Inicio»fila2»(h)amor de madre. Leer para ponerse de mal humor

(h)amor de madre. Leer para ponerse de mal humor

0
Compartidos
Pinterest Google+

En defensa de las lecturas incómodas

Para mi niña estas dos líneas: 
por tener la paciencia y el buen humor necesarios,
por dejarme escribir un domingo.
Ahora nos vamos con la bici.

«Para los que no me leen sobre todo/escribo», escribía Aleixandre. La de veces que me he acordado de ese poema a lo largo de mi vida. Siempre que se me ocurre escribir, por ejemplo, lo pienso, y  me lo digo: «Para quien no me lee escribo». Acaso escribiría de otra manera si supiera que quien no me lee iba a hacerlo. Pero eso es otra historia que, están de suerte este domingo, arriba ese ánimo, no les voy a contar (al menos, hoy; le estoy dando vueltas…)

El caso es que (h)amor de madre es un libro que no se va a leer quien tiene que leerlo, o quienes me gustaría a mí mucho que se lo leyeran. Es como pretender que un lector de eldiario.es lea un artículo de opinión del ABC. Podría morir en el intento, como poco, tras intensísimos dolores. Pues con este libro pasa igual. Lo han leído feministas, alguna que se lo estaba pensando (ser madre, no feminista), dos o tres amigos de las editoras, sus novias, esta modesta redactora, y creo que un librero. Y ya está.

Y la cosa es que este libro debería leerse en las escuelas. Tal cual. Por ejemplo, en vez de Marina, que es lectura recomendada en qué sé yo la de Institutos públicos en este país —y no ha salido aún nadie a la calle para protestar por esta barbaridad, lo mal que está todo, etc. Porque ya está bien, ¿no?, de leer solo aquello que nos haga sentir que tenemos razón, que todo está en su sitio. Ser madre puede ser una puñeta. ¿Cómo no ha hecho nadie aún una camiseta, una pancarta con esta sentencia?

En un país en el que una diputada sale casi que dando la teta a su niño junto a dos machos, digo, dos hombres de peso, de los que cortan el bacalao, en el Congreso de los diputados, me parece a mí, deberían fomentarse este tipo de lecturas.

Abre el libro una Beatriz Gimeno en estado de gracia, sobre «El amor romántico»:

La historia de la maternidad es, más bien, la historia de la resistencia de las mujeres a serlo a costa de sí mismas.
(…)
Existe el ideal y existe la empoderada imagen de la buena madre, pero no existe, ni ha existido nunca, un espacio real en el que poder hablar, expresar, hacer visible, todo el dolor, la ira, la frustración, que conlleva la experiencia de la maternidad, una experiencia que apenas nunca ha podido elegirse, ni siquiera ahora. Porque la cuestión es: ¿Se puede verdaderamente elegir algo cuando una de las dos opciones es prácticamente tabú social, científico, político, etc? Lo cierto que es las mujeres hacen sus elecciones acerca de la maternidad en un contexto coercitivo acerca no solo de no tener hijos sino especialmente de tener acceso a las ventajas o a la felicidad que puede proporcionar no tenerlos, así como a la ignorancia de los problemas, las desventajas o la infelicidad que puede proporcionar tenerlos. Cualquier posición, política o personal, contraria al discurso maternalista recibe una sanción social, económica o psicológica brutal. Es en este sentido de falta de alternativas en el que el discurso promaternal es totalitario.

Beatriz Gimeno en (h)amor de madre (Cotinta Me Tienes, 2016)

La importancia de este libro, según he acabado de leerlo lo he pensado, radica en la pluralidad de puntos de vista, de enfoques diferentes en torno a la maternidad que recoge. Es un libro necesario por esto, me parece; una obra en su conjunto plural que no deja indiferente, que puede enfadar a casi* todo el mundo en algún momento. A mí me ha enfadado en varias ocasiones. Cuento una: el artículo de Sergio del Molino, que no he acabado de leer completo, me ha pasado como a él con la serie de televisión con la que abre su perorata. En mi caso, lo dejé a la mitad no por aburrimiento, es que no soporto que un hombre hable de lo que nos pasa a las mujeres día sí día también cuando es a él al que le ocurre. Ya he contado alguna vez aquí lo de aquel tipo que dio una charla sobre ser ama de casa. Menudo figura. Porque ya estamos nosotras para contarlo, ¿no? Es decir, vuelvo al artículo de Sergio del Molino, la imagen de una mujer entrando al despacho de su jefe o jefa para decirle que se tiene que coger una excedencia, o que directamente deja su trabajo para cuidar de los niños ha sido y sigue siendo, estamos aún muy lejos de conseguir la igualdad, muy habitual. Por qué lo tiene que contar un hombre, ¿es que no hay mujeres para contarlo? Cuando un hombre habla de estas cosas, cuando le damos la visibilidad, la voz que durante tanto tiempo y aún hoy no hemos sabido o podido conquistar nosotras, para qué sirve. Y ese tonillo a «Jo, es que yo soy másmajo». Ya, bueno. ¿Pero por qué eres másmajo? ¿Por hacer lo que hacemos nosotras? ¿Te ponemos la medallita dónde?

Menos mal que nadie me lee, hago aquí este inciso, que le ha tocado a este hombre, pero que no es personal, ni de lejos: es una cuestión política.

(h)amor de madre 9788494539855

Por último, felicitar de nuevo a Sandra Cendal por su labor a la hora de seleccionar los textos, sugerir los temas a tratar, editar y coordinar a gente tan variopinta, conseguir juntar a todas en esta obra —como a ella le gusta decir— colaborativa.

Me han gustado también mucho las ilustraciones, la tipografía y la caja. Me gusta, incluso, lo barato que parece todo: así no hay más remedio que fijarse en el qué, el continente no es más que un medio, el vehículo. Uno que además se pude doblar, llevar a la piscina, volver a ojear mientras te comes un bocadillo de jamón serrano. Aquí va un gracias, entonces, que yo esto del leer, cuando llega a mis manos algo con cierta enjundia, lo disfruto  mucho.

Y la pregunta final sería: ¿Es posible renegociar los términos de este contrato social? Probablemente, en el marco de una sociedad igualitaria, en el que el contrato se extendiera por igual a todas las personas más allá del sexo con el que nacen o eligen, dicho acuerdo podría basarse en el derecho a decidir si quieres o  no convertirte en padre o madre, siendo la única cláusula que, al ser un derecho, también implica ciertas responsabilidades que nada tendrían que ver con la perfección o con la culpa.

Mientras intentamos avanzar en dirección a ese modelo de sociedad, a lo mejor, por lo pronto, probemos a quitarle un poco de hierro al asunto.

Marga Castaño y Esther de la Rosa en (h)amor de madre

Sin comentarios

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *