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Negratinta

El pasado 30 de enero de 2016 los restos desmembrados de un cuerpo aparecieron flotando en el río Chao Praya de Bangkok. Pertenecían a David Bernat, el consultor leridano de 40 años que llevaba desaparecido más de diez días. Dos días después del hallazgo la policía tailandesa dio por resuelto el caso al apuntar a Artur Segarra como el principal y único sospechoso del secuestro, robo, asesinato y descuartizamiento. El caso tomó una dimensión mediática cuando el presunto culpable fue

Hay pocas películas sobre escritores reales. Una de ellas es The end of the Tour. Trata sobre David Foster Wallace. Si buscáis su nombre en Google Imágenes daréis con un tipo vestido con pañuelo en la cabeza y unas gafitas de tradición lennoniana. Puede que encontréis además alguna foto con su amigo/enemigo JonathanFranzen, autor de Libertad y de la colección de ensayos Más afuera, donde retrata la fragilidad de su amigo y relata la historia de su fructífera rivalidad. Con toda probabilidad

Eran las cuatro de la tarde, la hora de la siesta. Teníamos el estómago lleno y las piernas cansadas de buscar las mejores fotos por toda la costa portuguesa. Lo sensato habría sido tumbarse en cualquier sombra a echar una cabezada, pero la visita a la famosa librería Lello, en Oporto, se había alargado más de lo previsto, y teníamos que volver a la carretera para llegar a nuestro siguiente destino con luz suficiente para montar la tienda. El aire

Uno nunca sabe cómo acabará sus días en la ruleta de la fortuna callejera. Es difícil pronosticar si este ratero o aquel otro cerrará su historia con un navajazo de buenas noches o, en cambio, feliz junto a su familia tras convertirse en un escritor no ya famoso sino algo muchísimo mejor: un escritor leído con el celo del voyeur que por nada del mundo quiere que su Hemingway (“¡pero qué!”, repite incrédulo, “¡qué animal tan admirable! Este párrafo es

Desde que vi Amores perros en el año 2000 –hace ya 16 años–, no he dejado de seguirle la pista. La primera película de Alejando González Iñárritu me marcó profundamente y fue culpable de que hoy viva en México y del amor-odio que me sigue despertando este monstruo sísmico mal llamado ciudad. Antes de que pegara el pelotazo final con Birdman, afirmaba sin dudarlo que era mi director favorito, el que más me llenaba. Lo sigue siendo. El mío y

Mata las horas en una silla blanca de plástico que quedó arrinconada en el balcón por falta de espacio, lleno de bicicletas, pelotas, triciclos, motos y plantas amarillentas. Sale con la excusa de no fumar delante de los niños. Ahora vuelvo que voy fuera. Se enciende un cigarrillo y lo absorbe con rabia. Detesta su vida. Lo sabe todo el mundo aunque nadie lo diga. Mira a los niños desde fuera. La niña molesta al grande, que toquetea el portátil

Es sábado. Tengo un amigo que se llama Rubén y va a ver el fútbol esta tarde al Santiago Bernabéu, y encima es negro. Nos cuenta que hay más policía que nunca, y que le han cacheado ya dos veces y todavía no ha podido entrar al estadio. Que o le detienen o le cae una bomba junto a los demás, pero algo se lleva seguro, que hasta otro amigo le dice: «Macho, es que tú también, qué manera de jugarte la vida. Con estado de alerta 4 por los atentados y te vas al fútbol. Por lo menos dile a alguna chavala que el final está cerca, a ver si tienes suerte y te cae una paja en los baño»

25 de diciembre de 2015, en Negratinta Escribe Manu Mérida acerca del festival EÑE: una fiesta de la literatura en la que los autores invitados comparten con el público sus gustos, aficiones y lecturas. Fotografía Lorena Portero. Es sábado. Tengo un amigo que se llama Rubén y va a ver el fútbol esta tarde al Santiago Bernabéu, y encima es negro. Nos cuenta que hay más policía que nunca, y que le han cacheado ya dos veces y todavía no ha podido

Me encantaba dar largos paseos con mi padre por Oviedo, pero solían terminar en alguna librería, donde él se pasaba horas rebuscando y charlando con el librero, mientras yo me aburría mortalmente. También es cierto que de aquella no existían esas secciones para niños tan molonas de hoy día donde, menos leer, los pequeños hacen cualquier cosa, como por ejemplo babear los lomos de los libros o dibujar con ceras de colores. Pero había dos excepciones. Una, regentada por dos

No sé cuándo, pero aquí un día hubo una librería viva. Con un señor o señora que levantaba la persiana y hacía pedidos y recibía cajas de libros que abría con un cúter viejo. Es posible que también vendiera prensa y que atara con un cordel todos los periódicos, a eso de las ocho de la tarde, igual que esos fruteros que recogen la mercancía caducada: las peras, las fresas o los tomates, que son productos que merman con facilidad.