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Textos que nos llegan

«¿Le gustan las orquídeas? Yo las odio. Su tejido es demasiado parecido a la carne humana, sus tallos parecen dedos de cadáveres recién lavados, y su perfume tiene la podrida dulzura de una prostituta». Son palabras que el general Sternwood le dice a Philip Marlowe la primera vez que se ven, en el invernadero de la mansión de Sternwood, que ha contratado a Marlowe para que libre a su hija menor de un chantajista. Están en El sueño eterno, primera

Lo primero que me viene a la cabeza cuando pienso en Hemingway son dos imágenes violentas. La primera explicada por él mismo en París era una fiesta; la soberana paliza que le pegó a su mujer por perderle la maleta donde guardaba todos sus manuscritos. La segunda explicada por Guillermo Cabrera Infante, no recuerdo ahora si en Cine o sardina o en una entrevista de prensa; Hemingway le invitó a pescar el pez espada. Una vez en alta mar, el

Una idea de Harold Bloom  que me sorprendió leyendo El canon occidental fue la de que muchas de las lecturas verdaderamente creativas son erróneas de manera deliberada. Como leí el libro hace seis o siete años, y ahora además está fuera de mi alcance, entre mis libros de Barcelona —tengo una biblioteca escindida y medio embalada—, me es difícil asegurar si eso es lo que en verdad escribía Bloom o se trata de una lectura, a su vez, errónea por mi parte. De todos modos,

Madrid, 5 de marzo de 2017 Querida Teresa, Aún perdura el eco de tus versos en nuestra última exposición. Como ya sabes, el colectivo Quinto Espacio tiene la necesidad de buscar otras alternativas a la solemnidad del cubo blanco, como formato expositivo. Así como la necesidad por generar colaboraciones transdisciplinares, desde otros lugares, como el ámbito de la música, la danza o, como en este caso fue, de la poesía y ahí es donde nos cruzamos contigo. Surge la magia

Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos. Más razonable, más inepto, más haragán, he preferido la escritura de notas sobre libros imaginarios. Jorge Luis Borges En el mercado editorial se da por sentado que los libros de relatos se venden peor que las novelas: algo tendrá que ver con el hecho de que los llamados best-sellers, con las exageradas campañas de marketing

Giorgio y el arte de cocinar tortillas «Me gusta porque toca el piano», le he dicho a Sarita, la niña mayor de Virginia. A mí los chicos que me han gustado de verdad, y han sido muy muy poquitos, me han gustado porque sabían hacer algo así, muy difícil y muy bien, y además casi sin darse cuenta, dándose solo un poquito de importancia. Sarita me mira divertida. Tiene sólo catorce años. Es encantadora. A su lado, incluso su madre

Nací en un tonel al fondo de un granero de heno; la luz caía sobre mis párpados cerrados de manera que los ocho primeros días todo me pareció color de rosa . No me gustan. Nada. Me gustaría decir que yo a ellos tampoco, ocurre que ni eso me conceden; en el mejor de los casos, les soy indiferente; en el peor, me adoran. No he conocido, en toda mi vida, a un solo gato que me odie, que me deteste

Esta semana producía un auténtico hito, un antes y un después, un final de ciclo, uno de estos momentos a partir de los cuales nos enfrentamos con ilusión a una nueva era, la luz al final del camino, el verdadero brote verde, el maná para el hambriento, el…algo sencillamente increíble: concedían el premio Cervantes a Eduardo Mendoza. ¿Qué tiene esto de particular? En primer lugar Mendoza ha dedicado gran parte de su obra a la comedia. En segundo los elogios

  Quizá llegue tarde a un debate en el que los ponentes no sólo se han levantado ya de la mesa, sino que además es posible que estén muertos. Tal vez a nadie interese este texto que revolotea batiendo unas alas pesadas y un tanto ruidosas alrededor de un cadáver que nadie vela y que sin embargo está aún lleno de vida. No obstante, tú, lector, amigo que me sigues con regularidad o que has llegado hasta aquí por un

Una vez escogí un libro sólo por su portada. Y por su título. Fui una víctima del diseño. Me entró por los ojos, así de sencillo. Había escogido otros libros en la librería y decidí por primera vez en mi vida llevarme uno por ese motivo. Sin ni siquiera conocer al autor. De hecho sólo salía su apellido. Descubrí en casa que era una autora. A.M. Homes. El libro era Este libro te salvará la vida. Reconozcamos que lo tenía todo