Entradas en la Categoría

Comenzar a leer

Ellos y ellas son actores principales de gestas y desastres menores de los que nunca hablarán los historiadores que escriben la Historia. En cambio, juntos emiten algo parecido a un bajo continuo inaudible apenas, salvo como un murmullo interminable, que solo se percibe, de pronto y de tanto en tanto, como un rugido en la fiesta y en la revuelta. Una identidad en común les une: toda esa gente son los nadie, es decir aquellos y aquellas que, sin saberlo,

Esta viñeta de Pat Carra pertenece al libro La bella durmiente hace el turno de noche, de Sabina editorial. Pueden conseguirlo, ya lo saben, en la generosa red de librerías con las que trabajamos.
Salvador Espríu. Por Arturo Espinosa.

A José Ángel Cilleruelo   LETIZIA, de Salvador Espriu, vio su primera luz en 1937 en las Edicions de la Rosa del Vents, en un volumen que, aunque titulado en cubierta solo con el nombre de la protagonista del relato que nos ocupa, se completaba por aquel entonces con el relato «Fedra» y un conjunto de textos breves bajo el epígrafe «Otras prosas», tal como lo hemos conocido en las posteriores ediciones que se han impreso, ya con el título

No pensé jamás que algún día me despertase curiosidad algo de ese programa. Sin embargo, tengo que admitir que me hizo gracia el juicio a una joven que habría sido infiel a su chico. Lo cierto es que el jurado mediático otorgó plena fiabilidad al resultado aportado por dicha máquina: la máquina de la verdad o, mejor dicho, de la mentira. No ha lugar más pruebas. Muy dramático todo, para qué les voy a mentir, si me van a pillar.

Enrique Darriba: un Rimbaud de la pintura Conocí a Enrique Darriba justo después de la muerte de mi padre. Marceliano, que así se llamaba mi progenitor, había estado luchando contra un cáncer durante un año pero alea jacta era. De pronto me vi convertido en un adolescente desnortado en aquel barrio del sur de Madrid, Zarzaquemada, sito en Leganés, y que lindaba con el descampado y los polígonos industriales. Por fortuna, desde aquel septiembre de 1981, Enrique Darriba pasó a

Esta viñeta de Pat Carra pertenece al libro La bella durmiente hace el turno de noche, de Sabina editorial. Pueden conseguirlo, ya lo saben, en la generosa red de librerías con las que trabajamos.

Hay algunas cosas del día a día que no dejan de sorprenderme. Son esas cosas tan sencillas que pasan desapercibidas hasta que un día, de repente, comienzas a cuestionarte qué esconde ese fenómeno. Me sucedió hace apenas unos días. Una muchacha de no más de quince años lloraba desconsolada en el regazo de una amiga. Eran lágrimas de desamor, amargas, inocentes. ¿Quién no lloró por un gamberro colegial que te rompió el corazón? Pero lo desgarrador de esta escena fue

Me arranco las bragas negras de la tristeza. Las dejo al pie de la cama como un perro roto. Ya se compondrá después cuando haya que disfrazarse para la alegría o la nada.   Este texto pertenece a Economía de guerra, de Ana Pérez Cañamares (Lupercalia). Lo puedes encontrar —o encargarlo, si en ese momento no lo tienen— en todas estas librerías. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, escríbenos a librerantes@librerantes.com, a veces se nos pasa actualizar el mapa,

[…] Esta tesitura de espejos de peluquería, que permiten escudriñar, en los largos ratos de inmovilidad, lo que hay a la espalda, me retro­trae a la obra del artista argentino Leandro Erlich en la Bienal de Arte Singapur 2008. Bajo el título de Hair Salon, el artista repro­duce una peluquería de señoras, similar en tamaño al de esta en la que me encuentro, pero donde los tres espejos frente a los asientos han sido sustituidos por aberturas en la pared.

Permítanme empezar ofreciendo disculpas. Les pido perdón por mi atrevimiento y también por mi ignorancia. Crecí creyendo que las leyes físicas eran verdades irrefutables y jamás pensé que hubiese un mecanismo capaz de darles la vuelta. La ley de leyes, la ley que nos explicó durante siglos que las cosas caen por su propio peso… resulta que puede ser alterada para lograr efectos especiales alucinantes en el cine.  Sí, señores, la gravedad puede ser anulada. Poner patas arriba la teoría