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El pan, la luz y la pena; elogio del teatro en la librería

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Alain Badiou en diálogo con Nicolas Truong en Elogio del teatro 

«Tienes entre tus manos una preciosa oportunidad: dos franceses van a contarte, como si estuvieras con ellos una cálida tarde de verano a orillas del Ródno, acerca del teatro Dónde nació, a qué peligros se ha enfrentado, cuáles son sus poderes mágicos y qué efectos produce en aquellos que los prueban». María Folguera en el prólogo a Elogio del teatro.

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De izquierda a derecha: Sandra Cendal, Idoia Quintana y María Folguera. Editora, traductora y prologuista

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Fuimos a la librería —La Central del Reina Sofía, otra vez; va a ser que no nos tratan nada mal— con motivo de publicación de Elogio del teatro, título décimo tercero de la colección Escénicas de la editorial Continta Me Tienes.

La obra es una larga conversación, un diálogo, tal como anuncia su portada, entre Alain Badiou y el periodista Nicolas Truong. «El título surgió de un chivatazo», explica la editora Sandra Cendal, «alguien nos contó que era un título bastante interesante, había sido publicado en francés por la editorial  Flammarion; recogía la conversación entre el filósofo y el periodista que se produjo en el marco de un festival que se celebra en Avignon, “El teatro de las ideas”».

El texto en sí es una reflexión sobre la relación del teatro con la filosofía, con el cine, la danza, la política. Con el lugar que ocupa el espectador.

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Acompañaron a Sandra Cendal la traductora, Idoia Quintana, que ya había colaborado con la editorial (Israel Galván. Bailar el silencio, Cartas a jóvenes filósofas y filósofos…), doctora en filosofía, profesora de la Universidad de Deusto, y María Folguera, dramaturga, escritora, y también autora de dos libros anteriores de la editorial: El amor y el trabajo y La guerra según Santa Teresay que se ha ocupado en esta ocasión del prólogo. «Nos parecía que a la edición original en francés había que darle cierta actualidad, no sólo por el tiempo que había pasado, tres años, sino porque estamos en España; el contexto es muy diferente, entonces», continúa Cendal. «También queríamos —esto es muy de la editorial— que fuera una mujer la que pusiera un poco de orden entre tanta voz masculina, digamos».

Son 112 páginas. Un ratito de lectura apasionante sobre el teatro, una reflexión por momentos crítica hacia ciertas propuestas contemporáneas. «El teatro para Badiou es un teatro principalmente de ideas, lo que debe provocar en la subjetividad del expectador es una nueva manera de orientarse en el mundo, sin ofrecerle tampoco una solución; una manera de ver cómo este mundo confuso es confuso, y no quedarse sólo en ese plano de la exposición de los cuerpos, de músicas violentas… De hecho, reivindica en un determinado momento la vuelta al texto», apunta Idoia.

Les animamos a que lo lean sin entrar en mucho más, haciendo nuestras las palabras de Folguera: «Resulta asombroso que aún queden personas serenas como Alain Badiou, dispuestas a dedicar horas y horas a discernir entre los hilos que componen una madeja hecha de tradición, caprichos e impulsos como es la historia del teatro».

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