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Puentes

Concha Alós sonríe desde otra época. Mira a la cámara sosteniendo en la mano izquierda una copa de champán achatada, con los dedos índice y meñique estirados en un gesto demodé. La cabeza tocada por un moño esculpido con laca y el cuello del vestido con un corte sesentero. Semejante estampa solo puede completarse con unas gafas de pasta oscura que enmarcan una cara ovalada en la que renegrean dos cejas llamativamente separadas

A Hernán Migoya le cayó un sambenito hace años con aquella controversia del Todas putas, y no hay nada más duradero y resistente incluso a un holocausto nuclear que una cucaracha o un sambenito al español modo, y buena muestra de ello es que el texto empieza recordándolo porque también estamos afectados por Iberia y su carácter. Fue aquello una polémica muy de rasgarse las vestiduras por nada pero seguir rasgándoselas mucho, como cuando esos cristianos fanáticos que vemos en

UN TANGUITA LLAMADO DESEO, DE MANUEL LÓPEZ ACAÍÑAS     Un hombre de cuarenta y pico divorciado y con tendencia a la bebida, predilección por los bares donde hay música en directo, que intenta aparentar menos edad de la que tiene mediante atuendos como cazadoras de cuero o botas, con un enorme todoterreno, problemas de relación con su exmujer —con la que se lleva engañosamente bien—, problemas de relación con su hijo —con el que se lleva engañosamente mal—, problemas de relación

  Él, que soy yo, o sea, H, me vuelve a decir que nunca se sintió tan otro como cuando aterrizó en aquella ciudad lejana. Nada más salir de la terminal, vio que había otros taxis informales en los que seguramente el trayecto a la ciudad le costaría la mitad de precio. Prefirió no arriesgarse: desconocía aquella capital y aquel continente y, para un turista europeo, el doble de la tarifa local no era nada. Subió a un taxi «oficial»

Sexo o muerte NO SÉ si hablo de sexo o de muerte, tu cuerpo desvanecido después de su último temblor. El sudor frío que recorre tu sien, el gemido ahogado en tus cuerdas vocales. Y en tu lengua, de repente inerte. No sé si es muerte o sexo;                                 te vas,                            

La viñeta de Pat Carra en Librerantes

Claro que me gusta dormir. Meter mi cuerpo desnudo bajo las sábanas limpias, taparme bien con ellas hasta medio rostro y doblar la almohada para aumentar el volumen y descansar algo más alta mi cabeza. Cerrar los ojos y sumergirme inmediatamente en la placidez del sueño durante varias horas. ¿A quién no va a gustarle todo eso? No es que no me guste dormir, es que no puedo. Y cuanto más lo deseo más imposible me resulta. Ya ni siquiera

VEDA Una lata de guisantes con tomate y todo por hacer mientras la noche respira y soy un animal cansado y estoy vivo. Conductores insomnes atraviesan la autovía mientras la música de la feria de julio resuena en mi terraza con lánguida tristeza y estoy vivo: 40 años de naufragios no han sido bastante para sofocar la llama de mi corazón. Un piso de alquiler vacío y cientos de libros por el cuarto mientras la noche se agita y los

El clásico de Francis Scott Fitzgerald vuelve con una nueva traducción de Marino Costa, e ilustrado por Helena Toraño. Un Grant Gastby más grande todavía, puesto que se puede disfrutar de su lectura con nuevos matices y además… de su contemplación. No exageramos, fíjense: El gran Gatsby. Uve Books. from Uve Books on Vimeo.

—¿Renata? —¡Estoy esperando! —¿Esperan…? ¡AH! ¡El cuento! —Eso. —Vale, vale. Pues ahí va. Voy a improvisar, ¿eh? —A ver. —Érase una muchacha preciosa llamada Renata. —Empieza bien. —Ja, ja. Pues espera y verás. Una noche conoció a un turista español que le cayó en gracia. De hecho, y a pesar de que ambos tenían pareja, los dos se cayeron en gracia. Fue tanta la atracción mutua que sintieron a través de sus conversaciones por chat y sus transmisiones por cam,