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Puentes

Como niña con zapatos nuevos. Así se encuentra Marisol Salanova, editora de Micromegas, ahora que tiene en sus manos Penumbra, de Adonay Bermúdez. Con este título inaugura la colección Booth y, además, cumple uno de sus sueños, uno de esos proyectos que se antojan irrealizables cuando acabas la Universidad. Booth será la segunda colección de la editorial y estará destinada a «libros comisariados», es decir, títulos escritos para lectores dispuestos a interactuar con el autor, con la realidad que éste

Solaz No estaría de más sentarse al borde de la tarde y dejar pasar un día y ver caer la noche y poner precio a cuánto cuesta estar sin hacer nada, para hacer caso omiso a los zapatos sucios y a la vejez de las camisas viejas con las arrugas propias de los años, suicidadas en perchas, como nuevas, comer lo que primero tenga a mano (si es la tuya, mejor), olvidar el teléfono, poner el automático y en claro

Una mirada atrás, tantos pasos al frente He perdido la cuenta. No sé cuántas veces he escuchado esa expresión que define a la súper mujer actual: ser una todoterreno. Dicho de otro modo: un ser humano capaz de amar, crear y procrear a partes iguales. Conquistar ese título es toda una proeza. Quizás por eso me he enganchado a la vida  y obra de esta mujer todoterreno de otra época: Laura Bassi. Viviendo en el siglo XXI cabría esperar que la

Un libro al son de una danza —milenaria— dibujada Del lat. liber, libri. 1. m. Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen. Un libro es, en la mente colectiva, un conjunto de muchas hojas de papel que forman un volumen. Una definición correcta que también acepta la Real Academia Española. Entonces, ¿alguien podría crear un libro que sonase al son de una danza que también pudiera contemplarse en sus páginas? Imagina un escenario que

Esta viñeta de Pat Carra pertenece al libro La bella durmiente hace el turno de noche, de Sabina editorial. Pueden conseguirlo, ya lo saben, en la generosa red de librerías con las que trabajamos.

Buenas noches «Extranjero he llegado extranjero me voy» Yo no puedo empezar como Proust diciendo que llevo mucho tiempo acostándome pronto. Siempre he sido nocturno y noctámbulo. Cuando cae la noche, mi alma respira con alivio. Creo que el mundo empieza a desvelar sus misterios cuando la luz cesa. Los que nos sentimos extranjeros en este mundo, cuando llega la noche nos sentimos liberados. Somos al fin livianos después de estar cosidos entre los pesados cortinajes del día y, por

sábado, 14 de diciembre de 2013 Las muchas casas de John Keats En Londres abundan las casas de escritores. El respeto que muestran los ingleses por el legado de sus creadores, en sintonía con su aprecio general por las tradiciones, excede vergonzantemente al que campea en España, donde, por ejemplo, la casa de Vicente Aleixandre, en la calle Velingtonia, que fue un centro de irradiación de la poesía en nuestro país, sigue en un malhadado abandono, fruto de la desidia

El duelo es un librito de 100 páginas, coquetamente editado por Gadir el mismo año en el que se han publicado por primera vez completas las Memorias de Casanova. Fue escrito en Venecia, en 1780, en italiano, cuando Casanova era informante de los Inquisidores del Estado, los mismos que lo habían condenado a la reclusión en Los Plomos, la célebre prisión de Venecia de la que Casanova fue el primero y el último en huir, y mientras hacía vida marital

ESTIGMA el aullido interminable lo que duele por dentro lo que nos bloquea lo que nos angustia lo que hay que expulsar la náusea el horror el tedio el miedo lo que nos distingue la luz y la sombra el tormento el éxtasis la soledad la tristeza la rutina el ansia la baja autoestima el exorcismo la catarsis el extrañamiento el vacío la evasión la huida la paranoia la impaciencia el trastorno el extravío la desconexión y la pérdida el

Cuando murió Diana, Manuel el Cubano, a quien conocíamos por don Manuelito, cerró la puerta de la casa y se refugió en la última planta del Hotel Las Sibilas. Era un forastero y no tenía amigos. Aun así hubo quien echó de menos sus idas y venidas por la calle de Hurones con el traje de lino impoluto, la corbata de hebilla y un habano entre los dedos. Añoraban su estampa estival y caribeña que le convertía en un viandante improbable en