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Desde fronterad

En 2010 el invierno se alejaba y, con el verde de estreno y los primeros olores de las flores en el aire, mi ánimo se caldeaba a la espera del verano y los 15 días de descanso en la playa a finales de junio. Sin embargo, hacía unos dos meses que venía sintiendo que, en contra de mi voluntad, mis palabras se ralentizaban en la boca al ir a pronunciarlas. Siempre corriendo, mi discurso iba también veloz. Hablar ha sido

Ha representado mucho en la mía, ese gusanillo que suele apoderarse de los niños desde su más tierna infancia. Decía Albert Einstein que el ser humano adquiere el 50% de los conocimientos que llegará a tener a lo largo de su vida, antes de haber alcanzado los 6 años. Parece una boutade pero el padre de la teoría de la relatividad subrayaba la importancia de los aprendizajes del  tacto, la vista, el oído, el olfato. Tesituras, tonalidades, fragancias, etcétera. Cuando

No empecé a pensar en la posibilidad de convertirme en fotógrafa hasta que fui veinteañera. Entonces estaba en medio de otro proyecto de vida, estudiando relaciones internacionales, soñando con trabajar en una organización no gubernamental. Pero en mi segundo año en la facultad, asistí a un curso básico de fotografía en blanco y negro, y a una clase de teatro. Al poco tiempo fotografiaba las obras de la compañía teatral de la universidad. Me entró tal pasión por la fotografía,

Andando como un fantasma en medio de la calle, Cabizbajo, como si hubiera ido a un funeral, ¡Este soy yo!  ¡Sí, este soy yo! Cinco rayos de luz… Diez colores distintos… Y yo en medio, muy cerca de ellos, ¡Qué bonito es! ¡Qué agradable de oír! Es el fuerte olor, Es el sabor de la tierra en la boca, Y lo que mis manos tocan, Lo que mi cuerpo siente, Es blando, Es esponjoso, Pero ¡qué escoria! ¿No te parece?

Es fama que hacia la primera década del siglo XX el suizo Fabian Avenarius fue, bajo el nombre de pluma y puño, Arthur Cravan, boxeador y poeta; que editó Maintenant, la revista de un solo hombre; que personajes de su tiempo como Blais Cendrars le adjudicaron dotes visionarias, «el profeta del dadaísmo»; que su vida fue un desastre y un recorrido desesperado de ciudades y comarcas y montañas y ríos; una vida como el errático trazo sobre el mapa de los

Mi viaje a Irán empezó el 11 de septiembre del año 2001. Entonces yo vivía en Nueva York. Las emblemáticas Torres Gemelas de aquella ciudad fueron destruidas por un ataque terrorista. Según todos los indicios, éste había sido orquestado y realizado por extremistas musulmanes. Aquel día la pregunta que se hicieron muchos norteamericanos era de carácter político: «¿Por qué los islamistas nos odian tanto?». La pregunta que yo me hice fue muy diferente, era de orden cultural: «¿Por qué desconozco

Sobre una de las lápidas del prestigioso cementerio de los Reyes en Ginebra están grabadas estas tres palabras: «Ecrivaine, peintre, prostituée» y, entre paréntesis, dos años: 1929-2005. En la sepultura reposa Grisélidis Réal, rodeada de otros muertos lustres, como el escritor Jorge Luis Borges y el teólogo protestante Juan Calvino. Justo ella, la puta anticalvinista, que deseaba permanecer bien lejos de la «terrible religión judeocristiana y su noción hedionda del pecado». La muerte permite que suceda lo inesperado: que el cielo

Un libro insólito dentro de la obra poética de Ángel Crespo, Amadís y el explorador, compuesto de diálogos y monólogos dramáticos, se ofrece al lector como un «drama en gente» en el cual, en distintos lugares y épocas —que se sincronizan en el presente de la lectura— se despliega un abanico de posibilidades en la expresión de la meditación y los caminos de la vida del espíritu expuestos y encarnados en personajes mitológicos (Dafne, Acteón, Perseo, un Tritón), dioses paganos

Hélène, la compañera, la mujer de Althusser yacía sin vida aquella fría mañana de noviembre de 1980 sobre su apenas intocada cama, sin rastros de violencia en su cuerpo, como desmayada y al fin serena. Él con atisbo de conciencia de que algo terrible había sucedido, corre aterrorizado a buscar al doctor que estaba a pocos pasos de su apartamento en la misma École. La había estrangulado en uno de esos cortes del tiempo en que la locura establece su

Encuentro Domingo por la mañana, octubre. Joaquín se sienta en un k’ullu de árbol, remanente de un par de inmensos molles que teníamos acá –aclara. Uno macho, uno hembra. El macho daba diminutas flores amarillas; el otro, frutitos rojos que devoran los chiwalos. Los vecinos nos demandaron, alegando que las raíces levantaban el piso de sus hogares y tuvimos que cortarlos, cuenta. El patio está entre dos casas. La principal, delante, poblada de fantasmas, dice, porque cree que en su momento este