Inicio»Puentes»Negratinta»Iñárritu vuela alto [Por Javier Molina]

Iñárritu vuela alto [Por Javier Molina]

0
Compartidos
Pinterest Google+

Desde que vi Amores perros en el año 2000 –hace ya 16 años–, no he dejado de seguirle la pista. La primera película de Alejando González Iñárritu me marcó profundamente y fue culpable de que hoy viva en México y del amor-odio que me sigue despertando este monstruo sísmico mal llamado ciudad. Antes de que pegara el pelotazo final con Birdman, afirmaba sin dudarlo que era mi director favorito, el que más me llenaba. Lo sigue siendo. El mío y el de medio mundo.

Pero, no nos olvidemos, la unanimidad en reconocer su genio, es reciente. Antes de Birdman, poca gente compartía mi entusiasmo. «Es tremendamente dramático», me decían unos y otros. Triste, oscuro, deprimente… Lo es, claro que sí, pero como dice Rodrigo Fresán, el infierno de los personajes es el paraíso del lector y del espectador. ¿O no es trágica y desesperante la literatura de Dostoievski, la de Flaubert, la de Kafka, la deChirbes? ¿No son lúgubres los mejores temas de Johnny Cash, Nick Cave o Sabina? ¿No es tétrico y oscuro el mejor arte de Caravaggio, Rembrandt, Goya, Picasso…?

Iñarritu

Son infiernos de desesperación y paraísos de arte, retratos insuperables de la condición humana y de los recovecos más profundos y oscuros del alma. Así son –para mí- las mejores películas de Iñárritu, e incluyo aquí a tres de las iniciales: Amores perros, Babel y Biutiful. No me gustan sólo por ser tristes y oscuras (de hecho, el tono deprimente gratuito me estomaga), sino porque retratan como nunca el mundo loco e incierto en que vivimos: la brecha social entre ricos y pobres –entre violencia y glamour–; el sistema globalizado y paranoico que habitamos desde el 11-S y la subcultura de los migrantes que acecha silenciosa en los suburbios de las ciudades más bellas del planeta. Un cine que me habla de los escenarios que más me interesan –de los barrios de Tepito y de la Condesa, de Marruecos, Japón y la frontera estadounidense, de Barcelona y su reverso canalla y arrabalesco– con algunos de los actores a los que más admiro –de Javier Bardem a Benicio del Toro, pasando por DiCaprio, Sean Penn, Naomi Watts, Edward Norton–. ¿Quién da más?

Nadie, hasta el momento. Hace un año y medio, con Birdman, Iñárritu convenció a quienes pensaban que solo podía hacer un cine oscuro de corte social. Ahora, con el estreno de The Revenant, ha demostrado que es incluso capaz de hacer cine de acción sin renunciar al arte y a la sordidez. Esas dos películas le han convertido en el director más venerado del momento. Son, técnicamente, sus mejores obras, las más contundentes. Yo sigo quedándome con su etapa anterior, porque a pesar de su oscuridad, me ilumina más, pero no por ello dejo de admirar sus nuevos pasos.


Fragmento de Iñárritu vuela alto, de Javier Molina. Puede leer más textos de este autor en Negratinta aquí.

 

Sin comentarios

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *