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La Danza del gorrión de Marta Azparren. Un escenario de 10 x 6 cm

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Un libro al son de una danza —milenaria— dibujada

Del lat. liber, libri.

1. m. Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen.

Un libro es, en la mente colectiva, un conjunto de muchas hojas de papel que forman un volumen. Una definición correcta que también acepta la Real Academia Española. Entonces, ¿alguien podría crear un libro que sonase al son de una danza que también pudiera contemplarse en sus páginas?

Imagina un escenario que mide 10x6cm, la dimensión de la Danza del Gorrión (Libros de la Resistencia, 2016. ISBN 9788415766292). Toma en tus manos el libro, ábrelo y deja que las hojas vayan pasando una a una por delante de tus ojos. Escucharás el aleteo del gorrión. Verás cómo un bailarín, en blanco y negro, interpreta una danza que aún pervive en la tradición nipona. Viajarás, en menos de medio minuto, a Sendai y vivirás el festival anual de Aoba, que se celebra cada mes de mayo. Pero en realidad sólo tienes en tu poder un «pedacito» de la obra publicada dentro del Volumen 3 de la colección de Manga (1815).

Detalle de la plancha «Danza del gorrión», de Hokusai

El autor se define a sí mismo como un viejo loco por el dibujo. Sus 88 años de vida, más de 44.000 obras, 90 cambios de domicilio y una nutrida lista de seudónimos han convertido a Katsushika Hokusai (1760-1849) en un claro referente del más refinado grabado japonés.

Hokusai, un gran desconocido

Un recorrido por sus páginas permite ir descubriendo qué fue de la vida de este pintor y grabador japonés, cómo entendió su cometido en ella. Marta Azparren, encargada de la edición, lo confirma: «Pretendíamos darle voz al artista a través de los propios textos que aparecen en sus manuales de dibujo, en los prólogos y epílogos de sus libros, algunas cartas o citados por sus biógrafos (Edmond de Goncourt, Henri Focillon, Edward S. Morse, Edward Fairbrother Strange…). A través de sus palabras se deslizan detalles de su biografía, de su técnica, de su personalidad y de las sucesivas transformaciones a lo largo de su extensa carrera. Hay una cierta cronología en la selección, pero sobre todo es un viaje por el pensamiento y la experiencia de un creador».

Siendo fieles a sus citas, Hokusai jamás consideró concluida su misión en este mundo. «A la edad de cinco años tenía la manía de hacer trazos de las cosas. A la edad de 50 había producido un gran número de dibujos. Con todo, ninguno tenía un verdadero mérito hasta la edad de 70 años. A los 73 finalmente aprendí algo sobre la verdadera forma de las cosas, pájaros, animales, insectos, peces, las hierbas o los árboles. Por lo tanto, a la edad de 80 años habré hecho un cierto progreso, a los 90 habré penetrado más en la esencia del arte. A los 100 habré llegado finalmente a un nivel excepcional y a los 110, cada punto y cada línea de mis dibujos, poseerán vida propia». Murió con 88 años.

Ante estas afirmaciones, que dejan entrever cierta vanidad, Azparren admite que «la personalidad que se trasluce en sus escritos es una combinación de humildad y soberbia en ocasiones chocante, pero teñida y en cierto modo redimida por esa pasión que sentía por representar todo lo visible».

Con todo, hay una realidad tan aplastante como la inmensidad de su producción artística: no fue lo suficientemente reconocido. Su obra fue fuente de inspiración de contemporáneos y de autores impresionistas como Henri de Toulouse-Lautrec, Paul Gauguin, Edgar Degas, Vincent Van Gogh y Claude Monet. Azparren considera que Hokusai ha sido siempre un artista popular, pero quizá no tan valorado. «La gran exposición en 2014 en el Grand Palais de París y la de este año en el British Museum de Londres parecen indicar que su obra empieza a ser reconocida de otra manera. Todo el mundo conoce la Gran ola de Kanagawa (aunque muchos no pudieran nombrar su título ni su autor), incluso algunas de sus vistas del Monte Fuji, pero no tantos han disfrutado de sus volúmenes del Manga, o de sus manuales de dibujo menos conocidos. Y es conociendo toda su abrumadora producción, cuando se descubre la dimensión de este artista».

Gran ola de Kanagawa, de Hokusai
Gran ola de Kanagawa, de Hokusai

Un pedacito de inmensidad

Azparren desvela que el responsable de esta selección fue un documental «En 1953, Teshigahara realizó un documental sobre Hokusai en el que aparecen algunas animaciones hechas a partir de sus dibujos del Manga. En paralelo, surgió la idea de completar el librito con algunos de sus textos, consejos y reflexiones, de tal manera que pudiera leerse de varias formas y a distintas velocidades: la de la animación del dibujo, el tiempo de la reflexión de sus escritos, o abrirlo al azar y leer una doble página casi como un pequeño oráculo. A partir de esta idea elaboramos la animación con los 33 dibujos que aparecen en las dos planchas del Manga, no siguiendo el orden de lectura japonés, sino la lógica de un movimiento fluido y repitiendo algunos dibujos para completar el ciclo de la danza».

«Este pequeño volumen, afirmo, será una joya preciosa para la posterioridad, y las personas que lo encuentren en sus manos deben estudiarlo con toda confianza». Más de doscientos años cumple esta suerte de profecía que, además, puede presumir de no haber perdido vigencia.

Pocas fueron las técnicas que se le resistieron a este polifacético pintor, y escasas las escenas que escaparon a su trazo. Él mismo lo reconocía al afirmar «No hay nada en la naturaleza que yo no haya intentado». Azparren suscribe estas palabras: «Dedicó su vida entera a pintar todo aquello que se puso delante de sus ojos y todo lo que imaginó. Su obra sería algo parecido al inventario exhaustivo de un mundo posible. Su longevidad, que aún así se le quedó corta para completar su proyecto, le permitió probarlo todo: el cuadro más grande, la miniatura más pequeña, pintar con las uñas, de un solo trazo…  y le concedió tiempo para reflexionar sobre su propia producción, su técnica y el arte de su tiempo».

Cumplió 18 años siendo aprendiz de grabador en un taller, donde Hokusai se empapó del arte de la impresión. «Hasta los 19 años, mi oficio fue el de grabador; a esa edad, renuncié y me hice pintor. Fue porque Shunko —el condiscípulo del taller del maestro Shunsho que rompió uno de sus dibujos por no ajustarse a sus enseñanzas— me insultó por lo que me convertí en un hábil dibujante». Sólo así se entiende las claras lecciones de grabado que nutren el libro que nos ocupa. Consejos que emanan de la experiencia y que van dando paso a reflexiones más profundas sobre su vida y su gran salto al dibujo. Retrató como nadie la forma de vida del Japón del siglo XIX, ignorando que cada uno de sus limpios y contundentes trazos serían fuente de inspiración dentro y fuera de las fronteras de su país natal.


La Danza del Gorrión está a la venta o disponible en un par de días o tres como mucho, si en ese momento no lo tienen, en toda la generosa red de librerías con la que trabajamos. Si no ve en el mapa una que le quede a mano o tiene algún problema para conseguirlo pregúntenos: librerantes@librerantes.com

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