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Ese gusanillo que suele apoderarse de los niños [por Enrique Meneses]

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El periodista, fallecido en 2013, Enrique Meneses

Ha representado mucho en la mía, ese gusanillo que suele apoderarse de los niños desde su más tierna infancia. Decía Albert Einstein que el ser humano adquiere el 50% de los conocimientos que llegará a tener a lo largo de su vida, antes de haber alcanzado los 6 años. Parece una boutade pero el padre de la teoría de la relatividad subrayaba la importancia de los aprendizajes del  tacto, la vista, el oído, el olfato. Tesituras, tonalidades, fragancias, etcétera.

Cuando la guerra, o un desastre natural, resquebraja los cimientos de una familia con hijos pequeños, comienza la aventura de la subsistencia. Los cánones educativos dejan de funcionar. La libertad y la imaginación son las primeras beneficiarias. El día a día impone sus reglas. En África descubrimos que es una regla lo que, dentro de su aparente desorden natural, es improvisación, creatividad, Arte con mayúscula.

La guerra civil española de 1936 a 1939 impuso un primer cambio en mi educación y la de mis hermanos. Estábamos en Biarritz (Francia) de vacaciones. El hecho de que mi padre hubiese sido gobernador civil de Segovia con el Partido Radical de Alejandro Lerroux, hasta que el Frente Popular venciese en Febrero de 1936, trastocaba la vida y finanzas de todo el clan Meneses. El destino nos imponía una educación heterodoxa, un máximo de libertad y un mínimo de disciplina. En situaciones normales, las vacaciones tienen un límite temporal tras el cual se regresa a la disciplina del nuevo curso. La guerra mundial (1939-1945) acabó de enmarcar la existencia de mis hermanos y la mía dentro de una organización familiar liberada de rigideces. La agencia de prensa de nuestro padre y el hecho de que mi madre también fuese redactora en la misma, recomendaba que los niños trazasen su propia agenda, principalmente en la calle. Fuimos libres mucho antes que los adolescentes de hoy lo lleguen a ser.

De aquella etapa emerge una serie de cualidades o defectos —según se mire— en mi manera de ser. Desde un sentido profundo de la responsabilidad a una exaltación interior de la aventura y el rechazo de toda forma de domesticación de la misma. La idea de que unos segundos pueden significar la vida o la muerte, ha regido siempre mi concepción del trabajo. Mi exacerbada curiosidad, siempre me empujó a profundizar en los temas que me atraían por su complejidad. Es más, libros míos como La bruja desnuda, Seso y sexo, Robinsón en África, Una experiencia humana, Fidel Castro, han sido ejemplos de profundización de temas originalmente concebidos como reportajes.

Abandoné muchas cosas durante mis años verdes. En tercero de derecho, que estudiaba en Salamanca por libre, decidí que la carrera diplomática, hacia la que me había orientado mi padre como rechazo de la de periodista, era una sabia elección, más por el desinterés de nuestros medios por la información internacional como por lo mal retribuida que estaba. Siempre he preferido equivocarme rápidamente antes que tener razón dentro de cien años. En los momentos de mi vida en que tuve que elegir, siempre lo hice menospreciando los riesgos. Lo mismo que unos acostumbran a protegerse constantemente contra la adversidad, hasta el punto de ahogar cualquier capacidad de improvisación, otros valoramos sortear el riesgo como forma de vida. El destino de John Henning Speke, explorador que buscaba las fuentes del Nilo allá por 1857, me obsesionaba. Un hombre que corrió mil peligros de los que siempre salió con vida, murió en 1864, en Somerset (Reino Unido) en un accidente de caza, actividad tradicional y de riesgos minimizados por la cinegética. Thomas Edward Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia, creó y dirigió cien combates de guerrilla contra los turcos entre 1916 y 1918, hasta liberar lo que luego sería Jordania, Irak y Siria. El 13 de mayo de 1935, en Bovington, T. E. Lawrence en su motocicleta, se encontró bruscamente con dos colegiales en bicicleta. Quiso evitarlos y salió despedido. Murió 6 días mas tarde sin haber salido del coma. En la vida, ¿dónde está el peligro? ¿Acaso en las espesas selvas del Ruwenzori? ¿En el combate de Deraa, hoy puesto fronterizo entre Siria y Jordania arrebatado a los turcos por Lawrence? Los árabes dirán que Mektub, «estaba escrito». Otros creemos que se va escribiendo.


Este es un fragmento del Autorretrato de Enrique Meneses. Puede leerlo también junto a otros interesantes textos en la Antolojía de Fronterad, de venta en nuestra red de librerías.

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