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La corrupción como obra de arte

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La trágica muerte de Mark Lombardi, que se ahorcó en marzo de 2000, fue un final inapropiado para una vida extremadamente creativa. Utilizando únicamentedocumentación pública, principalmente artículos periodísticos y libros de investigación, Lombardi estudió las interconexiones entre individuos, bancos y otras compañías financieras. (Una exposición reciente en la Pierogi Gallery de Brooklyn (Nueva York) mostraba volúmenes de la biblioteca personal de Lombardi, con títulos como Trust Me (Fíate de mí), The Arms Bazaar (El bazar de armas), y The Grease Machine (La máquina de grasa)).

Estas conexiones eran a menudo ilegales y conllevaron multas y sentencias de cárcel para las personas involucradas. Sin embargo, el tema principal no era tanto la sórdida historia del crimen de guante blanco como las relaciones entre las personas, a menudo entre cargos públicos y banqueros. Aun más reveladora era la forma en que Lombardi presentaba esta información: dibujando flechas entre nombres y compañías que generaban diseños lineales de gran belleza. Visto desde cierta distancia, el esquema de interdependencias entre indeseables contrabandistas de armas y políticos corruptos adquiría una belleza modernista clásica; de cerca, los sencillos círculos mencionaban nombres de individuos involucrados en asuntos turbios que, con el tiempo, les llevarían a la cárcel.

En efecto, salen a la luz nombres como Oliver North, el coronel de los Marines que mintió frente al Congreso de los Estados Unidos  sobre sus ventas de armamento a los Contras de Irán en los años 80,  iluminando lo que Lombardi llamaba “Estructuras narrativas”, conectadas entre sí, no de arriba a abajo, sino de lado a lado. Este tipo de relación no jerárquica dio lugar a lo que el comisario Robert Hobbs denomina “esquematización rizomática”: los detalles globales de Lombardi se organizan normalmente de forma horizontal, o bien circular, con un centro o núcleo de codicia del que surgen ramificaciones en forma de aspas de molino. A pesar de la depravación latente en las intersecciones de la avaricia financiera, resulta difícil no admirar cómo Lombardi  recoge estos contactos tangenciales y los dibuja en forma de motivos visuales que describen las tramas de corrupción con gran sutileza. Los que en el mundo del arte siguen teniendo una visión formalista podrían dudar ante el volumen de información que contiene cada dibujo, pero hasta su supuesta mirada imparcial no puede evitar dejarse impresionar por la absoluta belleza de lo que tienen delante.

La capacidad de Lombardi para recabar hechos,  así como su habilidad para presentarlos en un esquema visual de una manera tan atractiva y moderna, reduce considerablemente la distancia entre los datos y su presentación. Es importante recordar que, en el momento de su muerte en Williamsburg, Brooklyn, Lombardi estaba visiblemente interesado en abrirse camino como artista, contaba con amigos como Fred Tomaselli, el conocido pintor de Brooklyn. De hecho, su formación lo encaminaba claramente hacia una posición reconocida dentro del mundo del arte. Nacido en 1951, estudió historia del arte en la Universidad de Siracusa  y se graduó en 1974. Incluso antes de acabar la carrera, Lombardi destacó como documentalista. Cuando era director de investigación, se encargó del soporte fáctico de la exposición Teapot Dome to Watergate, una muestra de collages en el Museo Everson de Siracusa, que documentaba la larga historia de los escándalos gubernamentales en Estados Unidos. James Harithas, entonces director del Museo Everson, se mudó a Houston para hacerse cargo del Museo de Arte Contemporáneo y eligió a Lombardi como comisario.  Este puesto lo mantuvo durante dos años, al cabo de los cuales se convirtió en el bibliotecario de referencias del fondo de arte de la Biblioteca Pública de Houston.

Lombardi intentó además establecerse dentro del mundo del arte de Houston —abrió una galería en esta ciudad en 1980, un proyecto de un año de duración que contó con una exposición de su propio trabajo. En ese momento, Lombardi comenzó a recopilar material para dos libros que quería escribir: uno de ellos trataría sobre las guerras del narcotráfico en Estados Unidos, y el otro sería una celebración de la casi olvidada categoría artística de la pintura panorámica que, al igual que el futuro trabajo de Lombardi sobre el escándalo, adopta una visión sinóptica en su descripción de estructuras de relevancia pública. Resulta evidente que Lombardi no solo era un investigador prodigioso, sino que también buscaba maneras de documentar sus descubrimientos a través del arte. Sus dibujos más tardíos proporcionan al espectador abundante material, que él organiza en imágenes de genuino interés, al margen del alto contenido político que acarrean. Es importante tener esto en cuenta, ya que la obra de Lombardi puede ser dividida en contenido y expresividad visual, lo que permite al observador experimentar la elegancia lírica de los dibujos sin dedicar demasiada energía a su significado político. Al mismo tiempo, se podría argumentar que los dibujos representan puro contenido —es decir, un significado tan fundamental para su configuración visual que su gestalt se consideraría únicamente material conceptual— , en este caso documentando lazos financieros que desembocan en el escándalo.


Este es un fragmento del texto Mark Lombardi, la conspiración como arte, publicado en Fronterad y recopilado en su Antolojía. Podéis conseguirlo, ya lo sabéis, en nuestra generosa red de librerías. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos aquí: librerantes@librerantes.com

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