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Puentes

Un taller en el que aprenderemos a escuchar la música con otros oídos gracias a la cellista Iris Azquinezer, que nos llevará de la mano en un recorrido por la historia de la música y nos dará claves para entenderla mejor.

Alguna vez lo hablamos: se publican demasiados libros, libros que a ver para qué se publican si, seamos honestos, hubiera dado lo mismo que no se hubieran publicado; es decir, no lo mismo, voy a precisar: hubiera el sector, sin tener que soportar la carga de la publicación, trasporte, colocación y conato de venta de toda esa basura, podido respirar algo mejor. Se notaría para bien, digo. Porque la oferta editorial es tan amplia, se manejan números tan desproporcionados[1], que

«Eso sí, tengo varios libros tirados por el suelo. Una biografía de Wittgenstein y Popper, las Meditaciones de Marco Aurelio, el último Vinalia Trippers, A tumba abierta de Oriól Romaní en edición fotocopiada, uno de los relatos y poemas de Bukowsky, La cámara de niebla de Xen Rabanal… También está Tom Wolfe por ahí tirado.

Desde al menos diez días, o quizá fuera después de que Marta se hubiera ido del piso junto a una bolsa de fin de semana, Sasha despertaba con aquella melodía que no dejaba de aletear como una golondrina que al migrar hubiera perdido el rumbo de sus compañeras y se hubiese metido en su cuarto por equivocación, y creía que por error o por despiste porque qué demonios hacía esa canción-golondrina revoloteando justo encima de su cama.

Recién Narciso es el primer libro de poemas de Simón Cuadros Inocencio (Valencia, 1976), biólogo de profesión y especializado en reproducción asistida. Se trata de un libro de poemas que no hace concesión al lector y trata de alejarse de los ritmos, temas y estilos que hoy día convierten a cualquiera en poeta con el sencillo gesto de darle a enter/intro al final de un renglón.

No podemos impedir que usted piratee la obra. Tampoco le perseguiríamos si lo hace pues somos firmes partidarios de que la cultura ha de estar por encima de la propiedad intelectual y sabemos que es falso eso de que sin propiedad intelectual no hay creación (¿acaso no hay creación antes del siglo XVIII? Nada menos que todo el canon occidental).

Se dice devorar un libro y se alude a esto, aunque devorar implica comer rápido y sin saborear lo que se come y vale la pena detenerse a saborear lo que se come al leer Paseos con mi madre, de Javier Pérez Andújar. Hace poco leí un reportaje en El País que recorría un territorio en parte superponible al que describe Pérez Andújar

Varias generaciones recuerdan con nostalgia a personajes como aquel David el Gnomo que ni levantando dos cuartas del suelo aseguraba ser siete veces más fuerte que tú. De acuerdo, el hombre hablaba de fuerza proporcional, pero muy amedrentador no sonaba al verle

Esta reseñita va dedicada: A Enrique. Para que no se enfade cuando me enfado cuando dice lo de literatura para mujeres. Y a Lola. Para que se lo lea. De niña, mucho antes de tomar conciencia de a qué podía querer referirse alguien cuando, desde esa altura desde la que que se habla cuando uno no se ha dado cuenta aún de la descomunal metedura de pata que supone ponerle a un texto la etiqueta de «literatura para mujeres», meter en el mismo