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Eduardo Mendoza: que el espíritu de Gurb te posea en el estrado

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eduardo mendoza

Esta semana producía un auténtico hito, un antes y un después, un final de ciclo, uno de estos momentos a partir de los cuales nos enfrentamos con ilusión a una nueva era, la luz al final del camino, el verdadero brote verde, el maná para el hambriento, el…algo sencillamente increíble: concedían el premio Cervantes a Eduardo Mendoza. ¿Qué tiene esto de particular? En primer lugar Mendoza ha dedicado gran parte de su obra a la comedia. En segundo los elogios fueron unánimes.

El propio autor indicaba en declaraciones a los periodistas que el peso de la novela trágica del XIX había convertido al humor en un elemento infravalorado. Precisamente hace años, en una entrevista que realicé a otro novelista-humorista, Antonio Orejudo, salía a colación el nombre de Eduardo Mendoza. Orejudo se sorprendía por las grandes obras que utilizan el humor en la tradición española para que al final el exceso de solemnidad en el mundo de las letras termine relegándolas en cierto modo.

En fin, España es ese lugar donde se arrincona al humor de calidad en favor de las cosas serias. O bien en favor del humor más chusco, el chiste zafio o las gracias que pueden llegar a todo el mundo, desde los niños a los más ancianos. Mientras en los países anglosajones muchos autores lucen con orgullo la comedia, aquí se rehuye la clasificación por su supuesta frivolidad, curiosamente en un país muy festivo. Se puede decir que el humor tendría que emplearse de forma superficial, pero no de forma reflexiva o verdaderamente crítica. El humor que trata de ahondar está proscrito.

Y sin embargo, insistimos, los elogios y alabanzas fueron unánimes. Y aquí hay que hacer otra parada. Atención. Elogios unánimes a un en gran medida comediante en un lugar donde sólo se habla realmente bien de los muertos, cuando sus méritos ya no producen envidia ni resquemor. Esto es ya un milagro. ¿Cuántos casos conocen así? Por un momento pensé que el talento indudable de Eduardo Mendoza había conseguido lo imposible, desespañolizar España, incluso descatanalizar Cataluña. El cainismo cedía por fin el paso a la civilización. Salvas. La celebración conjunta y absoluta del comediante. Fuegos artificiales. El reconocimiento a una excelente obra en vida. Himnos con trompeta.

Pero ay, un tuit del articulista del diario El Español José Antonio Montano servía de aguafiestas, entendiendo como aguafiestas un baño de realidad. Este columnista suele ir borrando su tuits, así que no puedo poner su captura, pero venía a decir que se había premiado con un galardón tan importante a un escritor… que llevaba mucho tiempo muerto. Vaya, ahora empieza este asunto a tener sentido, ya decía yo, con la ilusión que me había hecho …

En efecto, el ensalzamiento general de Eduardo Mendoza tiene algo de fúnebre. Curiosamente llegó a muchísimos lectores con Sin Noticias de Gurb, publicada originalmente por entregas en el diario El País. Y otra novela por entregas, también de humor y publicada en el mismo diario a principios de los 2000, El último trayecto de Horacio Dos, suponía quizá su último trabajo verdaderamente sólido. Tras esta parodia de la ciencia-ficción vendrían diversas novelas. Algunas de ellas conservaban un destello (La aventura del tocador de señoras), la mayoría resultaban mediocres o directamente ilegibles. Incluso su paso como columnista por el mismo diario tras la muerte de Haro Tecglen en 2005 mostraba a un articulista extraordinariamente anodino, de hecho sorprendía su estilo aburridísimo, tan distante de la chispa e ingenio que mostraba en sus novelas. Puede ser que este género no se le diese bien, lo más probable es que el agotamiento de su escritura se manifestase de forma más llamativa en este terreno que no era el suyo.

En líneas generales el Cervantes recae en alguien que hace mucho no tiene nada que ofrecer, aunque lo que ofreció fue sobresaliente. Es el reconocimiento a una carrera terminada realmente hace lustros y donde no queda ni la más mínima posibilidad de ofrecer algo ni siquiera cercano a eso de el que tuvo retuvo.

Parecería que este artículo es el descubrimiento de que los elogios eran muy a la española para pasar a despotricar a la española inmediatamente después. Nada más lejos de la realidad, Mendoza es uno de mis escritores de cabecera y le rindo admiración eterna (aunque no incondicional, o sea, le rindo admiración auténtica). Sencillamente lo valiente hubiese sido premiar sus parodias y críticas cuando tenían vigencia, realzando por fin la comedia en la literatura española. Hoy, en el fondo, tanto da que este galardón recaiga en un escritor retirado. Lo fúnebre no es el agotamiento de Eduardo Mendoza, al fin y al cabo no se puede brillar eternamente, sino el hecho de decidir premiarle ahora cuando esa decisión resulta inofensiva e irrelevante.

Dos premios marcan su trayectoria, el de la Crítica que le dio a conocer con La verdad sobre el caso Savolta y este Cervantes a modo de epitafio. El primero valiente y coherente, este último acaso una forma de no premiar a otra persona.

Quiero pensar que todavía Mendoza tiene una posibilidad de darle una vuelta a la situación: en su discurso. Confiemos en que ahí surja el último ingenio del grandísimo novelista que ha sido. Que el espíritu de Gurb le posea en el estrado.

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