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Puentes

Ellos y ellas son actores principales de gestas y desastres menores de los que nunca hablarán los historiadores que escriben la Historia. En cambio, juntos emiten algo parecido a un bajo continuo inaudible apenas, salvo como un murmullo interminable, que solo se percibe, de pronto y de tanto en tanto, como un rugido en la fiesta y en la revuelta. Una identidad en común les une: toda esa gente son los nadie, es decir aquellos y aquellas que, sin saberlo,

Aún me estremezco al recordar las imágenes. Niños, mujeres, padres. Todos corriendo sin rumbo, huyendo de la muerte. El horror estaba dibujado en sus rostros. Sus ojos suplicaban piedad. Dormían ajenos a la dura realidad de una guerra que casi cumple siete años. Una guerra que se ha cobrado la vida de más de 312.000 personas (un tercio de ellas civiles) y ha truncado el futuro de la mitad de los 23 millones de sirios que se han visto obligados

Esta viñeta de Pat Carra pertenece al libro La bella durmiente hace el turno de noche, de Sabina editorial. Pueden conseguirlo, ya lo saben, en la generosa red de librerías con las que trabajamos.
Salvador Espríu. Por Arturo Espinosa.

A José Ángel Cilleruelo   LETIZIA, de Salvador Espriu, vio su primera luz en 1937 en las Edicions de la Rosa del Vents, en un volumen que, aunque titulado en cubierta solo con el nombre de la protagonista del relato que nos ocupa, se completaba por aquel entonces con el relato «Fedra» y un conjunto de textos breves bajo el epígrafe «Otras prosas», tal como lo hemos conocido en las posteriores ediciones que se han impreso, ya con el título

No pensé jamás que algún día me despertase curiosidad algo de ese programa. Sin embargo, tengo que admitir que me hizo gracia el juicio a una joven que habría sido infiel a su chico. Lo cierto es que el jurado mediático otorgó plena fiabilidad al resultado aportado por dicha máquina: la máquina de la verdad o, mejor dicho, de la mentira. No ha lugar más pruebas. Muy dramático todo, para qué les voy a mentir, si me van a pillar.

Enrique Darriba: un Rimbaud de la pintura Conocí a Enrique Darriba justo después de la muerte de mi padre. Marceliano, que así se llamaba mi progenitor, había estado luchando contra un cáncer durante un año pero alea jacta era. De pronto me vi convertido en un adolescente desnortado en aquel barrio del sur de Madrid, Zarzaquemada, sito en Leganés, y que lindaba con el descampado y los polígonos industriales. Por fortuna, desde aquel septiembre de 1981, Enrique Darriba pasó a

Esta viñeta de Pat Carra pertenece al libro La bella durmiente hace el turno de noche, de Sabina editorial. Pueden conseguirlo, ya lo saben, en la generosa red de librerías con las que trabajamos.

Me han gustado también mucho las ilustraciones, la tipografía y la caja. Me gusta, incluso, lo barato que parece todo: así no hay más remedio que fijarse en el qué, el continente no es más que un medio, el vehículo. Uno que además se pude doblar, llevar a la piscina, volver a ojear mientras te comes un bocadillo de jamón serrano. Aquí va un gracias, entonces, que yo esto del leer, cuando llega a mis manos algo con cierta enjundia, lo disfruto mucho.

Hay algunas cosas del día a día que no dejan de sorprenderme. Son esas cosas tan sencillas que pasan desapercibidas hasta que un día, de repente, comienzas a cuestionarte qué esconde ese fenómeno. Me sucedió hace apenas unos días. Una muchacha de no más de quince años lloraba desconsolada en el regazo de una amiga. Eran lágrimas de desamor, amargas, inocentes. ¿Quién no lloró por un gamberro colegial que te rompió el corazón? Pero lo desgarrador de esta escena fue

Me arranco las bragas negras de la tristeza. Las dejo al pie de la cama como un perro roto. Ya se compondrá después cuando haya que disfrazarse para la alegría o la nada.   Este texto pertenece a Economía de guerra, de Ana Pérez Cañamares (Lupercalia). Lo puedes encontrar —o encargarlo, si en ese momento no lo tienen— en todas estas librerías. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, escríbenos a librerantes@librerantes.com, a veces se nos pasa actualizar el mapa,