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Diario de una loca del coño. 9 de Julio

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02122014-_MG_5695Me envía L. el enlace al perfil de E. en meetic. Solo venía el enlace en su correo. He tenido que registrarme para ver a dónde me llevaba, me podía la curiosidad, cómo me conoce. Al verlo, me ha dado tantísima vergüenza que he ido corriendo a meter la cabeza debajo del grifo del agua fría, entera, como cuando, siendo aún una niña, les vi hacer a mis hermanos alguna vez al llegar a casa después de jugar al fútbol. Entonces se jugaba al fútbol en el recreo, y también después del colegio. Y al pilla pilla. Y a más cosas. No teníamos ordenador, ni tablet, ni teléfonos. Corríamos a diario. Yo también jugaba, me gustaba jugar mejor que ellos, ser fuerte, competir, meter goles. A mí casi nunca me daban patadas, y yo solo di una una vez, pero no fue por el fútbol. Le di una patada porque me daba rabia o miedo, ya no lo sé bien, cómo me miraba, me agobiaba notar no sabía qué, entonces no sabía nada del sexo, recién empezaba nada más a asustarme notar no sabía qué. Y le di una patada. Para que me dejara en paz, para que dejara de mirarme. «Quien quiera peces que se moje el culo», empezaba lo de meetic. Y luego había copiado frases que le habíamos escrito varias mujeres, supongo que también por mail las demás, el muy fanfarrón, sin recato, sin pudor, sin respeto alguno por ninguna de nosotras, intercambiables. Me he acordado de Mafalda, de la viñeta en la que sale con una tirita en la mano preguntando cómo se hace para pegarse una en el alma… cuando un rioplatense —luego he visto que era rioplatense: lo ponía en su perfil— tan guapo que daban ganas de gritarle ¡qué guapo eres! ha entrado a mi perfil, que está en blanco, no sé a qué, supongo que es así como se hace: se van pasando perfiles y perfiles hasta que se encuentra algo, no sé tampoco bien qué. Le he dicho que era tan guapo que me han dado, al verlo, ganas de gritar, y que además tenía cara de ser divertido e inteligente y amable, que quería casarme con él y tener muchos hijos, y nos hemos hecho de reír un buen rato, el uno al otro, me encanta cuando la gente se ríe así, en esas risas se puede una nada más que regalar a la vida, sin más, a placer. Luego me ha pedido que le envíe una foto, y me he dado cuenta de que estaba coqueteando, y me ha dado un apuro, me he puesto colorada, me he reído otro poco y he salido de allí pitando, aún entre risas. Voy a buscar una foto donde salga linda nada más que para que se vuelva a reír así, cuando se me pase. Qué hombre más guapo. Escribo entonces a L. para decirle que gracias, que todo está bien.

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