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La amistad según Epicuro, de Maite Larrauri en RNE Suena una sintonía familiar, ésa que indica que «la profe» ha llegado a Radio Nacional de España, RNE. Maite Larrauri acude a las ondas para presentar la nueva entrega de la colección Filosofía para Profanos, de FronteraD. En esta ocasión, abordará el concepto de la amistad, según planteó el filósofo griego Epicuro. Su entrevista en el programa Gente Despierta la puedes escuchar aquí, pero quizás te quedes con ganas de más

Nací en un tonel al fondo de un granero de heno; la luz caía sobre mis párpados cerrados de manera que los ocho primeros días todo me pareció color de rosa . No me gustan. Nada. Me gustaría decir que yo a ellos tampoco, ocurre que ni eso me conceden; en el mejor de los casos, les soy indiferente; en el peor, me adoran. No he conocido, en toda mi vida, a un solo gato que me odie, que me deteste

El programa de RNE Gente despierta sigue con la serie iniciada sobre La Felicidad según Baruch Spinoza, dentro de Filosofía para Profanos. En esta ocasión se trata, por ejemplo, del asunto de las obsesiones y cómo combatir la exageración de las pasiones. “Filosofía para profanos” – Maite Larrauri – Felicidad III

Buenas noches «Extranjero he llegado extranjero me voy» Yo no puedo empezar como Proust diciendo que llevo mucho tiempo acostándome pronto. Siempre he sido nocturno y noctámbulo. Cuando cae la noche, mi alma respira con alivio. Creo que el mundo empieza a desvelar sus misterios cuando la luz cesa. Los que nos sentimos extranjeros en este mundo, cuando llega la noche nos sentimos liberados. Somos al fin livianos después de estar cosidos entre los pesados cortinajes del día y, por

«La diferencia es la intención» Una de las autoras más próximas al espíritu Librerante, Patricia Almarcegui [ha escrito, entre otros, Escuchar Irán (Newcastle, 2016), uno de los pequeños libros de la editorial] ha participado recientemente en unas interesantes jornadas sobre viajes y turismo. Aquí podéis ver más. Y aquí debajo, el documento gráfico

«En el caso de Javier Marías fui a que me firmara un libro, que compré en su caseta. Le pedí que me firmara con mi propio bolígrafo en la creencia de que así me conferiría parte de su aura. Se negó. En el de Eugenia fue la primera vez que quedamos. Quedamos en una pizzeria de Bilbao o de Alonso Martínez. Charlamos, me dedicó un libro, y luego cenamos una pizza. Con el tiempo la acompañé a la entrega de premios de Planeta 2000, donde tuve lugar en la cena dado que falló la agente de Paulo Coelho».

sábado, 14 de diciembre de 2013 Las muchas casas de John Keats En Londres abundan las casas de escritores. El respeto que muestran los ingleses por el legado de sus creadores, en sintonía con su aprecio general por las tradiciones, excede vergonzantemente al que campea en España, donde, por ejemplo, la casa de Vicente Aleixandre, en la calle Velingtonia, que fue un centro de irradiación de la poesía en nuestro país, sigue en un malhadado abandono, fruto de la desidia

El duelo es un librito de 100 páginas, coquetamente editado por Gadir el mismo año en el que se han publicado por primera vez completas las Memorias de Casanova. Fue escrito en Venecia, en 1780, en italiano, cuando Casanova era informante de los Inquisidores del Estado, los mismos que lo habían condenado a la reclusión en Los Plomos, la célebre prisión de Venecia de la que Casanova fue el primero y el último en huir, y mientras hacía vida marital

ESTIGMA el aullido interminable lo que duele por dentro lo que nos bloquea lo que nos angustia lo que hay que expulsar la náusea el horror el tedio el miedo lo que nos distingue la luz y la sombra el tormento el éxtasis la soledad la tristeza la rutina el ansia la baja autoestima el exorcismo la catarsis el extrañamiento el vacío la evasión la huida la paranoia la impaciencia el trastorno el extravío la desconexión y la pérdida el

Cuando murió Diana, Manuel el Cubano, a quien conocíamos por don Manuelito, cerró la puerta de la casa y se refugió en la última planta del Hotel Las Sibilas. Era un forastero y no tenía amigos. Aun así hubo quien echó de menos sus idas y venidas por la calle de Hurones con el traje de lino impoluto, la corbata de hebilla y un habano entre los dedos. Añoraban su estampa estival y caribeña que le convertía en un viandante improbable en