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«Del apego a los orígenes del desarraigo». Últimos días en el limbo, de Yonka Zarko

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«En los últimos meses, incluso cuando mejor me había sentido, siempre creía que le faltaba una pata a mi vida, como que había algo que cojeaba constantemente en mi interior, como si mi alma anduviera a bandazos, a trancas y a barrancas, y además, siempre tropezando con la misma piedra, una y otra vez, obsesiva y compulsivamente.»

9788494043963 Ultimos dias en el limboEs un tópico referirse a la infancia como un paraiso perdido, y un tópico cuestionable: Dickens o Gorki recrearon infancias en lo que lo mejor de ellas era haberlas sobrevivido. En sus memorias Ultimos días en el limbo (Bandaaparte editores, 2014) Yonka Zarko nos describe sus años mozos en Zumárraga, en la Euskadi de finales de los 60 y principios de los 70. Hijo de familia numerosa, conservadora y razonablemente acomodada, el protagonista transita del limbo de la niñez a la vida adulta, de la inocencia al nihilismo, del apego a los orígenes al desarraigo.

El inicio de la novela refleja un mundo de juegos en el que aún hay lugar para una cierta felicidad. A pesar de la educación de aquellos tiempos, en la línea de que la letra con sangre entra, o quizás como reacción a ella, los niños crean en un descampado su pequeño reino. Un reino en el que también se reflejan los conflictos del mundo adulto, como cuando se enzarzan con un grupo de mayores,  en feroz batalla, por la posesión de ese espacio de recreo entendido casi como Lebensraum. Hasta aquí la historia podría mantener una cierta candidez, al estilo de La guerra de los botones[1], pero avanza describiendo la progresiva pérdida de la inocencia infantil, en donde la trastada infantil deriva en flirteo con la delincuencia, en el que los céntimos sisados para chucherías devienen duros para tabaco, placer al que el preadolescente protagonista se entrega con avidez cuando aún calza pantalones cortos, antes de tener la más mínima noción de lo que es el sexo.

Hablando de sexo, estamos en una sociedad en la que por costumbre hombres y mujeres se mantienen cada uno en su propio territorio, un hecho acentuado, más si cabe, bajo una dictadura católica y  tradicionalista. El joven héroe experimentará la presión social que le obliga a crecer como  hombre de una pieza, en una cultura que exige una masculinidad sin fisuras: antes que dejar que su hombría pueda ponerse en duda, se juega el pellejo para no mostrarse ante sus pares como débil o torpe. En este mundo que rinde culto a la virilidad, qué curiosas resultan, por otra parte, esas inocentes ceremonias de iniciación sexual entre chicos, ese aprendizaje en lugares apartados en los que los chavales se entregan con fervor al rito vagamente homosexual de la gayola comunitaria.

Desde un sentimiento inicial de pertenencia, el protagonista experimentará una alienación creciente de sus amigos de infancia, de los lugares en los que comparte juegos o celebra festejos. En su entorno hay una pulsión nacionalista nacida de la contestación la régimen con la que el autor claramente no se identifica, aunque por otro lado deja clara la abusiva actitud de las autoridades, capaces de mandar a Guardias Civiles armados a disolver un grupo de criaturas que juegan en la calle (para evitar, imagino, una confluencia infantil de elementos subversivos). Tampoco encuentra fácil la relación que tiene con su paterfamilias, un vencedor de la guerra claramente asociado a la patronal, cuya potestad resiente, y por el que sin embargo siente preocupación al enterarse de que sobre él planea la amenaza de un grupo clandestino que ejerce la lucha armada. bandaaparteLa narración discurre del verde húmedo de un paisaje regado por el txirimiri a la aridez de los paisajes constantemente sometidos al sol, de la inocente creencia en los Reyes de Oriente a la adolescencia rebelde que ansía escapar cabalgando sobre una moto, despertando a una vida que descubre que va a tener que pasar el resto de la vida esquivando a la Parca, que te acecha en un guardabarros tras una esquina, se oculta letal entre las olas o se oculta en una guantera…

[1] La Guerre des boutons, novela escrita en 1912 por Louis Pergaud, que dio lugar a una memorable adaptación cinematográfica en 1962, dirigida por Yves Robert

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