Inicio»Textos que nos llegan»Blog del autor»Federico García-Lorca: ¿Qué ocurre cuando unos huesos se niegan a ser encontrados?

Federico García-Lorca: ¿Qué ocurre cuando unos huesos se niegan a ser encontrados?

0
Compartidos
Pinterest Google+

¿Qué ocurre cuando unos huesos se niegan a ser encontrados?

Federico García-Lorca murió fusilado hace 80 años. En cualquier país civilizado tal efemérides hubiese sido motivo suficiente para establecer una fecha en la que un suceso así tuviese un significado constructivo. Pero España es ese país lorquiano donde nadie ha leído a Lorca, una nación funeraria, como señala José Antonio Escohotado, en la que sólo se reconoce al prójimo cuando es un cadáver. Ahí se dice ya lo bueno que era, los méritos que reunía, lo mucho que se le apreciaba. Pero, ¿y si no se encuentra su cadáver?

Entonces, tenemos el limbo español. Un limbo extraoficial procedente del esperpento. Una vez el limbo oficial fue cerrado por liquidación hace unos años. Es un no-lugar donde están unos no-huesos. Entonces sirve cualquier parte de ese no-muerto, pongamos un-no fémur o un no-húmero, para golpear al prójimo.

Y así tenemos a miles de españoles formados utilizando partes del cadáver despedazado imaginariamente para atizar a otro en la no-coronilla, la escena del asesinato de Abel por Caín deformada gracias a los espejos de la risa ahora que los espejos de la risa no dan risa ninguna.

Hispanista
Viñeta de Danuto y Martingo publicada en Cuartopoder

Pasan ante nosotros los protagonistas de una mala telecomedia: del hispanista obsesionado hasta lo enfermizo al joven que no ha leído ni el prospecto del Varidasa pero no duda en señalar a unos supuestos asesinos actuales que, como si heredasen el pecado original, son culpables de lo que hicieron unos teóricos antepasados seleccionados arbitrariamente. También está el político que aprovecha la coyuntura o el escritor que se adhiere a una corriente histórica reivindicativa contra la opresión universal universalísima. Es parte de lo que se puede llamar «antifranquismo español». Las comillas son importantes. Y nunca suficientes.

El pack del «antifranquista español» es el siguiente.

a) El abuelo.

b) Las cunetas.

c) El franquismo sociológico.

El abuelo es la afrenta familiar, personal. Un abuelo asesinado por los malos, que siempre son los demás. Las cunetas es la afrenta social, carreteras llenas de cadáveres, pues nada gusta más a un «antifranquista» que un omoplato enterrado en mitad de la nada. El franquismo sociológico es ese pecado original por el que unos reciben el legado de la culpa de sus padres. Las consecuencias de este pack tan semejante a algunos preceptos del cristianismo es el chivo expiatorio, cuando Jesús precisamente eliminó el chivo expiatorio. Hasta en eso el «antifranquismo» es una corriente vintage. ¿Jesús? Anda ya, demasiado moderno.

De esta manera, frustraciones propias, odios a uno mismo y trastornos de la personalidad por un lado, confluyen con los intereses políticos de determinados partidos por otro, que en torno al asunto han creado todo un tinglado de propaganda basada en el anacronismo, es decir, extraigo asuntos del pasado y los trato como si sucedieran ahora.

Y así seguimos con el Gran Circo de los Huesos, en el que Lorca tiene un papel principal como símbolo. Lo tiene todo para el «antifranquista español», puesto que la condición de homosexual añade un plus de victimismo. El «antifranquista español» puede, al final, acusar del asesinato de un poeta homosexual acaecido hace 80 años a su vecino de escalera.

Lo sorprendente es que pocas voces se alzan contra esta utilización delirante, contra los excesos de la coacción. Pocas voces denuncian el despropósito de acusaciones que deberían tratarse por la psiquiatría. Sencillamente estamos acostumbrados a que este modo de proceder se repita en multitud de asuntos. Ya saben, aquí pasó lo de siempre, han muerto cuatro romanos y cinco cartagineses. Una guerra púnica de juguete para mentes que no han salido de la guardería.

Fusilado cuando no había llegado a su periodo de madurez, nos robaron los mejores poemas de Lorca, que estaban por venir. Hoy algunos de los peores rasgos de la sociedad española tratan de robar aquellos que sí dejó, sepultando su obra real bajo el odio actual que trata de justificarse con el sufrimiento ajeno de personas que ya no están con nosotros.

Ante tanta mediocridad, Lorca, que tenía el brillo del genio, coloca el brazo de su esqueleto con el pulgar en la fosa nasal, para hacer una cucamona a tantos y tantos necrófilos. Y vuela de aquí a a allá por dentro de la Tierra, burlándose y evitando que le encuentre el enésimo obrero con pala o excavadora mandado por un funcionario de la Junta de Andalucía.

Sin comentarios

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *