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Desde fronterad

Laura. Italiana. Diseñadora. Preciosa. Pechos sibilinos –los que yo suelo soñar dormido y despierto; los que te hacen caer del caballo–. Actitud demoledora. Besable hasta la extenuación. Inteligente. Con sentido del humor. Nos duchamos juntos como si nos conociéramos de toda la vida. Que ya era hora de poseer a una clienta parecida  a las chiquillas que me solía sacar de las discotecas en tiempos cuanto menos mejores. Y me contrató porque según ella, le “picaba la curiosidad”. Pero mira

Weiß/Colonia, 5.5. Este domingo (son ya casi las 11 pm) puede pasar a mi biografía como el día de la batalla por el Gmail. Es como la del Alamein, donde yo soy Rommel y Arzola es Montgomery. Todo empieza porque Arzola, el manitas más manitas del mundo mundial –no hay entuerto electrónico virtual que no desfaga–, casi tira la toalla con el problema de mi servidor T-Online; el cual, para el envío de prácticamente casi cada email me estaba pidiendo,

Arthur Koestler se suicidó en marzo de 1983 en su casa londinense tras ingerir una dosis mortal de barbitúricos junto a su tercera mujer, Cynthia Jefferies. El escritor tenía setenta y siete años y sufría la enfermedad de Parkinson que se había visto agravada por una leucemia linfática crónica en fase terminal. La decisión no sorprendió a nadie, ya que había pasado los últimos años de vida defendiendo la eutanasia a través de Exit, una organización que afirmaba el derecho

¡Mi abuela de corcho! es una expresión popular muy utilizada por mi abuela. Aunque desconoce su origen y significado exacto con ella muestra sorpresa o enfado. Este proyecto supone un acercamiento a la vida de mi abuela Araceli. A través del espacio pretendo mostrar la paradójica complejidad de una vida tremendamente sencilla pero intensa. Su casa, el 32 de la calle San Francisco, es el manantial de los orígenes de mi familia y su paisaje un territorio cargado de evocaciones. Aquí creció mi padre.

La trágica muerte de Mark Lombardi, que se ahorcó en marzo de 2000, fue un final inapropiado para una vida extremadamente creativa. Utilizando únicamentedocumentación pública, principalmente artículos periodísticos y libros de investigación, Lombardi estudió las interconexiones entre individuos, bancos y otras compañías financieras. (Una exposición reciente en la Pierogi Gallery de Brooklyn (Nueva York) mostraba volúmenes de la biblioteca personal de Lombardi, con títulos como Trust Me (Fíate de mí), The Arms Bazaar (El bazar de armas), y The Grease

Desde entonces sus palabras me persiguen. O me acompañan. O soy yo quien regresa a ellas una y otra vez, por voluntad, necesariamente. Por ejemplo hace tres semanas, cuando una chica me confió sus dudas respecto a los estudios universitarios que había elegido y recordé esto: «Pero mientras su amigo parecía tener claro que su futuro pasaba por estudiar matemáticas en Lyon y preparar el ingreso en una de las Grandes Écoles, Antoine no se mostraba entusiasmado por con ninguna

—A ver, cuéntame, ¿y por qué quieres ser un artista cuando crezcas? —Porque puedo usar mi imaginación y ser famoso. —¿Pero vosotros creéis que los artistas de los que hemos hablado hoy pintaban porque querían ser famosos? —¡Pues claro! —Cuando un artista solo piensa en ser famoso puede que la cosa no salga bien… —¡Pero hay que intentarlo! —Sí, es verdad, hay que intentarlo todo en esta vida. Bueno, decidme, ¿y cómo se vuelve uno famoso? John y su clase

  [Gloria Serrano para fronterad] ¿Qué es poesía? Se preguntó el sevillano Gustavo Adolfo Bécquer en el siglo diecinueve y nos lo seguimos preguntando en el veintiuno. La escritora Menchu Gutiérrez (Madrid, 1957), igual se pregunta mientras clava sus pupilas en la obra del artista belga Marcel Broodthaers (Bruselas, 1945), que a partir del 5 de octubre y a manera de retrospectiva se expondrá en el Museo Reina Sofía de Madrid. ¿Qué es poesía? Para el periodista colombiano Alberto Salcedo

He leído con pasión a Albert Camus durante el último año. He llegado tarde, lo sé, quizá víctima inconsciente de la campaña de difamación que lo arrinconó, narrada profusamente por un también apasionado Michel Onfray en su reciente libro L’ordre libertaire. La vie philosophique d’Albert Camus (ed. Flammarion, 2012). Como cuenta Onfray, lo que puso a Camus en el punto de mira de los intelectuales franceses, capitaneados por Sartre y De Beauvoir, fue su temprana crítica (1951) del comunismo, su

Jerry P. King, en The art of mathematics, siguiendo la estela especulativa de lord Snow, referencia tópica a la hora de tender puentes entre las ciencias y las artes, alega contra la división del conocimiento en parcelas incompatibles, llamando la atención acerca de que una vida intelectual, y una preocupación por la estética, no pueden ser completas si no incluyen la apreciación de la belleza de las matemáticas; la iluminación, en el sentido de Poincaré, después de darle vueltas y