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Sobre bestiarios, colibríes, nubes y bostezos

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Animal anónimo

«Primero fue la poesía. Después el póquer. Finalmente, suponemos, la pasión por las naves negrófagas y, en particular, por el buitre leonado». Así empieza el prólogo de Raquel de Larua a El bestiario de Ferrer Lerín. Esos renglones resumen perfectamente el carácter de un escritor insólito, interesantísimo y cumbre del humor en español. En este país donde la comedia de altura es despreciada eso casi puede tomarse por un insulto. Para el que esto suscribe es el mejor de los elogios. Uno de mis grandes placeres es esperar los brevísimos relatos humorísticos del autor en su blog. Espaciados en el tiempo, su digestión es siempre la de un producto de lujo, caviar ofrecido cuando menos se puede esperar aunque se espere.

Mucho se ha escrito sobre el carácter mítico de un escritor al que su trayectoria de raro le persigue allá donde vaya, aunque como una amiga indispensable. Y el libro que nos ocupa procede de este carácter único. En el 2007, Galaxia Gutenberg editaba la evolución de un antiguo proyecto de tesis de Ferrer Lerín sobre los ornitónimos (nombres de aves) del Diccionario de Autoridades.

Y aquí surge otras de esas leyendas con absoluta base real. El director de la tesis fue apuñalado por un subalterno y murió. Y eso dio al traste con el trabajo. Pero Ferrer Lerín siguió buscando por puro placer estético, y no sólo en el Diccionario de Autoridades, sino también en otros, fundamentalmente el Covarrubias o el Diccionario Infernal de Jacobo Collin de Plancy (no confundir con el Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce). Otros libros consultados, como Catálogo de anormalidades registradas en el Reino de Valencia y en las Américas o La Rusia desconocida aparecen oportunamente reseñados al principio.

El resultado es una pequeña joya recopilatoria donde se divide a la criaturas en diversas categorías, como insectos, anfibios etc. La selección crea a su vez otro diccionario de seres fabulosos. Hay que recordar que estos diccionarios o libros no tenían en principio una intención ficticia, sino de descripción del mundo, pero el paso del tiempo transforma aquellas labores de objetivo científico y de descripción del mundo en un muestrario circense lleno de horror y lleno de humor. Unos ejemplos (las indicaciones de los diccionarios entre paréntesis son mías, en el bestiario aparecen abreviadas señalando de qué libro proceden):

Cigarra (mezcla acepciones del Diccionario de Covarrubias y el Infernal).- Es un animalexo insecto, que se crí­a en los montes y parece en el tiempo del estí­o. Carece de boca, en lugar de la qual tiene cierta lengüeta encima del pecho, cóncava o acanelada, con que recoge el rocí­o, de que se sustenta. Con ésta y la telilla afistolada del vientre forma un ruydo sonoro, moviendo las alas, que entretiene a los caminantes. Dize el padre Pineda, que un señor catalán de la ciudad de Vico, Juan Peygudo, llegó a conocer el habla de las cigarras, y éstas le mandaron que lanzara sus propios intestinos al ayre; que murió assí­.

Camaleón (del diccionario de Covarrubias).- Este animalejo vi en Valencia, en el huerto del señor patriarca don Juan de Ribera, de la mesma figura que le pintan. Es cosa muy recebida de su particular naturaleza mantenerse del aire y mudarse de la color que se le ofrece en su presencia, excepto la roxa y la blanca, que éstas no las imita. Es animal de complexión muy frí­o; deve de ser la causa que no se halla sangre en su cuerpo, sino muy poco en el corazón; su mayor enemigo es el cuervo.

Esponja (del Diccionario de Autoridades).- Es un tercer lináge entre los animales y las plantas. A las plantas se parece, porque se mantiene de su raí­z. A los animáles se semaja en el sentimiento, porque en sintiendo alguno cerca de sí­, se encóge de tal manéra, que con grandí­ssima dificultad se puede desarraigar, y despues de arrancada echa de sí­ unas ciertas aguazas, que parecen matéria, y dexa en las mismas peñas señáles de sangre.

Crocuta (del diccionario de Autoridades).- Animal que se crí­a en Egypto, y Ethiopí­a, y nace del ayuntamiento de la hiena y del león. Es de sus misma condición, y trazas. Dice Esparciano que uno de los reyes de Egypto, en unos espectáculos, dio muchas crocutas y elephantes.

Chotacabras (del diccionario de Autoridades).- Ave nocturna, assí­ dicha, porque de noche mama, y chupa a las cabras la leche con gran sutileza.

Animal Anónimo (de Historia Natural del Conde de Buffon, pongo un fragmento, se ve arriba un dibujo de lo que parece ser un castor o una especie de nutria).- Presento aquí­ un animal nuevo, esto es, desconocido de todos los Naturalistas, cuyo dibuxo fué hecho por el Caballero Bruce, quien me permitió copiarle. Este animal, cuyo nombre ignoramos, y al qual llamaremos Anónimo, í­nterin nos dicen su nombre, tiene algunas analogí­as con la Liebre, y algunas otras con la Ardilla […].

Ciervo (del Diccionario Infernal).- Hesiodo dice: «que la vida del hombre acaba a los noventa y seis años; la de la cornejas es nueve veces más larga y la del ciervo cuatro veces más que la de ésta». Según este cálculo la vida del ciervo es de tres mil cuatrocientos cincuenta y seis años. También dice que la parte destinada a la generación le cae cada año, igual que le caen cada año sus hastas.

Pigmeos (del Diccionario Infernal, y dentro del capí­tulo dedicado a Monstruos del Bestiario).- Pueblo que habitó la Francia. Los hombres no tení­an más que un codo de alto; a tres años parí­an las mujeres y sólo viví­an ocho; sus casa eran contruidas de cáscaras de huevos, y en el campo habitaban en agujeros que se hací­an en tierra. Cortaban los trigos con hachas como si talaran los árboles de un bosque. Los pigmeos tení­an guerra con las grullas que cada año iban a atacarles, y ellos montados en perdices, y según otros en cabras proporcionadas a su estatura, iban a combatirlas armados de todas armas.

En octubre del 2011, animado por el descubrimiento del blog de Ferrer Lerín, me atreví a escribirle para recomendarle otro bestiario. Me contestó de inmediato. Me permito publicar la correspondencia, que refleja la gran amabilidad y educación de este autor.

CARTA 1

Estimado Sr. D. Francisco Ferrer Lerín:

Le escribo porque dado su gusto por los bestiarios, quizá se le haya escapado un librito al que se puede calificar como “delicioso” sin demasiado miedo a caer en lo cursi. Seguramente ya lo conocerá, pero como lector suyo me ha parecido conveniente señalarlo por si acaso, que estas pequeñas joyas a veces son escurridizas. El libro en cuestión se llama “Tratado de las nubes”, del poeta malagueño Rafael Pérez Estrada. Contiene al final un bestiario maravilloso, aunque el resto de la obra no le va a la zaga. Seguramente le entusiasme por su labor de ornitólogo el “Ave necrófila” que aparece en la página 53. Se puede ver en el siguiente enlace (a veces las páginas tardan en cargar): http://books.google.es/books?id=Wy1RWR_Kj6AC&printsec=frontcover&dq=tratado+de+las+nubes&hl=es&ei=WXWVTurfI_P54QSemcz_Bw&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=1&ved=0CC0Q6AEwAA#v=onepage&q&f=false

Sin más, un saludo desde la (todavía a estas alturas) calurosa Córdoba.

 CARTA 2

Amigo Alfredo Martín-Górriz. No, no conocía esta joya editorial y literaria. Tanto Pérez Estrada como Renacimiento son santos preferentes de mi devoción. Gracias. Lástima que por la parcialidad de la muestra no pueda acceder a la página 53 y a su ave necrófila. Veré si en la biblioteca municipal de Jaca poseen el libro aunque con la compartimentación autonómica es difícil encontrar este tipo de publicaciones cuando no proceden de la propia región. Espero visitar Córdoba en unos meses; tengo buenos amigos. Un abrazo pirenaico. F. Ferrer Lerín.

CARTA 3

Es curioso. La vista previa del google me indica que es de la 55 a la 137 donde nada se puede ver. A veces ocurre que salen en blanco durante más de diez segundos hasta que la página aparece. En cualquier caso transcribo, ya que la he mencionado, las descripción de este ave:

AVE NECRÓFILA

En algunos parajes del trópico se da la rareza alada de un diminuto colibrí de negrísimo plumaje que, en su vuelo, parece una piedra suspendida contra la gravedad. Se dice que este pájaro se alimenta únicamente de la vegetación que el descuido propicia entre tumbas y panteones, y que con su pico, que es como el chillido de un niño al oscurecer, se adentra en las hendiduras del mármol buscando las raíces de aquellos helechos que se alimentan del corazón de los ausentes.

 Es un ave aparecida y siniestra, que se dedica a asustar a quienes se entregaron con facilidad al olvido; sin embargo, su sola presencia, si es piadosamente acogida, puede sugerir la memoria detallada de los momentos felices que vivimos con quienes hoy no están con nosotros.

 P.D.- Descubrí este libro en un interesante blog de divulgación cultural, llamado precisamente Maquinaria de la Nube: http://maquinariadelanube.wordpress.com/2009/12/27/tratado-de-las-nubes/

CARTA 4

La última que aparece es la 49 (Molusco sapiente) y, al pie, se dice: Las páginas 50 – 137 no se muestran en esta vista previa.
Agradezco la transcripción. Un texto original (nadie espera que un colibrí sea necrófilo, casi necrófago), lleno de imágenes que superan el común de la poesía.
CARTA 5

Siempre me hizo ilusión la posible existencia de un colibrí nocturno que, aprovechando el silencio de la noche y el sueño de los que duermen al raso en el campo,   quedase suspendido junto a la oreja de la presa gracias a la velocidad de su aleteo, libando así yunque, estribo y martillo. El proceso, indoloro, haría que la víctima se despertase descansada pero sorda de ese oído. Se necesitan depredadores como éste, más “mediáticos”, en lugar de tanto aburrido león, hiena y ñu de documental.

Y tras esta tontería no le molesto más. Gracias por sus libros y por los textos de su blog.
CARTA 6
Gracias a usted por esta reflexión sobre la necesidad del colibrí nocturno. Si en primavera me acerco a Córdoba (está pendiente una charla) le aviso y brindamos por los bestiarios.

El resultado de mis inquietudes sobre el colibrí tomaría forma unos dos años después en un blog donde escribo a partir de tuits ajenos. Un determinado tuit me hizo recordar la correspondencia con Ferrer Lerín y amplié el texto del tuitero contribuyendo a los bestiarios que en el mundo han sido con el Colibrí Verdirroso, criatura fabulosa y peligrosísima a pesar de su pequeño tamaño.

A su vez, el bestiario poético que recomendaba a Ferrer Lerín en la correspondencia, Tratado de las Nubes, lo descubrí en una página no menos curiosa, un blog ya «apagado», Maquinaria de la Nube, que es uno de los mejores blogs culturales, quizá el mejor, que haya conocido. Recomiendo que lean sus textos, que permanecen ahí archivados, muchos de ellos maravillosos. Casualmente el autor, a quien no conozco y que ha permanecido siempre en el anonimato, también es cordobés. El blog suele ser además pródigo en reseñar bestiarios o similares.

La conclusión que voy sacando es que los bestiarios generan bestiarios. Se reproducen por contagio, como los bostezos. ¿Qué es un bostezo sino…

Parásito del orden de los oníridos que vive entre el mundo de la vigilia y el sueño sin poder entrar en ninguno de los dos. Debe, para mantenerse con vida, transitar constantemente en la frontera, de un huésped a otro, alimentándose de sus breves suspiros, a partir de los que se impulsa para saltar al siguiente organismo, dejando una sensación de alivio en el anterior. A cambio de esa trashumancia es el único ser de la Tierra que goza de algo muy semejante a la inmortalidad.

 

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