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Españoles por el mundo: Hernán Migoya en Perú

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A Hernán Migoya le cayó un sambenito hace años con aquella controversia del Todas putas, y no hay nada más duradero y resistente incluso a un holocausto nuclear que una cucaracha o un sambenito al español modo, y buena muestra de ello es que el texto empieza recordándolo porque también estamos afectados por Iberia y su carácter. Fue aquello una polémica muy de rasgarse las vestiduras por nada pero seguir rasgándoselas mucho, como cuando esos cristianos fanáticos que vemos en las películas comienzan a tener convulsiones si el reverendo o lo que sea les impone una mano o lo que sea, sólo que aquí no había cristianos, sino gente de progreso, que se convulsionan más pero como por dentro y dando mucho el coñazo y así se quedan para siempre y recuerdan todo mucho y te lo sacan a colación todo el rato. Pues eso, que a Hernán Migoya le cayó un sambenito y aquí estamos nosotros para rememorarlo porque también somos socialistas.

Pero además de por ser socialistas y buenas personas, insistimos en aquello porque la cierta hipocresía social representa un papel destacado en la novela del autor que aquí tratamos, Deshacer las Américas, en la que se critica precisamente, y valga la cuasi redundancia, a la crítica de los estilos de vida ajenos cuando no concuerdan con el aceptado por todos o casi todos. Y así también este escritor evoca el suceso que le dio a conocer hace más de una década y además lo trata —o lo trata mejor dicho el personaje protagonista llamado con la inicial de Hernán— en algunos pasajes, puesto que todavía hoy tiene su efecto, como bien muestra este segundo párrafo de la reseña donde seguimos con la cuestión, pero ya la dejamos.

Lo que no dejamos es de mencionar pasajes, pero no lo consideren spoilers, que no nos arriesgamos a hacerlos puesto que conocemos sus actuales consecuencias sociales: el oprobio y desprecio, acaso la deportación. Y es que en otro pasaje el protagonista resulta entrevistado, e indica que en sus novelas no habla de erotismo, sino de sexo, situando al erotismo en una especie de ensoñación romántica. Y de eso trata esta novela, de sexo, aunque también de desencanto, expectativas, obsesiones, soledad y relaciones rotas. Todo son ramas del mismo árbol.

Deshacer las Américas podría tomarse, con distanciamiento irónico, como un manual para ligar por internet mediante páginas de contactos, además de como un catálogo de mujeres y perfiles a descartar o tener en cuenta según una serie de características pormenorizadas. Pero entre tantos encuentros sexuales, detallados explícitamente pero no de forma tosca, se habla de problemas de pareja, de hecho de graves problemas de pareja, de la diferencias en la consideración del sexo entre el primer mundo y un país, en este caso Perú, más próximo al tercero, y de lo difícil, casi imposible, de encontrar la estabilidad o equilibrio entre hombres y mujeres.

Como sucede en los últimos lustros con otros escritores que abordan estos temas, y que lo hacen de forma cruda, véase el conocido caso de Houellebecq, Hernán Migoya ofrece un panorama libertino y excesivo tras el que sin embargo se encuentra la necesidad de amor, de un amor realista, auténtico y duradero, aunque alejado de la falsedad de las convenciones. Se podría decir que son autores que desconstruyen el romanticismo tradicional para ir hacia otro tipo de romanticismo cuyo resultado inevitable es el fracaso.

Y por encima de todo esto está el humor. Y el ritmo. Una prosa ligera (en el mejor sentido) que hace de esta novela un divertidísimo libro. La gravedad de lo mencionado anteriormente se encauza en todo momento a través del humor. De hecho hay partes descacharrantes, verdaderamente graciosas, creciendo la obra en este aspecto conforme más se degrada o desespera el protagonista, a lo que hay que añadir la broma del propio Migoya con su biografía. Para escribir sobre cosas muy serias opta por no tomarse en serio ni a sí mismo. Y sale bien airoso del objetivo.

 

 

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