí sus momias, sus repeticiones y saberes orientados cada vez más a la cuenta de resultados, a la rentabilidad. Al precio, no al valor. Aprender de nuevo la diferencia entre valor y precio podría ser una de las asignaturas que impartiremos. Buscamos maestros y alumnos dispuestos a aprender lo que ni siquiera sospechaban. Compartir saberes, aventurarse en lo desconocido.

La escuela errante quiere alumnos dispuestos a aprender disciplinas, géneros, estilos, pensamientos que nos ayuden a leer mejor el mundo, a entender la gramática del teatro, a mirar un cuadro, a descifrar el secreto de un poema, a dibujar como cuando no teníamos más pretensión que dibujar lo que veíamos y, por lo tanto, lo que sentíamos. Pero también a separar, o a integrar mejor, los sentimientos y las razones, la percepción y los argumentos. La lógica, la retórica, y la emoción.

La escuela errante ofrecerá cursos a medida, en todo tipo de ámbitos, en anfiteatros y bajo los árboles, en sótanos de librerías y en iglesias abandonadas, a bordo de una furgoneta y en el estudio de un fotógrafo, en una reserva de primates y en una galería de arte, en un aula y en un museo, en un palomar y en una carpintería.

Buscamos alumnos que quieran compartir la aventura periodística y vital de fronterad, una revista que pretende, en su ambiciosa ingenuidad, volver a cultivar las artes y las ciencias, la razón y la sensibilidad, ciudadanos del renacimiento en la época de la perplejidad, el miedo, la confusión, y las grandes esperanzas. La escuela errante es, como fronterad, una invitación para las inmensas minorías.

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