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Puentes

Esta semana producía un auténtico hito, un antes y un después, un final de ciclo, uno de estos momentos a partir de los cuales nos enfrentamos con ilusión a una nueva era, la luz al final del camino, el verdadero brote verde, el maná para el hambriento, el…algo sencillamente increíble: concedían el premio Cervantes a Eduardo Mendoza. ¿Qué tiene esto de particular? En primer lugar Mendoza ha dedicado gran parte de su obra a la comedia. En segundo los elogios

sábado, 14 de diciembre de 2013 Las muchas casas de John Keats En Londres abundan las casas de escritores. El respeto que muestran los ingleses por el legado de sus creadores, en sintonía con su aprecio general por las tradiciones, excede vergonzantemente al que campea en España, donde, por ejemplo, la casa de Vicente Aleixandre, en la calle Velingtonia, que fue un centro de irradiación de la poesía en nuestro país, sigue en un malhadado abandono, fruto de la desidia

El duelo es un librito de 100 páginas, coquetamente editado por Gadir el mismo año en el que se han publicado por primera vez completas las Memorias de Casanova. Fue escrito en Venecia, en 1780, en italiano, cuando Casanova era informante de los Inquisidores del Estado, los mismos que lo habían condenado a la reclusión en Los Plomos, la célebre prisión de Venecia de la que Casanova fue el primero y el último en huir, y mientras hacía vida marital

ESTIGMA el aullido interminable lo que duele por dentro lo que nos bloquea lo que nos angustia lo que hay que expulsar la náusea el horror el tedio el miedo lo que nos distingue la luz y la sombra el tormento el éxtasis la soledad la tristeza la rutina el ansia la baja autoestima el exorcismo la catarsis el extrañamiento el vacío la evasión la huida la paranoia la impaciencia el trastorno el extravío la desconexión y la pérdida el

Cuando murió Diana, Manuel el Cubano, a quien conocíamos por don Manuelito, cerró la puerta de la casa y se refugió en la última planta del Hotel Las Sibilas. Era un forastero y no tenía amigos. Aun así hubo quien echó de menos sus idas y venidas por la calle de Hurones con el traje de lino impoluto, la corbata de hebilla y un habano entre los dedos. Añoraban su estampa estival y caribeña que le convertía en un viandante improbable en

Esta viñeta de Pat Carra pertenece al libro La bella durmiente hace el turno de noche, de Sabina editorial. Pueden conseguirlo, ya lo saben, en la generosa red de librerías con las que trabajamos.

Concha Alós sonríe desde otra época. Mira a la cámara sosteniendo en la mano izquierda una copa de champán achatada, con los dedos índice y meñique estirados en un gesto demodé. La cabeza tocada por un moño esculpido con laca y el cuello del vestido con un corte sesentero. Semejante estampa solo puede completarse con unas gafas de pasta oscura que enmarcan una cara ovalada en la que renegrean dos cejas llamativamente separadas

A Hernán Migoya le cayó un sambenito hace años con aquella controversia del Todas putas, y no hay nada más duradero y resistente incluso a un holocausto nuclear que una cucaracha o un sambenito al español modo, y buena muestra de ello es que el texto empieza recordándolo porque también estamos afectados por Iberia y su carácter. Fue aquello una polémica muy de rasgarse las vestiduras por nada pero seguir rasgándoselas mucho, como cuando esos cristianos fanáticos que vemos en

UN TANGUITA LLAMADO DESEO, DE MANUEL LÓPEZ ACAÍÑAS     Un hombre de cuarenta y pico divorciado y con tendencia a la bebida, predilección por los bares donde hay música en directo, que intenta aparentar menos edad de la que tiene mediante atuendos como cazadoras de cuero o botas, con un enorme todoterreno, problemas de relación con su exmujer —con la que se lleva engañosamente bien—, problemas de relación con su hijo —con el que se lleva engañosamente mal—, problemas de relación

  Él, que soy yo, o sea, H, me vuelve a decir que nunca se sintió tan otro como cuando aterrizó en aquella ciudad lejana. Nada más salir de la terminal, vio que había otros taxis informales en los que seguramente el trayecto a la ciudad le costaría la mitad de precio. Prefirió no arriesgarse: desconocía aquella capital y aquel continente y, para un turista europeo, el doble de la tarifa local no era nada. Subió a un taxi «oficial»