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Libros que leemos

Hemos leído… y nos ha gustado

En la pasada gala de los premios Goya, el presentador realizó varios chistes que trataban sobre la incomunicación entre dos personas que hablan distintos idiomas. Es un clásico de la comedia española más de andar por casa. El del cateto que trata de hacerse entender a voces allende nuestras fronteras. Quién no entiende el idioma castellano a gritos. En este caso el cateto estaba en casa, y era los de allende nuestras fronteras, como la actriz Juliette Binoche, quienes venían

Encontrarse con una sorpresa inesperada, en la mayor parte de las ocasiones por las limitaciones propias, es siempre un regalo para el lector. La, a veces, bendita ignorancia, la imposibilidad de seguir la mayor parte de informaciones de tipo literario o bien la pura casualidad, hacen que una vez de cada cien, y tirando por lo alto, puedas enfrentarte a un libro de una manera virgen, esto es, sin conocer a su autor y sin que una sinopsis haya contaminado

Empezar a hablar de un libro con una cuestión tan personal del que suscribe la reseña no es algo especialmente recomendable. Podría parecer una ataque de egocentrismo. Pero uno no puede evitar sentir una enorme solidaridad, una verdadera corriente de simpatía, por aquellos que ponen nombre a ciertas «mascotas». Por llamarlas de algún modo. Digamos… mascotas peculiares. Los personajes (reales) de este libro la llaman de un modo más preciso «inquilina». Sea cual fuere la clasificación, una de ellas queda aquí bautizada como

Recién Narciso, uno de los últimos frutos maduros de la poesía Imaginemos a la poesía como un árbol cuyo tronco y ramas adelgazan hasta la última brizna de la ramita final, aquella que no suele aguantar el peso de la ardilla. Ni siquiera de la oruga, tal es su fineza. En el tronco, al que llamaremos tronco griego por sus precursores, vemos a una poesía muy asociada a la prosa, la filosofía y la música. Es una poesía unida a

Sirgar era el método por el que se remontaban los ríos navegables antes del vapor y cuando no soplaba viento. Consistía en que un hombre o un animal remolcaban la embarcación tirando de ella por la orilla. El Ebro era navegable hasta Zaragoza hasta no hace mucho y en Camí de Sirga, de Jesús Moncada, nos habla de esos tiempos, del último siglo de vida de la villa de Mequinenza, antes de ser sepultada por un pantano de los muchos que

El poeta madrileño Augusto Ferrán (1836-1880) contribuyó de forma decisiva a la gran renovación de la lírica española que tuvo lugar a mediados del siglo XIX, aunque en la historia de la Literatura Española no ha sido considerado poeta de primera fila, como su amigo Gustavo Adolfo Bécquer. Para el periodista y escritor Francisco Robles Rodríguez, Ferrán sigue siendo un gran desconocido, de ahí la edición literaria que realizó de La Soledad: colección de cantares populares y originales, que se

*Nota de la editora: por cuestiones que no viene al caso enumerar aquí no publicamos esta entrada el domingo pasado. Estaba programada para hoy. Sirvan las palabras de Jerónimo Fernández Duarte como cumplido homenaje por parte de los librerantes. Gran mujer. Aquí nuestra consideración.

Christopher Isherwood fue la primera persona a la que W.H. Auden oyó decir algo gracioso, cuando ambos iban camino de la escuela, a los cinco años. Su amistad se mantendría a lo largo de los años y llegarían a escribir libros —de viajes, reportajes, obras de teatro— a cuatro manos y a emigrar juntos a los Estados Unidos. Hijo de un oficial británico muerto en la Iª Guerra Mundial, Isherwood vivió en la Inglaterra del rey Jorge V yendo a

«En los últimos meses, incluso cuando mejor me había sentido, siempre creía que le faltaba una pata a mi vida, como que había algo que cojeaba constantemente en mi interior, como si mi alma anduviera a bandazos, a trancas y a barrancas, y además, siempre tropezando con la misma piedra, una y otra vez, obsesiva y compulsivamente.» Es un tópico referirse a la infancia como un paraiso perdido, y un tópico cuestionable: Dickens o Gorki recrearon infancias en lo que

El tópico escribir duele es algo más que la molestias de espalda que pueden ocasionar las posiciones incómodas tras tanto darle a la tecla del ordenador, antiguamente a la máquina de escribir, antiguamente al bolígrafo, antiguamente a la pluma de ganso. Sea con pluma de ganso, bolígrafo, máquina de escribir u ordenador, la literatura sigue siendo un destino fatal para algunos, la imposibilidad de no poder hacer otra cosa, la búsqueda de plasmar una historia que en el momento de