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El duelo, de Giacomo Casanova

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Casanova
Retrato de Casanova

El duelo es un librito de 100 páginas, coquetamente editado por Gadir el mismo año en el que se han publicado por primera vez completas las Memorias de Casanova. Fue escrito en Venecia, en 1780, en italiano, cuando Casanova era informante de los Inquisidores del Estado, los mismos que lo habían condenado a la reclusión en Los Plomos, la célebre prisión de Venecia de la que Casanova fue el primero y el último en huir, y mientras hacía vida marital con una costurera. Los motivos para publicar este pequeño opúsculo pueden ser diversos, no descartando el económico: en el mismo año, Casanova había puesto en marcha un periódico y había fundado una compañía teatral; por otro lado, también se advierte una cierta intención de reivindicación y propaganda, ya que en él pretende dejar claro desde un principio su amor por la patria, de la que pasó alejado 19 años, y de la que se sería de nuevo expulsado al año siguiente.

Casanova nos explica uno de los episodios más famosos de su agitada vida: el duelo que sostuvo con el Príncipe Braniski, favorito del rey de Polonia, tras ser insultado por este en los camerinos de un teatro, andando por el medio un par de bailarinas venecianas, cómo hirió y fue herido por Braniski y cómo tuvo que abandonar Polonia tras perder el favor real, a raíz de la aparición de unas cartas anónimas e injuriosas para su persona. Muchos casanovistas han visto en este episodio el inicio de la decadencia de la estrella del personaje, ya no tan bien visto en las cortes, como indicarían su expulsión de Francia por una letra real, su fracaso al intentar obtener un puesto en la corte de Carlos III y su largo arrastrarse de aquí a allá hasta establecerse en Trieste, desde donde solicitó la gracia a sus antiguos carceleros. Sea como fuere, El duelo está narrado en tono ligero y despreocupado, con vivaz estilo casanoviano, sabroso y gustoso en el adorno de las situaciones; sospecho que Casanova debía de ser un fenomenal narrador oral, acostumbrado a entretener a las diversas cortes por las que se dejaba caer charlando sobre el tema que mejor se le daba: él mismo.

Tiene Casanova un indudable talento humorístico, y no podemos evitar reir con su desvergüenza y su desfachatez. Es capaz de dar una breve charla sobre los alimentos en mitad de una escena de contención dramática y de burlarse de Rousseau mostrando el mayor de los respetos; cita a Horacio o a Platón, y si la cita no es cierta por lo menos está bien empleada. Como dice él mismo, casi al final del librito, negando que alguna vez escriba sus memorias, que tantas veces le han pedido que escriba:

Sirva esta parte de la historia del veneciano para desengañar a todos aquellos que desean que él la escriba por entero. Sabemos que si él se dispusiera a servirles, no podría nunca decidirse a hacerlo con un estilo y un método diferente de aquel del que esta narración les ofrece una muestra. Observaciones, reflexiones, disgresiones, circunstancias mínimas, observaciones críticas, diálogos, soliloquios, todo tendrían que soportar de una pluma que no tiene ni quiere tener freno (…)

Es tal vez, precisamente eso, lo que no los hace cercano y contemporáneo. Qué queréis, pienso que un escritor del que se ha dicho que su obra en realidad la ha escrito Stendhal no puede ser malo.

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