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Un libro que se lee muy bien

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Hagiografía de Narcisa la bella en la librería Muga [Madrid]

«Hagiografía de Narcisa la bella es muy divertida y muy feminista. Robles tiene el don genuino de la sátira y lo cómico, algo relativamente escaso en las letras iberoamericanas.»
Jean Franco.

«Somos un lapso de tiempo en el espacio que nos toca vivir.»
Mireya Robles.

«Un libro que se lee muy bien»
La distribuidora, exaltada, casi al final del acto.

Cuando bajan las temperaturas y el mercurio puede convertirse en la mejor excusa para no salir de casa, la agenda te sorprende con la presentación de un libro que jamás se había publicado en España, pese a estar escrito en castellano y ser obra de una mujer nacida en Cuba, esa isla que pasó a ser el último vestigio del Gran Imperio Español. No fue suficiente la lengua de Cervantes para que Hagiografía de Narcisa la Bella cruzase el Atlántico. Hasta ahora. Su llegada a España tiene que ver con el empeño de la editorial Recalcitrantes, experta en la ardua tarea de editar textos no inéditos, «libros que han estado un tiempo en el mercado editorial para desaparecer después en la bruma del olvido de editores y lectores», matizan. Van más allá. Su misión contra el olvido tiene como protagonistas a las mujeres, aquellas que, «apelando o sin apelar a su condición de mujer», han dejado como legado su obra. Hoy se trata de Mireya Robles.

«Es obligatorio, cuando se publica un libro, presentarlo al público», explicaba Noelia Adánez, escritora y editora de Recalcitrantes, «Y aquí estamos». A sus ochenta y tres años y residiendo en Miami, Mireya Robles no acudirá al evento, muy complicado organizar el traslado. Será Pilar G. Almansa —dramaturga, directora, productora y docente—, en calidad de lectora entusiasta, la encargada de desvelar qué esconde esta obra. Tratará de dar respuesta a los propios editores, que confiesan que les encandiló el texto, pero son incapaces de explicar al público el porqué.

El universo contradictorio de Narcisa

De un mazazo, sin apenas advertirlo, Pilar redujo a cenizas las expectativas de los allí presentes. «Narcisa ni es santa, ni es bella». Ahí reside el encanto de este personaje que nada más ver la luz fue repudiada por su propia familia, a la que se sometió e idealizó convirtiendo su vida en un martirio que relata haciendo uso del humor. «La protagonista mantiene una relación conflictiva con la realidad», por eso la obra está «trufada de meditaciones, de letanías… con las que Narcisa va moldeando su mundo».

El mundo de Narcisa es la Cuba de los años cuarenta. Se cría en el seno de una familia machista, cuyo patriarca regresa a casa con los calzoncillos llenos de carmín tras una noche de lujuria en un burdel para alivio de su madre, abducida por la cotidianeidad de un ama de casa y las novelas. Su hermano, homosexual aspirante a director de cine, goza de los privilegios de haber nacido hombre en una sociedad patriarcal. Su hermana, Narcisa, más sumisa, acepta el rol reservado a las mujeres sin más preocupación que llegar a ser una buena esposa. La autora recurrirá a numerosas meditaciones para tratar de mantener intacta su esencia, pero «no existe reclamo feminista o un feminismo militante en la obra. Si hay, hay una óptica feminista», aclara Almansa.

Simbolismo autobiográfico

Hagiografía de Narcisa la Bella es un único párrafo, un formato que le otorga personalidad. «Sientes que estás inmerso en un vendaval», asegura Pilar G. Almansa. Un vendaval que está plagado de escenas que recuerdan al realismo mágico, eso sí, «con un punto oscuro, sórdido», apunta Enrique García Ballesteros, editor de Recalcitrantes. Noelia Adánez da un paso más e insiste en que Mireya Robles «no evoca su infancia en la novela, la invoca». No hay que olvidar que esta obra fue escrita en los años ochenta cuando la autora trabajaba en la base militar de Fort Chaffee (Arkansas) entrevistando a los cubanos que, como ella, llegaban a Estados Unidos. Escribe, pues, desde el recuerdo de una infancia lejana, llena de simbolismo.

Sin duda, Narcisa la Bella y Mireya Robles tienen en común no sólo su sexo o haber nacido en Cuba. Narcisa lucha por mantener viva su alma en un mundo hostil y lo hace de una forma extravagante, recurriendo «al narcisismo de la bondad», martirizándose. La autora, según explicó Noelia Adánez, «tiene muy claro quién es y es tan excepcional como su literatura». Quizás así sea más fácil entender por qué Anna Diegel, crítica y traductora, sostiene que «las raíces de Robles son la indeleble identidad de una mujer que siempre se sintió aislada del mundo y que, por eso, se dedicó a crear».

Las fotografías son obra y gracia (por las risas) de Raquel Blanco 


Hagiografía de Narcisa la bella está a la venta o disponible en un par de días en toda la generosa red de librerías con la que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos en librerantes@librerantes.com

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